Guitarras

DAVID REMARTÍNEZSantander

A veces me tumbo en el sofá de la que llego de un día torcido, me coloco dos almohadones bajo la nuca, uno de los grandes y ese pequeño con forma de chicle aplastado que está algo deshilachado (aunque sepa que así le fuerzo más), y dejo que mis huesos vayan donde les dé la gana y que la cabeza descanse de mí. Me pongo los cascos y busco la versión en directo de 'Impossible Germany'. Cierro los ojos: soy uno de los fans que acaban de chillar entre el público al intuir el tema que van a tocar. Estoy seguro de que cuando desaparezca de aquí me quedaré para siempre sentadico junto a esas dos guitarras de la Alemania Imposible, la que se pavonea y la que flirtea, que tontean entre ellas, que se excitan la una a la otra -ay insensatas- hasta que se calientan sin remedio y acaban por convertir el cortejo en un atracón de sexo con su cielo y su beso final. Todo el tramo desde el minuto 4.25 es la felicidad completa del amor cuando suda: «This is what love is for / To be out of place», canta Tweedy, y yo me derrito como una adolescente que ni sabe ni puede ni se entiende, mientras emocionado abro otra Pantera Rosa. Tendrían que ver qué manera de llorar con el bollo en la boca, qué magdalenismo el mío sobre el sofá por mucho que haya escuchado mil veces el himno de Wilco. Hay días en que hasta toso y me pongo hecho un cristo. Se me mezclan el dulce y la sal, y te echo de menos con toda mi incapacidad.

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