Esta semana he participado en Murcia en un congreso de la asociación Adaner sobre trastornos alimentarios. Me ha parecido que sería de interés plantearles desde estas líneas unas bases de reflexión sobre este problema.

En primer lugar hay que considerar que los trastornos alimentarios a nivel mundial abarcan dos vertientes opuestas y contradictorias: una la del llamado tercer mundo; la otra es la que afecta a los otros dos mundos restantes. Los trastornos alimentarios en el tercer mundo tienen que ver con la escasez, que lleva a la desnutrición crónica y con la contaminación, tanto de los alimentos como del agua por numerosos gérmenes y parásitos, que ocasiona numerosas enfermedades. La dimensión del problema la pone de manifiesto una sencilla reflexión sobre datos actuales. En cuatro países africanos (Uganda, Congo, Sudan y Gabón) se ha producido algo más de mil muertes por Ébola, en los meses que llevamos de epidemia. Estos mil muertos son solo algunos menos que los niños que mueren cada día de diarrea en esos países.

Los trastornos alimentarios en los otros dos mundos tienen que ver con la superabundancia y con la opulencia de nuestro estilo de vida. Y estas circunstancias hacen que, también en esta parte favorecida del mundo, la alimentación ocasione numerosas enfermedades. En esta ocasión se trata de los trastornos del comportamiento alimentario que ya afectan, ni más ni menos, que a un setenta por ciento de la población. Unos trastornos son por exceso de alimentación que ocasiona una excesiva acumulación de grasa y que engloban al sobrepeso y a la obesidad. Los otros son por defecto en la ingestión de alimentos (seis por ciento) que son sobre todo la anorexia nerviosa y la bulimia, que se caracterizan por una disminución tanto de la grasa como de las proteínas corporales. Todos los trastornos alimentarios, sobre todo los restrictivos anorexia y bulimia, son más frecuentes en las mujeres. La anorexia se desencadena, sobre todo en niñas, durante o inmediatamente después de la pubertad. La bulimia se da en mujeres de más edad. Todos los trastornos del comportamiento alimentario son difíciles de tratar, tienen una gran tendencia a hacerse crónicos y ocasionan enfermedades graves, incluso la muerte.

El diagnóstico es complejo en la mayor parte de los casos y requiere un completo estudio médico, pero a nivel general un dato orientativo es el Índice de Masa Corporal (peso en kilogramos dividido por la talla en metros elevada al cuadrado). Lo normal es un IMC de 24 o 25. Por encima de este valor hasta 29 es sobrepeso, más de 30 es obesidad. Se considera delgadez preocupante cuando el IMC está por debajo de 18.

Sobre el exceso de peso ya hemos hablado desde estas líneas. Ahora, vamos a hacer algunas consideraciones en especial sobre la anorexia. El principal desencadenante del proceso es una pérdida de peso rápida, con frecuencia a consecuencia de seguir una dieta absurda. Los familiares deben estar atentos a una niña que pierda peso rápidamente, sin razón médica. Por eso, nunca se debe poner a dieta a una niña sin consejo médico.