'El caso Almería', 25 años de una herida mal curada

Hoy se cumple un cuarto de siglo desde que la Guardia Civil torturara y asesinara a tres vecinos de Santander a los que confundió con un comando de ETA cuando iban a una comunión

NACHO GONZÁLEZ UCELAYSANTANDER
'El caso Almería',  25 años de una herida mal curada/
'El caso Almería', 25 años de una herida mal curada

«Me levanté todo lo ilusionado que un niño de ocho años puede estar el día de su Primera Comunión. Fui al dormitorio de mi hermano, pero no estaba. Ni él, Juan, ni los dos amigos con los que se suponía que vendría, Luis Manuel y Luis. Y aunque nos pareció muy raro, mi padre decidió que se celebrara la ceremonia. Al día siguiente»... el 'telediario' irrumpiría en su casa, y en otras dos, para anunciar que el 10 de mayo de 1981 tenía que pasar a la historia como el día en el que la Guardia Civil torturó y asesinó a tres jóvenes -todos residentes en Santander- a los que confundió con etarras cuando iban a Almería para asistir a una fiesta familiar.

Se cumplen 25 años de aquello, «pero ninguno hemos conseguido olvidarlo», dice Francisco Javier. Es aquel 'niño de la comunión'. Hoy, a los 33, sigue librando con la memoria una batalla que sus padres ya han dado por perdida. «Tengo muchos recuerdos, pero no quiero recordar... No quiero», afirma con recelo María Dolores. Es la hermana de uno de los invitados que no llegaron al festín. Hoy, a los 'taitantos', sigue tratando de pasar página.

Con más o menos cosas que decir, con más o menos ganas de hablar, las familias de los jóvenes Luis Manuel Cobo, Juan Mañas y Luis Montero siguen lamiéndose una herida mal curada que la crónica negra española guarda como 'El caso Almería'.

Confusos

Cuenta la prensa de la época, y la película, que también se filmó, y el libro, que también se escribió, que para entender el suceso hay que remontarse en el tiempo hasta el 7 de mayo de 1981.

La banda terrorista ETA atentó ese día contra el vehículo en el que viajaba el teniente general Joaquín Valenzuela, por entonces Jefe del Cuarto Militar del Rey, que resultó gravemente herido. Sus tres acompañantes, el teniente coronel Guillermo Tevar, el suboficial Antonio Nogueira y el soldado Carlos Rodríguez, fallecieron en el acto a consecuencia de la explosión.

En los tres días siguientes al atentado, la Guardia Civil practicó más de un centenar de detenciones, entre ellas las de setenta cargos públicos de Herri Batasuna y las de dos militantes de ETA -Ángel Rekalde y Fernando Anzizar- tras un tiroteo en el que el primero cayó malherido.

Ajenos a los acontecimientos, Juan Mañas, Luis Manuel Cobo y Luis Montero partían ese mismo día desde Santander con destino a la localidad almeriense de Pechina para asistir a una fiesta familiar: la celebración de la Primera Comunión de Francisco Javier, el hermano de Juan Mañas.

El destino quiso que el coche en el que viajaban los tres chicos -todos ellos trabajadores en diferentes empresas de Cantabria- sufriera una avería que les obligó a parar en la localidad de Puertollano (Ciudad Real), donde alquilaron otro coche -un Ford Fiesta- para seguir su viaje. Y la casualidad se encargó de que un vecino que acababa de ver en televisión las fotografías de los terroristas a los que se atribuía el atentado del teniente general Valenzuela, les confundiera con Mañas, Montero y Cobo, apuntara la matrícula del coche en el que les vio subir y avisara a la Guardia Civil.

A la orden del teniente coronel Carlos Castillo Quero, agentes de la Benemérita se lanzaban a la búsqueda de los tres sospechosos, que fueron localizados y detenidos cuando realizaban unas compras en una tienda de la localidad de Roquetas de Mar.

Al día siguiente, los cadáveres de Mañas, Montero y Cobo fueron localizados dentro del Ford Fiesta descuartizados, acribillados a balazos y calcinados.

Asesinados

Aunque el Ministerio de Interior dijo que los tres chicos iban armados e indocumentados y que perdieron la vida en un accidente de circulación después de que los guardias dispararan a las ruedas del coche para evitar su huida, una carta remitida en el año 1984 a la familia de Juan Mañas por «un agente de la Guardia Civil, pero no un asesino» acabó destapando la verdad.

En aquella misiva, aterradora, el anónimo relató cómo el teniente coronel Carlos Castillo Quero y varios de sus hombres llevaron a los chicos hasta un antiguo cuartel de la localidad de Casafuerte, donde Mañas, Montero y Cobo fueron salvajemente torturados, asesinados de un tiro en la cabeza, envueltos en mantas viejas e introducidos en su propio coche, al que prendieron fuego utilizando gasolina que adquirieron con el dinero de las víctimas y ametrallaron «gastando dos cargadores de 30 cartuchos sobre el vehículo y los cadáveres».

Condenados

Esa carta, a la que el autor añadió varios nombres y apellidos, además de detalles escalofriantes sobre la suerte que corrieron los tres muchachos, llevó a los autores de tan brutal suceso ante el Tribunal Supremo, que condenó al teniente coronel Castillo Quero a 24 años de cárcel, al teniente Gómez Torres a otros 15 y al guardia Fernández Llamas a 12 más imputándoles tres delitos de homicidio por los que fueron expulsados de la Benemérita.

Un final al que, 25 años después, aquel 'niño de la comunión' quisiera poder añadir un apéndice: «Que a mi hermano y a sus amigos se les reconozca como víctimas del terrorismo». Eso, dice, mitigaría en cierto modo el dolor que a él y a los suyos les produce aventurarse en cada 10 de mayo, la fecha que ni ellos ni nadie hubieran querido recordar.

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