¿No se me acatarre, Don Marcelino!

BORJA RODRÍGUEZMIEMBRO DE LA SOCIEDAD MENÉNDEZ PELAYO

Pues ya lo ve usted, mi Don Marcelino. A sus años y castigado en el jardín. Eso sí en una esquinita, para que se le pueda ver desde la calle. Con un poco de suerte, unas cuantos macizos de hortensias y unas capas de uña de gato, dentro de poco se le podrá ver a usted a base de machete y linterna, penetrando en las espesura. Y es que claro, va usted provocando. ¿A santo de qué está usted, delante de la biblioteca, con un libro? ¿No ve qué eso no puede ser?

¿A la gente que lee no se le hacen estatuas, hombre de Dios!. Si hubiera usted fusilado a unos cuantos o mejor a unos cientos o mejor a unos miles, nadie le habría quitado de donde está. Fíjese en Espartero, que firmó más sentencias de muerte que libros leyó usted (¿y leyó muchos!) Ahí está en su estatua, tan campante, mirando a todo el mundo desde arriba. ¿Un hombre como hay que ser, sí señor! Tan convencido estaba el escultor de ello que, para que quedara claro que Espartero los tenía bien puestos, se los puso más grandes aún a su caballo. Eso es lo que hay que hacer, tirar muchas bombas, pegar muchos tiros, y cargarse a muchos cuantos que te saldrán estatuas por todas partes. ¿Pero no leer, por Dios! ¿Qué mariconada es ésa de leer? O si no piense en Narváez, con su calle, tan bonita. El general que no tenía enemigos. Claro está, los había fusilado a todos. Ésa es la manera de llegar a la gloria. Porque claro Espartero, y Narváez y O'Donnell, y todos los generales y espadones de ese siglo XIX que usted alumbró con su luz de lectura, de pensamiento y de escritura, tienen sus estatuas y sus calles y sus plazas y nadie les tose. Mientras que el que sí que va a toser es usted porque le van a llevar al jardín para que tenga usted más humedad, Lo que resulta muy lógico si se piensa que la estatua es de mala calidad y así la piedra se pudrirá antes. ¿Y es que ni piedra buena en la estatua le pusieron, hombre! Pero es que no iba a ser de bronce, porque el bronce y el hierro y todas esas cosas son para cañones y tanques y barcos de guerra y no para gente que hace esas cosas tan raras de leer libros, pensar sobre ellos y escribir lo que ha pensado. ¿Tenga usted cuidado y no me coja un catarro, que las humedades son muy malas!

Pero no se preocupe, que no se le ha olvidado. Lo que pasa es que con eso de que ahora se dice que era usted misógino, y retrógrado y habla de usted tanta gente que no le ha leído en su puñetera vida, las cosas no le van muy bien. Ya sabe usted, sin embargo, que Espartero, Serrano, O'Donnel, Narváez y todos los espadones del XIX eran grandes feministas, ardientes defensores de la igualdad de sexos, progresistas acérrimos y demócratas convencidos y por eso nadie se plantea nada con sus estatuas. Tal vez convendría recordar que usted leía a Ramón Llul y a Amselm de Turmeda y a Ausias March y al Tirant lo Blanc, y que los leía en catalán, lengua que usted conocía perfectamente. Así a lo mejor protestaba Artur Mas y le hacían caso.

Eso sí, consuélese que la directora de la Biblioteca Nacional conoce bien su obra. Y si no, fíjese en lo profundo de su observación: «Escribió la 'Historia de los heterodoxos', porque le interesaba mucho la heterodoxia». ¿Prodigiosa deducción! Quizás añadió la directora (y el periodista no lo recogió, atónito ante semejante perla de la sabiduría) que al autor de la 'Historia de los relojes' le interesaba la relojería, al autor de la 'Historia de la botánica' le interesaban las plantas, y al autor de la 'Historia de la estupidez' le interesaban las estupideces.

Pues nada, mi Don Marcelino, quédese tranquilo leyendo en su jardín, leyendo como hizo toda su vida, dedicada a la lectura, a la escritura, a intentar comprender a todo el mundo, a pensar y a no hacer daño a nadie. Porque digo yo que no le irán a quitar su libro de la estatua, so pretexto de que es una provocación y un mal ejemplo tener a nadie leyendo a las puertas de una biblioteca. ¿Tranquilo, y abríguese, que el tiempo viene muy frío y muy malo para los que leen y con la humedad del jardín tengo miedo de que se me acatarre!