La migraña oftálmica

EMILIO PRESEDO REY

El oftalmólogo austriaco Ernst Fuchs dice en su Manual de Oftalmología (1889) que las personas que pueden dar una descripción exacta dicen que el centelleo comienza en un pequeño punto no lejos del punto de fijación y que los objetos exteriores correspondientes a este punto no pueden ser vistos, de donde el nombre de Flimmerskotom (=escotoma centelleante). En esta definición está muy bien descrito cómo es el centelleo, lo que impide la visión y por qué el escotoma centelleante recibe tal nombre. El centelleo -sigue diciendo Fuchs- y con él el defecto en el campo visual se extienden rápidamente; los límites del campo centellante están formados por líneas en zig zag vueltas hacia afuera y hacia adentro.

El médico español don Víctor Cebrián y Díez, en su traducción al español del libro de Fuchs, se encontró con la dificultad de traducir la expresión 'Flimmerskotom', que le debía producir cierta perplejidad, porque opta por no traducirla las más de las veces. Cuando lo hace opta por la expresión 'escotoma brillante', que refleja, a pesar de la imperfección de la traducción, muy bien las características de este escotoma. Es un escotoma que brilla, ergo un escotoma positivo y no negativo. El campo visual se reduce -dice don Víctor- a medida que aumenta la superficie brillante. Tampoco hay aquí ninguna referencia a un supuesto escotoma negativo.

El neurólogo británico sir Richard William Gowers, en su trabajo 'Sensaciones subjetivas de la vista y el sonido' (1895) decía que una característica del escotoma centellante es la combinación del espectro angulado con la pérdida de la visión, que generalmente está limitada por el zig zag luminoso o definidamente relacionada con él. Y Gowers, en su trabajo sobre 'Las fronteras de la epilepsia' (1906) afirmó también: «Dentro de la teicopsia la visión está obscurecida por el centelleo brillante». O, como Gowers lo decía claramente en 1909, «no hay una hemioanopsia definida».

El oftalmólogo austriaco de Klagenfurt Alexius Puchler, en un artículo escrito en 1910, distinguía un escotoma centelleante centrífugo que iba del centro a la periferia y un escotoma centelleante centrípeto que iba de la periferia al centro. Para Puchler, el escotoma centrípeto comenzaba sin embargo con el arco centelleante plenamente desarrollado en la periferia y se iba empequeñeciendo a medida que se movía hacia el centro. Esta descripción recuerda a la de un paciente de Rudolf Biberachar en 1952, cuyo escotoma centellante se desarrollaba a partir del centro hacia la periferia pero cuando llegaba allí, en vez de desaparecer, volvía a su punto de partida. Para los partidarios de la teoría de la depresión propagada este es imposible. Los mismos sostienen también que el escotoma centelleante desaparece siempre en la periferia, cosa que no es cierta, porque yo he tenido ataques en los que el escotoma apareció en la periferia y desapareció en el centro del campo visual.

También puedo citar aquí un ataque que tuve en enero de 1975. Estaba leyendo un cuaderno cuadriculado en una mesa iluminada solo por un flexo, que era la única luz que había en el cuarto. Al levantar la cabeza y fijar la vista en la pared a oscuras, las cuadrículas del cuaderno quedaron fijadas allí como en un caso de perseveración. Entonces se oscurecieron y se pusieron como en relieve. A partir de ahí las líneas se separaron unas de otras formando figuras geométricas que variaban cada una unos segundos, como si fuera un caleidoscopio. Formaron rombos, formaron figuras más irregulares. Luego se dispusieron ellas solas en un semicírculo de ángulos, abierto por un lado. Pasó un momento y, de repente, como si alguien hubiera encendidos una luz, apareció el centelleo superpuesto sobre la figura geométrica. Y comenzó un ataque de migraña oftálmica habitual, bueno, fue más importante que en otras ocasiones. En esta ocasión contemplé lo que subyacía realmente detrás del escotoma centelleante. Y, desde luego, no se corresponde a la teoría de la depresión propagada.