Leyendas urbanas: realidades tardías

ANA ELENA ROZASPORTAVOZ DEL GRUPO MUNICIPAL SOCIALISTA DE SANTANDER
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Leyendas urbanas: realidades tardías

No es nuevo que el proyecto del parque de Las Llamas es una vieja aspiración de la ciudadanía de Santander. Este proyecto tiene por objeto mejorar y recuperar un espacio verde que aumente la calidad de vida de los habitantes del municipio. Y con ese objetivo, a finales de los ochenta, siendo alcalde Manuel Huerta, se empezó a hablar del impacto que iba a suponer la construcción de la autovía de Santander sobre la vaguada y se quiso proteger, especialmente, este área para que el trazado no afectase a la zona a construir.

Como tantas otras cosas, el proyecto permaneció en letargo hasta que, años más tarde, el Ayuntamiento presentó otra propuesta para dar a conocer el destino final de este espacio ciudadano. Pompa, boato y una espectacular y pormenorizada maqueta que representaba que el nuevo plan comenzaba su andadura. En 1999 se instaló en el Consistorio para que todo el mundo pudiera disfrutar de ella y, desde entonces, pasó a formar parte del mobiliario municipal. Es para lo único que ha servido. Y hoy, ahora, después de más de dos legislaturas, aquel infeliz trabajo de modelismo ha pasado a ser un lánguido recuerdo de lo que otra vez pudo haber sido y, como siempre, nunca fue. El parque de Las Llamas se convirtió en otra leyenda urbana más de las muchas que crecen, viven y mueren en esta ciudad.

Durante las navidades pasadas el viejo anhelo de los santanderinos ha vuelto a recuperar fuerza y protagonismo social con la aprobación de un nuevo proyecto redactado por el gabinete de arquitectos Battle-Roig que poco o nada tiene que ver con aquella infeliz maqueta del 99. En nuestra opinión, el plan presentado y aprobado adolece de algunas carencias que deberían ser mejoradas para engrandecer sustancialmente el resultado final. Por eso creemos que aún se debe y se puede trabajar en esta dirección con amplitud de miras. La propia memoria del texto recoge que es orientativo y que puede alterarse contando con la dirección de la obra. Por otra parte, en Santander estamos muy acostumbrados a que los proyectos aprobados sufran multitud de modificaciones y tenemos ejemplos múltiples y variados que están en la mente de todos y que no vamos a mentar aquí. Además, el hecho de que el Gobierno de Cantabria, a través de la Consejería de Medio Ambiente, haya ofrecido su colaboración para regular este proyecto, planteando un convenio de colaboración, que comprenda tanto la aportación económica como los actos de decisión sobre la ejecución del proyecto, nos permite plantear la necesidad de mejorar el mismo aprovechando la colaboración institucional para contribuir o elevar la calidad ambiental y de vida de los ciudadanos.

Desde nuestro punto de vista, lo aprobado para Las Llamas descuida los elementos de accesibilidad y de comunicación tanto en la ladera norte de la S-20 como con la Avenida de los Castros. De no solucionarse estos inconvenientes, nos encontraremos en el futuro con un espacio clausurado o de difícil uso. Vamos a tener una 'isla' ambiental que en poco o nada solucionará los problemas ambientales y urbanos del entorno del parque.

Lo más importante debe ser la potenciación del uso del parque, facilitando conexiones, para las poblaciones asentadas en los barrios próximos, ya que son los ciudadanos los destinatarios últimos de la bondad o no de este proyecto.

Por todo ello, entendemos que el Ayuntamiento debe profundizar en estos objetivos y mejorar las acciones ya emprendidas incorporando, facilitando e impulsando la participación ciudadana en el desarrollo y ejecución del Parque de Las llamas, pues en caso contrario, estaríamos igual que en 1988 y además, se habría desaprovechado una oportunidad única para ejecutar un proyecto emblemático para la ciudad y que tanto beneficio puede producir a la población de Santander. Esperemos que éste sea el fin último de esta actuación y no sólo una obra más que 'toca' acometer en estas fechas.

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