Guerra se jacta de haber 'cepillado' el 'plan Ibarretxe' y el Estatuto catalán

Rechaza en Bilbao «el derecho a decidir» porque condena a la mitad de los vascos a vivir en guetos y admite que España tiene un problema territorial

JOSEBA GARCÍACOLPISA
Guerra se jacta de haber 'cepillado' el 'plan Ibarretxe' y el Estatuto catalán/
Guerra se jacta de haber 'cepillado' el 'plan Ibarretxe' y el Estatuto catalán

El ex vicepresidente del Gobierno, diputado y presidente de la Fundación Pablo Iglesias, Alfonso Guerra , se felicitó ayer en Bilbao por el trabajo desarrollado por el PSOE y el Gobierno para «cepillar como un carpintero» tanto el 'plan Ibarretxe' como la reforma del Estatuto de Cataluña, con lo que considera que se ha impedido la ruptura de España.

Durante su intervención en el congreso de las Juventudes Socialistas, celebrado en Baracaldo (Vizcaya), Guerra mostró su rechazo a la reclamación del «derecho a decidir» formulada por el nacionalismo porque cree que condenaría a la mitad de la sociedad vasca a vivir «en guetos o en un gulah».

No obstante, animó a la sociedad vasca y española a aprovechar la oportunidad de conseguir la paz que se ha abierto con el 'alto el fuego permanente' de ETA y cargó contra el PP por no asumir, dijo, que en 2004 perdió las elecciones y pretender restaurar «la España anterior a la democracia».

Alfonso Guerra admitió que España tiene un «problema territorial» en su configuración interna. Dijo que la instauración del régimen autonómico en el título octavo de la Constitución dio un resultado «bastante positivo» en su inicio, pero apuntó que, bajo el gobierno del PP, el presidente Aznar se dedicó a «criminalizar a todos y se opuso de manera brutal» a las autonomías. En su opinión, esta actitud provocó que las instituciones regionales se «calentaran» y comenzaran a redactar unos estatutos «infumables» como el denominado 'plan Ibarretxe' o el Estatuto catalán aprobado por el Parlament el pasado 30 de septiembre.

A pesar de las dificultades, destacó el trabajo llevado a cabo por su grupo y por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que cree que ha impedido que Euskadi y Cataluña pasen «por encima de la Constitución». Con ironía, resaltó que el 'plan Ibarretxe' «lo cepillamos antes de entrar en la comisión (del Congreso) y el otro (el catalán), lo cepillamos como un carpintero durante la comisión».

A quienes como el PP advierten de que la redacción del Estatuto de Cataluña supone la ruptura de España les instó a que comparen el texto que llegó al Congreso y el que salió de la Cámara Baja. En este punto, desveló que durante el debate propuso que «lo que quedaba igual» se escribiera «en letra normal» y «lo que se había cambiado quedara en negrilla». «Si lo miráis veréis negrilla, negrilla, negrilla», dijo entre las carcajadas de las juventudes socialistas.

Maragall

En clara referencia a su compañero de partido y presidente de Cataluña, José María Maragall, Guerra reconoció que los socialistas «tenemos un problema» y es que es que algunos de sus dirigentes «a veces hablan como un nacionalista, no como un socialista, y el socialismo no es nacionalista. Que quede bien claro, que no lo somos».

Guerra marcó los límites de las reivindicaciones nacionalistas y asumió el «derecho» de las comunidades autónomas a «reivindicar su identidad» siempre que respeten las de los demás en el marco constitucional. Salió al paso de la reclamación que el nacionalismo vasco hace del denominado 'derecho a decidir'. Frente a quienes le dicen que «los vascos se quieren ir» y en respuesta a quienes no tienen problema en «que se vayan», el diputado rechazó que su «conciencia» pueda ser «cómplice de que la mitad de la población del País Vasco vaya a vivir en un gueto, en un 'gulah', porque la otra mitad no le reconoce la misma ciudadanía». «Conmigo que no cuenten para eso, me opondré siempre». Guerra acusó a los nacionalistas de actuar de forma «excluyente» y de ser «como los animales mamíferos que marcan la frontera».

Si Guerra no tuvo inconveniente en atacar al nacionalismo, sí se tentó la ropa a la hora de abordar la posibilidad de lograr la paz tras el 'alto el fuego permanente' de ETA. En este capítulo abogó por «hablar poco y trabajar mucho» como fórmula para aprovechar «la oportunidad» que se ha abierto, ya que «si hablamos mucho y hacemos poco, esto no se acaba nunca».

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