PABLO MORO / A veces el mundo no es tan malo

Entre la timidez y el sonrojo de quien ve la vida comiéndose una gominola -qué grande es ser un niño con 27 años- y el descaro de los que son tal y como se les vende, como unos caraduras con guitarras. Entre lo que va a pasar mañana en la D'Manu con Pereza en el escenario y lo que se verá el próximo jueves con Pablo Moro en el BNS, dista un mundo, pero la vida está hecha de gustos y formas.

JUAN DAÑOBEITIA
PABLO MORO / A veces el mundo  no es tan malo/
PABLO MORO / A veces el mundo no es tan malo

Cantarle a la vida desde un prisma colorido es una faceta en la que los cantautores no suelen moverse cómodos. La manida costumbre del catastrofismo, del porqué me ha tocado a mí, de que el mundo es el peor lugar -y por desgracia el único- en el que vivir. Pero parece ser que Pablo Moro ve sus días forrado en una quiniela que siempre toca. Sus canciones exhalan un aire de vitalidad sin victimismos. Son melodías para despertarse con una sonrisa, que a veces el mundo necesita un pellizco que nos haga recordar que la vida son dos días y que hay detalles infinitos.

Para conocer a Pablo Moro basta mirar en su DNI. Vino al mundo en una época en que el optimismo era una asignatura en que nadie podía suspender. El 20 de diciembre de 1978, en la primera Navidad en cuarenta años que España afrontaba con una constitución en la mano, nacía Pablo Moro. Un chaval que creció arropado por los discos que había que escuchar en aquella época -los Rolling Stones, Joaquín Sabina, David Bowie o Serrat- y se educó -bien o mal- en un colegio de curas dominicos, aunque tal vez la orden sea lo de menos. Lo que sí es cierto es que una educación marcada por las verdades a medias, por las omisiones direccionadas y por creencias poco explicadas y de obligado cumplimiento, hacen, en la mayoría de las ocasiones, que se forje una personalidad contraria a lo buscado: la imaginación se dispara, se le buscan al gato las patas que haga falta y se escribe lo que no se puede decir. «Un lugar donde fui aprendiendo, poco a poco, las mil y una maneras que existen para morder una manzana», según el propio Pablo.

El caso es que entre la ordenación sacerdotal y el desorden de una vida como cantautor en los garitos de cualquier ciudad, eligió vida. Papel, boli, guitarra y ganas. Letras que buscaban respuestas amables. Guitarras que no rasgan las cuerdas, sino que las animan a acompañarse. Una canción de amor puede tener un final feliz y un desamor puede ser el comienzo de un nuevo día a día.

Amigo confeso de David Melendi -otro estilo, otros derroteros, otra personalidad, pero amigos al fin y al cabo-, quien colaboró en una de las canciones de su primer y, hasta la fecha, único disco de estudio, 'Emepetreses' (Carlito Records, 2005), Pablo Moro ha girado con colegas varios como Burning, Quique González o el propio Melendi.

Ahora se encuentra inmerso en la gira de presentación, en acústico, de un disco que promete buenos momentos. El jueves 30 llega al BNS de Santander gracias a Cadena 100. Tal vez Pablo Moro no sea un virtuoso en nada, pero en ocasiones vale la pena quitarse los parches esnobistas y escuchar sin impermeables.Dejar que entre. Sólo eso.