Una vieja demanda por fin atendida

CARMEN URIARTEPRESIDENTA DE LA ASOCIACION DE VECINOS LOS ARENALES DE CASTILLA-HERMIDA

Satisfacción, alegría, por fin. Son algunas de las palabras o expresiones que recogen el sentir de los vecinos del emblemático barrio Castilla-Hermida de Santander tras conocerse la noticia del tan ansiado derribo de la lonja. Después de años de reivindicaciones, los que vivimos en esta zona de la capital cántabra vemos, por fin, una de nuestras principales demandas atendidas. Gracias a la Autoridad Portuaria y al Gobierno regional, gracias a Javier del Olmo y a Lola Gorostiaga, que el pasado 5 de enero anunciaban el derribo de la vieja lonja del pescado de la calle Marqués de la Hermida. Un anuncio que nos ha llegado como unos Reyes Magos adelantados Y que, sin duda alguna, satisface a las miles de personas que residimos en esta emblemática zona de Santander y que llevábamos mucho tiempo pidiendo.

Los vecinos de Castilla-Hermida vemos en esta decisión una oportunidad inmejorable para el barrio; una oportunidad de crecimiento, de mejorar nuestra calidad de vida y de ofrecer1es a nuestros hijos la posibilidad de crecer y vivir en una zona de la ciudad que durante años ha sido olvidada y muy poco cuidada. Y es que es muy importante recordar que, junto al derribo de la lonja, están previstas toda una serie de actuaciones que van a suponer un giro de 180 grados en este barrio. En lugar de la vieja lonja de pescado se habilitará un paseo marítimo y un aparcamiento en el subsuelo, se derribará además la fábrica de hielo, se construirá el puente de Raos y se pondrá en marcha un proyecto global de reordenación de Castilla-Hermida que prevé dotaciones lúdicas tales como jardines o zonas deportivas, a lo que hay que unir la próxima puesta en marcha de la terminal de carbón.

Todo un lavado de cara, eficiente y real, de una de las zonas principales del barrio Castilla-Hermida que va a mejorar la calidad de vida de todos nosotros y que nos va a permitir usar y disfrutar de este lugar en el que, hasta hoy, sólo encontrábamos inconvenientes. En este sentido, el futuro puente de Raos va a ayudar y mucho ya que los camiones dejarán de circular por las calles del barrio para pasar a hacerlo por el interior del puerto.

Se ha hablado mucho de la idoneidad de aprovechar la lonja, su tamaño y posibilidades, como centro cívico y social para los vecinos de Castilla-Hermida, pero creemos que una cosa no está reñida con la otra. Es decir, su derribo no impedirá que las autoridades competentes desarrollen el proyecto previsto que, en un futuro no muy lejano, contemple, además, la construcción de un centro de esas características pero que, previamente, se ve complementado con un paseo marítimo, un aparcamiento subterráneo u otras mejoras previstas.

Un barrio como el de Castilla-Hermida estaba necesitando, desde hace mucho tiempo, que se tomaran decisiones en este sentido. Hay que recordar que vivimos en una de las zonas con más población de Santander y que urgía medidas como ésta encaminadas, entre otras cosas, a ampliar nuestro espacio y a dotarlo de zonas abiertas, algo de lo que siempre ha carecido. Estamos satisfechos, estamos contentos, pues, por fin, se nos ha escuchado, se ha valorado nuestras demandas y peticiones y se ha tomado una determinación que soluciona muchos de nuestros problemas. Y lo que creemos muy significativo e importante es que nuestra demanda ha sido atendida por unas autoridades, en este caso, la vicepresidenta de Cantabria, Lola Gorostiaga, y el presidente de la Autoridad Portuaria, Javier del Olmo, que se sentaron con nosotros para conocer nuestros problemas, los comprendieron y han actuado en consecuencia.

Los vecinos de Castilla-Hermida podemos decir que con estos gobernantes no hay problemas, hay soluciones encaminadas a mejorar nuestra calidad de vida. Se inicia así, en estos momentos, todo un proceso de cambio y mejora que cambiará radicalmente la fisonomía del barrio, el inicio de una notable transformación que, sin duda alguna, redundará en nuestro beneficio. Comienza, por tanto, la conformación de un nuevo espacio que, poco a poco, va a ir cambiando: espacios libres y abiertos, aparcamiento, desaparición del carbón, mejora del tráfico... Una importantísima metamorfosis que hará que nuestro querido barrio deje de ser una zona de paso para convertirse en una zona mejor, de convivencia, en la que nuestros hijos crezcan y1 se desarrollen, vivan sin peligros y con la tranquilidad de que sus vecinos están contentos y orgullosos de residir en esta emblemática zona de la capital de Cantabria. En definitiva, ver cumplidas las aspiraciones de cualquier ciudadano del mundo que busca lo mejor para él mismo y para los que le rodean.