Un triste récord

El asesinato en Laredo de una joven dominicana a manos de su pareja resulta sobrecogedor

Un triste récord
J. Rodríguez
DM .
DM .Santander

Cantabria fue ayer triste noticia por haber registrado la primera víctima mortal en España de la violencia contra las mujeres en 2019. El asesinato en Laredo de una joven dominicana a manos de su pareja, un ecuatoriano, resulta sobrecogedor y además agravado por la noticia de que ella tenía en la república caribeña una hija de cinco años, que ya nunca volverá a ver viva a su madre. Es preciso subrayar el irremplazable valor cualitativo de cada persona y cada vida. Una sola víctima es ya demasiado. Que formen series estadísticas significa, por añadidura, que se trata de un problema social y cultural contra el que las medidas puestas en marcha en los últimos años, sin ser totalmente ineficaces, tampoco están erradicando con tanta velocidad este gravísimo estado de cosas. Si 2018 marcó un punto de inflexión en la defensa de las mujeres en una serie de ámbitos, y muy señaladamente en el de las agresiones machistas, las informaciones cotidianas no dejan de recoger estremecedores episodios de esta lacra de la España contemporánea.

Es la primera mujer que desde 2015 fallece en Cantabria a causa de violencia de género, rompiendo una racha de un trienio sin fallecimientos, lo que debe alertar a todos en el sentido de que nunca se puede bajar la guardia, aunque pasen años dejando a cero el casillero del horror. Pero la sociedad en general y los especialistas se preguntan cómo es posible siquiera ponerse en guardia cuando, como en el caso que nos ocupa, no existe denuncia previa ni historial que avise de los riesgos. En 2018 se registraron en nuestra comunidad 1.521 denuncias por violencia de género, según el portal de la Delegación Especial del Gobierno para esta materia. Fueron casi cuatrocientas menos que en 2017, pero más que en cualquier otro año de la última década. La cifra de fallecidas en este tipo de crimen desde 2003 en nuestra región es de 9, contando la víctima mortal de Laredo. En el mismo periodo, han perdido la vida 35 en la comunidad vasca, 26 en Asturias o 48 en Castilla y León, por mencionar solo nuestras autonomías vecinas. Son cifras dramáticas que recubren tragedias individuales inenarrables, producidas por ataques alevosos y cobardes de claro contexto machista.

En el ámbito nacional, en el mismo lapso de tiempo han sido asesinadas 976 mujeres, observándose un decrecimiento en media anual desde aproximadamente 70 a aproximadamente 50. Precisamente, 2018 fue el año con menos víctimas mortales de todo el periodo, lo que permitía, quizá con demasiado optimismo, pensar en un comienzo de eficacia de las medidas implementadas a partir del pacto de estado aprobado en el Congreso en septiembre de 2017, y que todavía tienen que plasmarse plenamente en la práctica. Nada de esto puede servir de consuelo ante la terrorífica realidad de la persistencia de las agresiones, y entre ellas las letales.

Desde El Diario Montañés sumamos nuestra voz a las sinceras condolencias expresadas a la familia y allegados de la joven asesinada en Laredo, y también a las manifestaciones de repulsa por tan bárbaro crimen, un signo más de un problema social que, si bien requiere ser constantes y pacientes en medidas estructurales como las educativas y de apoyo económico y jurídico, no puede ver aplazada su solución a un mañana inconcreto. Las mujeres necesitan respuestas más ágiles. La tragedia de ayer en Cantabria ha sido un cruel recordatorio de que la ubicuidad y a veces la relativa imprevisibilidad de la agresión mortal (sin antecedentes previos) precisa de actitudes vigilantes e integrales. Se trata de un aldabonazo para que nadie se relaje en la aplicación de las medidas públicas y privadas que ayuden a erradicar este horror cotidiano.