Los milagros de Carlos Saura

El prolífico cineasta español considera un acto divino "haber hecho casi 40 películas y tener siete hijos"

EFE | NUEVA YORK
Los milagros de Carlos Saura

Para el prolífico cineasta español Carlos Saura, que estos días prepara dos nuevos largometrajes y exhibe su obra fotográfica, es "un milagro haber hecho casi 40 películas y tener siete hijos".

"Todas estas películas están hechas con la misma pasión, así que no tengo favoritas. Que sean buenas, regulares o malas, ése ya es otro asunto", dijo anoche Saura, antes de presentar el pase de su cinta Ay, Carmela en el Instituto Cervantes de Nueva York.

El cineasta, de 74 años, habló sobre su infancia, su pasión por el cine y la música, sus inicios como realizador y sus proyectos en una charla informal con el director del Instituto, Antonio Muñoz Molina.

Como artista sensible y productivo en todas sus facetas, Saura también habló de una vida "secreta" llena de anécdotas en las que tanto él como una profesora de flamenco, su primer amor de la infancia, Charles Chaplin y su paisano Luis Buñuel son protagonistas.

"Me inicié como fotógrafo a los nueve años porque me enamoré de una niña. Ella tenía como siete años de edad, era guapísima. Así que le robé la cámara a mi papá y, como los artistas somos unos voyeur, la fotografié escondido detrás de un arbusto", relató. Saura le envió la foto a la niña, pero ésta nunca le respondió. "Le llamo 'la foto robada', y me ha acompañando toda la vida", recordó.

Inicio en el cine por el documental

Siendo un veinteañero, Saura se dio cuenta de que la fotografía se le "quedaba corta", así que cambió la cámara fotográfica por la de cine, y se inició en el séptimo arte por medio del género documental. "Mi primer documental lo filmé en la pradera de San Isidro, en Madrid, y rememora una pintura de Goya que retrata ese mismo lugar. Después me di cuenta de que quería contar historias", explicó.

Esas historias, basadas en vivencias personales, van desde las argumentales -como Cría Cuervos- y las musicales -como Flamenco y Tango-, hasta los ensayos personales al estilo Goya en Burdeos.

En la frontera entre el musical y el ensayo se ubica su última película, Iberia (2005), basada en la obra del compositor español Isaac Albéniz, así como su próximo largometraje, sobre la ópera de Mozart Don Giovanni. "Estamos en plena pre-producción de Io, Don Giovanni, que es una especie de musical, aunque no en estado puro", dijo Saura, y añadió que el elenco del film, una coproducción entre España, Austria e Italia, "aún no está definido".

Io, Don Giovanni, que se rodará en Viena y Venecia, es una película "operística, bonita y complicada" que contará cómo el genial Mozart y el libretista Lorenzo da Ponte, discípulo de Casanova, concibieron la magistral ópera.

Espera el musical 'Fados'

Al finalizar este rodaje, Saura se embarcará en Fados, un musical que se filmará en Portugal y que investiga los orígenes brasileños de esta música popular portuguesa.

Saura vincula su pasión por la música y el baile a los estímulos artísticos a los que estuvo expuesto desde niño. "Los conocimientos musicales vienen de mi madre y mucho de lo que aprendí de cine lo aprendí mirando ensayos de baile. Mis películas son, de hecho, más ensayos de baile que películas terminadas", dijo.

"Siempre me ha gustado el aspecto físico de la danza, y cómo la música se transforma en movimiento y éste en magia y belleza. Ese misterio es el que me gusta plasmar en mis películas", agregó.

Sus pasiones ocultas

En su conversación, salpicada de recuerdos y anécdotas divertidas, Saura reveló algunas de sus pasiones ocultas, como el encerrarse a armar y desarmar cámaras fotográficas de una colección que supera las 400 unidades.

"Siempre me ha gustado la mecánica. Trabajé en una fábrica de motocicletas y hasta intenté correr carreras, pero me frustró ver que había alguien que era más rápido que yo", bromeó.

Otro de sus sueños de juventud, ser bailaor de flamenco, se vio frustrado por una inflexible profesora. "Tenía 22 años cuando fui a tomar clase con una gitana que se llamaba La Kika. Ella me puso un disco con un ritmo fácil y yo con alegría empecé a bailar. Al rato me dijo: Mire Saura, mejor que se dedique a otra cosa", recordó.

Saura también rememoró a sus célebres amigos Charles Chaplin -con cuya hija, Geraldine Chaplin, tiene un hijo fruto de una relación que duró 12 años-, y al magistral cineasta español Luis Buñuel, quien, dice, "pensaba que yo era como un hijo".