El mismo espíritu, en Anoeta

PORJESÚS SERRERA

Se juega como se entrena, sentencia una frase apócrifa que ha hecho fortuna en el fútbol. Como había augurado en la tertulia de Punto Radio DM el ex capitán racinguista Juan Carlos García Herrero, esta semana hubo en La Albericia entradas duras, bronca, aliento en la nuca, competencia... y el domingo el equipo salió 'enchufado' frente al Barcelona. La visita de los grandes genera una hipermotivación que Manolo Preciado ha aprovechado para rescatar al equipo de la desidia.

No sólo mejoró la actitud, también los cambios fueron positivos: frente al Barcelona tiene sentido elegir la rapidez de Oriol y Moratón antes que la contundencia de Garay y Alfaro: Vitolo aumenta su presencia y eficacia en una posición más retrasada, el reaparecido Matabuena estuvo espléndido en la recuperación, Óscar Serrano tuvo cuatro minutos gloriosos y, por fin, completó un gran partido, y Antoñito, con un gol soberbio, muy buenos movimientos y también trabajo, demostró respetuosamente a su entrenador que negarle sistemáticamente la titularidad ha sido un error.

Con la dolorosa excepción de Melo -su ceguera y/o egoísmo hace tanto daño al colectivo, y es tan improductivo, que está agotando la fe incluso de sus más firmes partidarios- vimos de nuevo un equipo y un objetivo común. Lo mismo en el apasionante intercambio de golpes (y de errores) del primer tiempo que en el segundo cuando Rijkaard dio por bueno el empate. Un punto de oro pero queremos ver el mismo espíritu en Anoeta.

Eto'o, un fantástico futbolista, consigue en su batalla contra el racismo que le apliquen en la cancha el principio de discriminación positiva: Serrano luce el torso en la celebración del gol y se lleva una tarjeta; Eto'o marca, patea el banderín de córner, se encara arrogante con la grada y cuando el personal empieza a increparle, el árbitro para el partido aterrorizado por las expresiones racistas y se ¿olvida? de sancionar la provocación del africano. Todo muy políticamente correcto.