La vieja lonja del Barrio Pesquero

IGNACIO GONZÁLEZ-RIANCHOAUTOR DE LA GUÍA DE ARQUITECTURA URBANA DE SANTANDER
La vieja lonja del Barrio Pesquero

Dicen que la mayoría de los habitantes o residentes de Castilla-Hermida desean derribar la vieja lonja -único argumento político-, dando paso a un paseo marítimo y a un aparcamiento de coches. Estoy con el párroco del barrio, Alberto Pico, ni son mayoría, ni en el fondo esa minoría quiere derribarlo sino adecentarlo, rehabilitarlo, embellecerlo, darle uso cívico y cultural, pero ¿ya!.

Vecinos de Barrio Pesquero, de Marqués de la Hermida y de la calle Castilla, les ruego durante unos minutos sueñen conmigo. ¿Se imaginan un lugar a cinco minutos a pie de su casa, en el que puedan disfrutar de un centro histórico-social - coincido con Peridis, con biblioteca, sala de cine, sala de ordenadores, clases salas de reuniones, sala de juegos, gimnasio, café, comedor, guardería...?

Solamente que yo añadiría un equipo de fútbol dirigido por Pin, quien seguramente aceptaría y un club naútico que pudiera competir con el de Puertochico. Pues bien en la Vieja Lonja, con sus mas de cinco mil metros cuadrados, cabría todo esto. Hay sueños que se cumplen, que se hacen realidad y este pudiera ser uno de ellos.

No obstante, lo que me quita el sueño y me impide soñar, es pensar en que todo lo anterior pudiera ser, y, que la tozudez, ignorancia, el engaño, o intereses económicos pudieran definitivamente interrumpir este gran sueño, y perder esta magnifica oportunidad.

Pero sigamos soñando. ¿Se imaginan el Club Marítimo de Puertochico abandonado, sucio, cerrado, sin socios, con el impacto de la bomba que hubo hace pocos años? ¿Qué dirían sus vecinos mas próximos? ¿Que lo derriben, así no lo queremos? Esto es inimaginable, más bien sería una pesadilla. Es casi el mismo caso de dos edificios de lectura racionalista, tan bello uno como otro.

Despertemos. El racionalismo es un lenguaje arquitectónico que caló hondo en Santander, siendo practicado por profesionales de todas las generaciones. Es parte del movimiento moderno, es la arquitectura que rechaza las referencias a los estilos del pasado, a favor de una arquitectura tersa, limpia, sin ornamentaciones, es la práctica de la geometría pura, la esencialidad de la forma, el rigor, una formula que resolvió los problemas sociales de la época; en la Lonja, la venta del pescado.

El caso que nos ocupa es uno de los edificios racionalistas más brillantes de Santander; por su equilibrada composición, por la grandeza de su escala, (admirada por viajeros, turistas y arquitectos de proyecciones y escuelas dispares de ayer y hoy) y su magnifica ubicación (que no impide el paso de un paseo), icono y seña de este barrio.

Este edificio asume la simbología náutica e industrial propia de las exigencias de la época, resuelta muy brillantemente por Aníbal González Riancho, con el lenguaje de moda de entonces, el racionalismo. Por lo tanto es parte de la memoria histórica de la ciudad. Su derribo, su destrucción, supone la destrucción de la memoria, de la tradición y por lo tanto de las señas de identidad de Santander y de Cantabria.

Un último sueñecito: ¿se imaginan el edificio de la Lonja limpio, blanco, iluminado, brillante y lleno de vida? ¿Qué dirían entonces los detractores? ¿Qué dirán los turistas que pasen por allí?

Tirarlo es una insensatez. Se lo están diciendo desde el colegio de Arquitectos, órgano oficial los arquitectos de Cantabria, se lo dirían también los peritos, los ingenieros..., y la mayoría les pasará factura. Será entonces cuando el insomnio crónico lo padecerán quienes promovieron la muerte de La Lonja.

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