Una jornada de pesca entre Castro Urdiales y Laredo

Salimos en barco por la costa oriental de Cantabria en busca del exquisito y codiciado cabracho

EL MUNDO DE JALED

Amanece en el puerto de Castro Urdiales. El viento sur tiñe con tonos rojos y azules un cielo nublado que parece sacado de la paleta de un pintor. Hoy el mar estará como un plato así que me vendrá bien para grabar una jornada de pesca junto a unos amigos que se dedican a este noble arte que se pierde en el tiempo.

Salimos de la protección de la bahía de Castro Urdiales y enfilamos la accidentada costa hacia Laredo, donde después de unas siete horas desembarcaremos con las futuras capturas.

La costa oriental de Cantabria es sin duda la más acantilada de toda la comunidad. Los montes de Cerredo y Candina acaban en el Mar Cantábrico en enormes acantilados que en algunas zonas superan los 200 metros verticales. Precisamente en estos farallones inaccesibles se encuentra la única colonia en España de buitre leonado que se asienta en acantilados marinos.

Hoy la pesca se centra en el exquisito y codiciado cabracho por lo que otras especies que, de vez en cuando se enganchan en la red, se van liberando. Disfruto con la pesca y observando a un inofensivo escualo que soltamos frente a Oriñón. Hacemos una parada frente a la costa de Liendo donde la ausencia de construcciones en el litoral me traslada mentalmente a las salvajes costas de Escocia e Irlanda. Numerosos ejemplares de aves marinas nos observan desde sus colonias en pequeños islotes y salientes acantilados. Los cormoranes moñudos secan las plumas de sus alas extendidas a un sol que se hace de rogar.

Sobre las tres de la tarde se abre ante nuestros ojos la gran bahía de Laredo y Santoña. La desembocadura de nuestro querido río Asón nos recibe con un cambio de viento que limpia el cielo de nubes y da paso a un sol que por fin calienta un poquito.

Si tenéis la oportunidad de acompañar a unos pescadores en su jornada diaria os recomiendo que no la dejéis pasar.