Safaris nocturnos para descubrir Costa Quebrada

Safaris nocturnos para descubrir Costa Quebrada

Durante agosto se harán rutas de diez a doce de la noche para descubrir los misterios de la vida marina

DM .Santander

La playa de La Arnía, en Piélagos, y la de La Maruca, en Santander, comparten no sólo una gran belleza natural o un entorno común, como es su pertenencia a la denominada Costa Quebrada, sino que son, además, dos singulares aulas al aire libre, donde se respira conocimiento.

En ambos lugares, al caer el sol, se encuentran los participantes en los llamados safaris mareales nocturnos, una experiencia única para descubrir los misterios de la vida marina en esta franja litoral de 20 kilómetros, que discurre a lo largo de cuatro municipios cántabros.

Se trata de una actividad organizada por la Asociación Costa Quebrada, cuyo responsable de divulgación, Gustavo Gutiérrez, recuerda que vio la luz en el año 2005, si bien fue en 2007 cuando este recurso, que hasta entonces «no se había utilizado», se puso a disposición del público, en general. Las actividades, que se realizarán durante todo agosto, comienzan a las diez de la noche y terminan a las doce. Aquí tienen más información.

«Es una actividad muy potente porque tenemos muchos recursos para interpretar, muchos seres vivos diferentes, que nos permiten construir una historia con la que el público, además de disfrutar viendo colores atractivos y formas extrañas de vida, aprende muchísimas cosas sobre la evolución de la vida en este planeta», resume Gustavo Gutiérrez.

El responsable de divulgación de la Asociación Costa Quebrada apunta que se trata de una experiencia que se puede vivir y compartir en familia, con niños a partir de 3 años porque, aunque lo complicado es el acceso, no son zonas difíciles de transitar.

Gustavo Gutiérrez explica que la actividad puede hacerse en dos ubicaciones, en la plataforma de abrasión de La Arnía y en la playa de La Maruca, eligiéndose una u otra, en función de cómo esté el oleaje y de las mareas. Lógicamente, si hay dos grupos el mismo día, uno en cada sitio, puntualiza.

«Es ligeramente diferente lo que se ve en un lugar y en otro», advierte el responsable de divulgación de la Asociación Costa Quebrada.

De hecho, afirma que en La Maruca hay más diversidad o podemos ver más seres diferentes, si bien deja claro que «esto no es un zoo o un acuario y las cosas no están ahí puestas sino que hay que encontrarlas y existe una cierta variabilidad».

«Unos días vemos más cosas y otros menos, pero el fuerte de La Maruca es que se ve mucha diversidad», enfatiza Gustavo Gutiérrez, quien asegura que, por el contrario, «en La Arnía es mucho más clara la distribución de los seres vivos y, por tanto, entendemos mucho mejor el funcionamiento del ecosistema».

Una clase inolvidable, al aire libre, en vivo y en directo

A lo largo de algo más de dos horas los participantes, sin importar que sean adultos, jóvenes o niños asisten a una clase inolvidable, al aire libre, en vivo y en directo, en la que, tanto Gustavo Gutiérrez como Víctor García Durán, técnico de divulgación y comunicación, comparten sus amplios conocimientos sobre la flora y fauna del entorno.

En un recorrido que comienza cerca de la orilla, el visitante ve lapas, pero, en esta ocasión, descubre que éstas comen con su único diente las algas microscópicas, que forman una capa sobre las rocas y que van rascando como si de una lima se tratase. También que, por extraño que parezca, las lapas se mueven de sitio, pero siempre regresan al mismo, gracias a un rastro que van dejando.

La exposición continúa y llega el momento de explicar las diferencias entre lapa y caracol. Después, siguen las sorpresas al saber que a los cangrejos, si se les cae una pata, la pueden recuperar o las risas que provoca descubrir que en las rocas bañadas por el Cantábrico crecen fresas y tomates, que, en este caso, llevan por apellido «de mar».

Al avanzar la noche, aumenta la oscuridad y es el momento de incrementar la luz de los frontales para ver erizos de mar, unos equinodermos que no emplean músculos para desplazarse, sino un sistema de agua a presión por lo que no necesitan demasiada fuerza, a diferencia de las estrellas de mar, que si la precisan porque «son depredadores, que necesitan abrir las conchas de los moluscos».

En un aventura repleta de secretos y misterios, los participantes en los sarafis mareales nocturnos también conocen otras curiosidades, por ejemplo, que los cangrejos ermitaños son «muy tímidos» y, por eso, cuando se juntan en las rocas forman lo que los profesionales llaman 'un bazar de ermitaños' o que el pepino de mar, ese que es totalmente blando porque tiene poca estructura, pero sí ventosas en su parte superior, se alimenta de arena.