Datos sobre la iglesia de la Consolación

FRANCISCO MURIEDAS DÍEZESTUDIOSO DE LA HISTORIA LOCAL
Datos sobre la iglesia de la Consolación

Hoy hablo de memoria, por si sirve para disipar dudas que me consta que existen en Torrelavega, sobre lo que creo que realmente sucedió en torno al desmantelamiento de la antigua iglesia de Consolación (cuyo solar pasó a ocupar la actual parroquia de San José Obrero), y que es susceptible de ser mejorado. Entonces yo tenía 16 años y vivía en Campuzano, por lo tanto no lo presencié, pero escuché, entonces, opiniones de gentes que sí lo vieron. Allí no hubo motín popular, ataque de la aviación, ni incendio, si acaso, después de sacar todo lo útil, pudieron haber hecho una fogata controlada con los restos.

Como había prisa para desmontar la iglesia, a falta de andamios, y de tiempo, la torre, con su campanario, fue desmontada con la ayuda de un camión y un cable de acero con el que fueron arrojando al suelo toda la estructura. No había casas delante de la iglesia que impidiesen el desalojo. Tirar el resto fue ya más fácil. Hay una foto en un libro publicado por Antonio Barrio González donde se ve, en lo alto del tejado, a un obrero echando abajo las tejas, una a una, a través de una canaleta en forma de 'V', hecha con tablones. Los esqueletos de doña Leonor y su marido, Diego Hurtado de Mendoza, fueron introducidos en dos cajones de madera de pino, hechos expresamente, que fueron colocados exquisitamente en dos cajas sin tapa y trasladados a la Escuela de Artes y Oficios que estuvo al lado de la Iglesia de la Consolación, donde se depositaron en el suelo de la clase de preparatoria. Don Diego estaba colocado a la derecha de doña Leonor. Los restos tenían un aspecto favorable, y muy limpios.

Yo estoy orgulloso de haber tenido ocasión de convivir con estos Garcilasos, tan cerca de ellos, oportunidad que no han tenido tantos torrelaveguenses. Doña Leonor fue una mujer formidable con Torrelavega, y lo demostró. Fundó este valle precioso y amplió con los dos ríos caudalosos, una vega feraz y unas tierras que alimentaban entonces a aquella población. A veces veo cosas tan mal hechas hoy en Torrelavega, que pienso que tener a aquella fundadora no nos lo merecemos. Cada uno que haga examen de conciencia y se enrojecerá. En la iglesia de la Asunción debió haber problemas de espacio para enterrar a doña Leonor y a su marido, ya que tuvieron que compartir nicho con otro señor y luego se les agregó otro fallecido, el párroco don Emilio Revuelta. Este problema pudo resolverse cuando don Teodosio Herrera construyó su primer templo (el de la Virgen Grande), habilitando dentro del nuevo edificio un sitio para enterrar a doña Leonor y a su esposo. Así podíamos enseñar a las gentes el sitio exacto del fallecimiento de nuestros extraordinarios fundadores. Hoy de aquello no queda nada y doña Leonor ha sido trasladada a muchos metros de su situación natural, ganada por ella (Nuestra Señora de La Asunción). La primera iglesia construida por don Teodosio Herrera tenía que llevar el nombre de Nueva Consolación, en homenaje a la desaparecida Consolación, y en agradecimiento por el terreno gratuito.

Según un artículo que publicó Vecinos (noviembre de 2005), doña Leonor fue quien asentó la Torre de la Vega en el centro de la población. Ahora sólo falta saber quién la echó de su sitio. Esto empezó hace muchos años, pero hoy aún prosigue. En otro apartado, se indica: «sus restos fueron recogidos tras el incendio de la Iglesia de la Consolación. Los restos fueron los primeros que se recogieron». Recogidos tras el incendio, estarían quemados. El tercer apartado de Vecinos (noviembre de 2005) dice: «Don Teodosio Herrera fue quien restituyó los restos de doña Leonor y don Diego de Mendoza a la iglesia de la Asunción. Don Teodosio fue un sacerdote tardiego y cuando hubo el trasvase de doña Leonor y don Diego a la iglesia de La Asunción, don Teodosio sólo era soldado de Franco y estaba tirando tiros en los frentes de España. Don Hermilio Alcalde del Río no tuvo ninguna relación con el derribo de la iglesia de la Consolación. Fue llamado por los autores para poner sabiduría y buena intención en aquel acto, de ahí el buen trato que recibieron doña Leonor y don Diego en su traslado. Yo sueño que las posesiones de doña Leonor y don Diego en Torrelavega vuelvan a tener un parecido a lo que fueron. Que se arranquen los pastiches que ahora mismo están poniendo. Que la Plaza se llame de doña Leonor de la Vega y de don Diego Hurtado de Mendoza. Si se olvida la historia nos pasará lo que las palabras de Marcelino Menéndez Pelayo dijo: «Pueblo que no sabe su historia es pueblo condenado irremisiblemente a la muerte». La lápida que estaba a los pies de doña Leonor y su esposo don Diego Hurtado de Mendoza en la iglesia de la Consolación, al quitarla fue llevada a un almacén municipal. Muchos años después de esto se hizo el nuevo depósito de agua de La Montaña. De allí se bajó una nueva tubería en la intersección de las calles Julián Ceballos y Alonso Astúlez. Se encontró la lapida que estuvo a sus pies de los Garcilasos, en la iglesia de la Consolación. Estaba hecha trozos y la arrimaron a la fachada de la ferretería Santillán. Esto fue presenciado por Cándido Román Fernández y Francisco Muriedas Díez, y dos personas más, que ya no me acuerdo quiénes eran. Al poco rato alguien hizo desaparecer aquellos restos en los que se apreciaban los nombres y fechas. Fue un acto vergonzoso.

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