Cullalvera, la cueva catedralicia con la pintura rupestre más alejada

El espectacular interior de Cullalvera./
El espectacular interior de Cullalvera.

Situada dentro de un entorno natural a los pies del monte Pando y cerca del casco urbano de Ramales de la Victoria, la cavidad fue estudiada a principios del siglo XX tras la validación del arte parietal de Altamira

MIGUEL RAMOS (EFE)santander

La enorme boca de Cullalvera invita al público a adentrarse en su interior para ver una "catedral de roca" con abstractas formaciones geológicas en un recorrido de kilómetros hacia el "centro de la tierra", hasta llegar a la pintura rupestre "más alejada desde la entrada de una cueva".

Situada dentro de un entorno natural a los pies del monte Pando y cerca del casco urbano de Ramales de la Victoria, Cullalvera fue estudiada a principios del siglo XX tras la validación del arte parietal de Altamira.

Y es que, con indicios de ocupación del Paleolítico Superior, se encuentra enclavada en una zona donde coexisten 14 cuevas decoradas con pinturas y grabados de entre 30.000 y 10.000 años de antigüedad.

El experto y guía turístico de Cullalvera, Joaquín Eguizábal, explica a Efe que esta "cueva de lobos" -cueva lobera- se conoce desde "tiempo inmemorial" dada la enorme dimensión de su entrada que, a lo largo de la historia, ha guardado animales o aperos de labranza y se ha utilizado como bodega o fresquera, e incluso sirvió como parque móvil de la República durante la Guerra Civil.

Pero por miedo a los "peligros" que emanaban de leyendas, "nadie se atrevió a traspasar la garganta" de este complejo kárstico de alrededor de 12.000 metros -6.000 metros en línea recta- hasta que, en 1954, un equipo comandado por el prehistoriador Joaquín González de Echegaray descubrió la mayoría de sus secretos pictóricos rupestres.

No lejos de la entrada se halla el primer testimonio, un animal cuadrúpedo pintado con óxido de hierro rojizo cuyos trazos se encuentran difuminados debido al efecto de la erosión.

Más adelante, a unos 700 metros, y tras pasar por otro círculo borroso, en una pequeña galería lateral se pueden apreciar un conjunto de figuras estilizadas denominadas 'claviformes', tanto en rojo como en negro, que son líneas con protuberancias.

También, en la profundidad de la gruta, aparecen contorneados en la roca unos caballos con carbón vegetal y, finalmente, pasados los 1.000 metros, se encuentra una serie de puntos homogéneos de tonos rojizos que están considerados como la pintura prehistórica más alejada de la entrada de una cueva, junto a las grutas francesas de Rouffignac y Niaux.

Joaquín Eguizábal cree en la posibilidad de que existan otras manifestaciones artísticas "tapadas" y "sin descubrir" dada la amplitud de Cullalvera y la dificultad de efectuar prospecciones arqueológicas.

Una afirmación que justifica en que la pintura difuminada de la entrada es 10.000 años más antigua a las plasmadas en el resto de la gruta, que pertenecerían al periodo Magdaleniense.

Pese a contener arte rupestre, el director del Museo de Prehistoria y Arqueología y de las Cuevas Prehistóricas de Cantabria, Roberto Ontañón, aclara que la mayor parte de las pinturas que alberga Cullalvera "no se pueden visitar", porque el camino es "intransitable" para el público en general.

Tan solo pueden acceder espeleólogos especializados por la sinuosidad del terreno y por permanecer activas corrientes de agua en el sistema kárstico.

Sí es posible observar las espectaculares formaciones generadas por la erosión en la roca gracias a una pasarela, de unos 150 metros, que también está adaptada a personas con movilidad reducida.

A nivel geológico la cueva de Cullalvera es "un libro abierto a la historia", subraya Joaquín Eguizábal, quien detalla que en sus salas de "unos 20 metros de alto por 30 metros de ancho" se aprecian las marcas que ha dejado la presión del agua tras miles de años.

Un espectáculo visual de luces y sombras donde las piedras parecen que cobran vida al tomar la apariencia animal de una tortuga, iguana o jibia, e incluso otras configuraciones más caprichosas a modo de perritos calientes, botellas de Coca-Cola o palos de chupachús.

En relación a los yacimientos, los arqueólogos han encontrado en Cullalvera antiguos huesos de cérvidos y cápridos o restos de sílex, que se unen a pequeños fósiles marinos calcificados en sus paredes y al reciente descubrimiento de "una plaquita" con grabaciones de figuras similares a las pinturas 'claviformes' de la cueva.

Innumerables secretos quedan por escudriñar entre sus sustratos acumulados desde hace cientos de miles de años, donde en días continuados de lluvia vuelve a brotar el río que antaño discurría por sus entrañas, al tiempo que se mantiene ese halo de misterio y de atmósfera fría que envolvió tanto a sus primeros moradores como a las actuales generaciones.