Un Racing multinacional

Ocho extranjeros comparten vestuario en El Sardinero

ASER FALAGÁN
Un Racing multinacional/
Un Racing multinacional

Son ocho y proceden de cuatro continentes distintos. Son los futbolistas extranjeros del Racing, que en plena era de la 'ley Bosman' y nacionalizaciones se han encontrado en Santander para jugar en una Liga que ya no tiene sólo argentinos, brasileños y algún que otro europeo, sino que en ella conviven decenas y decenas de nacionalidades, futbolistas que deben adaptarse a otro país, a otra cultura, a otra forma de vida y, en muchas ocasiones, a otro idioma.

De todas formas, éste no es el caso de la mayoría de los extranjeros del Racing, que salvo algunas excepciones están ya muy adaptados al equipo y a la vida en Santander. Incluso los dos 'recién llegados' (Pinilla y Garay aterrizaron en Cantabria en enero) se han integrado con relativa facilidad. Claro que en el caso del chileno y el argentino el idioma era, sin duda, una baza a su favor.

Al margen de algunos «lugares de reunión» habituales del equipo cántabro desde hace ya varias temporadas, cada uno tiene sus costumbres particulares, aunque en general no distan demasiado a las de los futbolistas españoles con los que comparten vestuario.

Probablemente el que más cómodo se encuentra en Santander es Dudu Aouate. El portero israelí, de 28 años, llegó a Santander hace dos y medio, al comenzar la temporada 2003-2004, para ser el suplente de Ricardo. Pese a las grandes diferencias con su país natal, tuvo el apoyo de dos compatriotas: Yossi Benayoun, que ya llevaba un año en Santander, y Omri Afek, que desembarcó el mismo verano que Dudu.

Casado y con dos hijas, y a punto de terminar su segunda temporada como titular indiscutible, Aouate insiste una y otra vez en que no se quiere marchar de Santander aunque le lleguen ofertas, y que sólo se lo plantearía si le 'tocara' un grande. ¿Por qué? Porque tanto él mismo como su familia se encuentran muy cómodos en la ciudad: «Aquí la vida es muy tranquila, la gente amable y no me ha faltado de nada, aunque cuando llegué pensé que podría echar de menos algunas cosas de mi país», comenta.

Tampoco la religión le ha supuesto ningún problema: «En Santander no hay ninguna sinagoga, pero yo tampoco soy demasiado religioso, me limito a hacer lo que he visto siempre en mi casa y lo que puedo. Claro que me gustaría que tuviéramos una, pero si no la hay tampoco pasa nada».

Sus dos hijas ya han aprendido el idioma y no tienen ninguna dificultad para seguir las clases en castellano: «Ya nos sentimos españoles», reconoce un futbolista que ya ha creado sus propias rutinas en la ciudad: cine, restaurantes y compras, tanto en grandes superficies como en los centros comerciales, ocupan buena parte de su ocio, la mayoría de las veces acompañado por su familia. Pero no se queda ahí. También se ha aficionado a viajar por la región e incluso, cuando tiene ocasión, hace alguna escapada a Bilbao.

En definitiva, que Dudu Aouate es una persona bastante alejada del estereotipo del futbolista, un tipo muy familiar al que no le molesta que le reconozcan o le paren por la calle -«Me gusta», reconoce- y que se muestra contento con lo que tiene.

Su caso tiene algunas similitudes -y algunas diferencias- con el de Felipe Melo, un brasileño de Río de Janeiro que llegó a Santander este verano acompañado por su mujer, su hermano e incluso una prima. Hace muy pocos meses tuvo una hija 'cántabra', y al menos de momento dice no sufrir la 'morriña' de los brasileños cuando dejan su país. Como Aouate, prefiere vivir en un lugar tranquilo, así que ha optado por instalarse en Somo (el israelí lo hizo en Soto de la Marina). Después del año que pasó en Mallorca, ya conoce el idioma y las costumbres españolas, y al llegar a Santander le ha gustado «hasta el clima».

«Con los compañeros me relaciono más en el club, antes y después de los entrenamientos, y el reto del tiempo me gusta hacer vida familiar», dice este jovencísimo padre de 22 años que desde que llegó a Santander parece haber optado por una vida más tranquila. Además de la niña que vive con él, tiene otro hijo en Brasil: «Me viene a visitar cada tres meses y pasa quince días conmigo, pero todavía es muy joven para traerlo a España». Sus aficiones no distan mucho de las de cualquier otro padre de familia: cine, cenas familiares y visitas a los centros comerciales y a la playa. De hecho, es bastante habitual que su mujer, su hermano o los dos vayan a esperarle a la salida de los entrenamientos, porque no frecuenta demasiado la capital en sus días libres.

Salvo una o dos excepciones, parece que a algunos extranjeros del Racing les gusta mucho la paz o que el equipo ha decidido escoger muy bien el perfil de sus futbolistas foráneos, porque en el mismo caso se encuentra Ezequiel Garay, un argentino de 19 años que dejó la tumultuosa Rosario, con su más de millón y medio de habitantes, para instalarse en Santander. Su adaptación ha sido especialmente sencilla, puesto que se ha traído a sus padres y sus dos hermanos, con los que vive en la zona de Valdenoja. No es una vivienda provisional, sino que eligió esa zona «para vivir en un lugar tranquilo, fuera del centro» sin dejar la ciudad. «La familia me ayudó mucho a adaptarme, sólo me hubiera costado bastante más», reconoce el defensa, encantado con el entorno que se ha encontrado en su nueva ciudad.

«Echo de menos algunas cosas de mi ciudad, aquí no tengo tantos sitios a los que ir, porque Santander es muy chico en comparación con Rosario», comenta el argentino, que aún así aprecia la «tranquilidad» con la que vive en Cantabria: «Soy muy casero, no me gusta demasiado salir y los ratos libres los paso viendo películas, escuchando música o en algún centro comercial, generalmente con Vitolo». Y es que Garay es vecino del canario, y desde que llegó a Santander se han convertido en poco menos que inseparables, unidos por una buena amistad y su afición común a la PlayStation.

Además, con el poco tiempo que lleva en Santander tampoco le ha dado tiempo a conocer a demasiada gente, en parte porque, como insiste, «tampoco es que hiciera muchas más cosas en Argentina. Soy un tío tranquilo y ya me he montado aquí mi vida».

Otros de los 'nuevos' es el chileno Mauricio Pinilla, que como Garay llegó a Santander en enero de este año. Acostumbrado, como muchos de sus compañeros, a vivir en una gran ciudad (Santiago, Milán, Lisboa), asegura estar cómodo con el contraste, hasta el punto de que ha optado por vivir en Soto de la Marina: «Se nota el cambio, pero es una ciudad muy acogedora en comparación con las capitales, no tienes que sufrir el estrés del tráfico y la gente». «Uno siempre echa de menos su país, pero en general me adapto bien allí a donde voy», añade.

«La gente me ha tratado muy bien y estoy muy a gusto», asegura el chileno, que ya ha trabado buena amistad con algunos de sus compañeros de equipo. Ha sido padre recientemente y tiene unas rutinas muy similares a las de otros jugadores en la misma situación: «Voy mucho al cine, a conocer alguna que otra playita, al parque de Cabárceno cuando viene a visitarme la gente... y también paso mucho tiempo en casa», dice.

«Los días entre semana los paso en casa hasta la hora de cenar, porque me gusta comer bien y suelo ir a algún restaurante, y cuando tengo ocasión me escapo por pueblos de la provincia o a conocer el País Vasco», reconoce el chileno, que prefiere evitar el estrés del centro. Aún así, «de vez en cuando es bueno compartir una cena con algunos compañeros».

La nómina de extranjeros la completan los hermanos franceses Stephane y Wilfried Dalmat y el marroquí Wallid Regragui, que tras año y medio ya domina perfectamente el idioma y es uno de los futbolistas más apreciados entre sus compañeros. Todos ellos, consultados por este periódico, se mantuvieron más celosos a la hora de hablar sobre su vida privada.

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