Sobre el futuro del Racing

PORJESÚS SERRERA

Se disipa poco a poco la euforia por la permanencia y el cielo racinguista aparece con el tono plomizo de un futuro incierto. Dicen que los nuevos propietarios, hasta ahora cobijados en un mullido nido de opacidad y dinero público, se proponen presentarse en sociedad. 'Un Racing para Cantabria' parece un lema excesivo para quienes celebran sus reuniones directivas en Madrid y brillaron por su ausencia en los Campos de Sport la tarde en que el equipo se la jugaba frente a Osasuna con más de 15.000 seguidores apasionados en las gradas. Me pregunté entonces si el presidente Revilla, un buen racinguista con cincuenta años de carnet, está de verdad, interiormente, conforme con la apuesta de su Gobierno para el futuro del club. Me cuesta creerlo.

Éste es el plan: el Gobierno regional pone las subvenciones y los nuevos directivos, con Ramiro Cid al frente, vuelan solos con un proyecto lleno de buenas intenciones y lugares comunes: objetivos a medio y largo plazo, estabilidad económica, profesionalización, dirección deportiva, atención a la cantera, patrimonialización... ¿a quién no le gusta? Si además no hay que enseñar el talonario, mejor que mejor.

Se buscan presidente y entrenador. Para el palco, alguien más ornamental y menos ejecutivo que Manuel Huerta; para el banquillo, López Caro parece el mejor colocado estos días. Me viene a la mente una frase del mundillo del teatro: 'Para Madrid no vale pero puede funcionar en provincias'.

A los nuevos responsables les aguarda también la responsabilidad de diseñar un nuevo modelo para el primer equipo. La permanencia no puede ocultar las grandes carencias. En mi opinión, no se trata de apuntalar con tres o cuatro refuerzos una buena plantilla sino de acometer una 'limpia' de amplias proporciones en un grupo que ha demostrado ser poco fiable.

No se ha visto la agresividad y el compromiso que debe caracterizar a cualquier equipo de bajo presupuesto que lucha por mantener la categoría y los jugadores llamados a aportar un plus de calidad no nos han dado más que una decepción tras otra. Con pocas y honrosas excepciones, de casa y de fuera, el Racing de esta campaña ha estado lleno de jugadores intrascendentes y, por lo tanto, prescindibles.

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