Los 10 paisajes imprescindibles

Los 10 paisajes imprescindibles

Horizontes volcánicos, desérticos, repletos de lagos, islas solitarias, parques arqueológicos y una flora y fauna exuberante

GUÍA REPSOL

Sin necesidad de salir del país podemos ser testigos de la magia de la naturaleza visitando uno de estos diez paisajes que son puro espectáculo. En cada uno de ellos, además, tendremos la oportunidad de conocer la cultura y gastronomía de la tierra, un valor añadido en cada rincón del territorio español. Estos lugares son mágicos, hay que verlos, al menos una vez en la vida.

Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, Lleida

Situado en plena cordillera de los Pirineos, es uno de los parajes naturales más majestuosos y ricos que existen en España y, además, el único Parque Nacional de Cataluña. Sus más de 200 lagos se rodean de montañas de abetos centenarios, bosques de pino negro, prados alpinos y peñascos. Sumergirnos en el verde y el agua por el Camí dels Enamorats, Sant Maurici, la Roca de la Cremada, o lestany Llong, son algunas de las mejores propuestas que tenemos aquí. Aunque lo más recomendable para disfrutar de verdad este parque es calzarse unas botas y lanzarse a caminar sin miedo y casi sin rumbo, también tenemos la posibilidad de subir en teleférico (solo en verano) hasta el lago Gento, desde donde tenemos unas impresionantes vistas.

Bardenas Reales, Navarra

No es de extrañar que cineastas como el gran Ridley Scott hayan rodado aquí, las Bárdenas Reales son un paisaje de película. En el sureste de Navarra, en la depresión del Ebro, se extiende este singular paraje semidesértico, lleno de caprichosas formas rojizas esculpidas por el agua, la arcilla y la caliza. Este paisaje desnudo e inhóspito propio de otras latitudes, dibuja laderas cortadas, planas mesetas, profundos barrancos y solitarios cerros, inspiración de pintores y escritores y refugio de bandoleros. La rojez de la arenisca nos ofrece un espectáculo inigualable especialmente cuando el sol cae en el horizonte. ¿Un consejo? Recorrer las Bárdenas sobre un 4X4 es una experiencia inolvidable.

Playa As Catedrais, Lugo

Cerca de Ribadeo, la bajamar nos descubre una de las playas más hermosas y solemnes de Galicia, el paraíso soñado por cualquier fotógrafo. Debe su nombre a la curiosa forma de sus acantilados, de más de 30 metros de altura, que han sido horadados por el viento y el agua dando forma a unos espectaculares arcos y bóvedas. Esta curiosa forma en la roca oscura contrasta a la perfección con la claridad de su arena blanca y el azul del mar, ofreciéndonos un precioso paisaje. La mejor manera de disfrutar esta playa es aprovechar la bajada de la marea para pasear con los pies descalzos bajo los arcos, dejando que la brisa del Atlántico nos acompañe.

Formentera

Si nos enseñaran fotografías de esta isla sin saber su origen, podríamos decir perfectamente que se trata de algún lugar del Caribe pero no es así, es uno de los últimos paraísos del Mediterráneo y está en el archipiélago balear. Es una isla pequeña, aunque visitarla nos puede llevar un solo día, olvidarla es simplemente imposible. En sus rincones se esconden paraderos como el faro de La Mola, un acantilado impresionante que Julio Verne describió como el faro del fin de mundo, y la playa Ses Illetes, un pasillo de arena blanca que se adentra en el mar. El clima, el bellísimo equilibrio de colores y la luz, convierten la isla en un edén donde desaparecer en cualquier época del año.

Las Médulas, León

Fueron las mayores explotaciones de oro a cielo abierto que los romanos poseyeron en Hispania y dieron lugar a un entorno paisajístico espectacular. El verde intenso de los castaños, robles y escobas (arbusto típico en la zona) contrastan con los colores rojizos y anaranjados del terreno excavado, de elevaciones montañosas, y de curiosas formaciones arenosas integradas hermosamente con la vegetación. El conjunto muestra un tapiz grandioso e inigualable surgido gracias a la combinación perfecta entre la naturaleza y la mano del hombre. Es tal la belleza de las Médulas que han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Naranjo de Bulnes, Asturias

Este pico, conocido en asturiano como Picu Urriellu, con 2.519 metros de altura, es la cima más desafiante y conocida de los Picos de Europa. A la cumbre sólo pueden llegar alpinistas experimentados, de hecho, es uno de los símbolos del alpinismo en España. Los que no estamos en tan buena forma, sin embargo, también tenemos oportunidad para ver el Naranjo de cerca y disfrutar de su espectacularidad. Tenemos increíbles panorámicas desde la travesía que parte de Sostres y, por supuesto, en el funicular de Bulnes, dos de las alternativas más bellas en la zona. En las cercanías de este espectáculo natural, pequeñas aldeas como Poncebos y Tielve, nos ofrecen además la Asturias más auténtica.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, Huesca

Este Parque Nacional juega con el encanto de los contrastes: desde el hipnótico verde de los valles, hasta la extrema aridez de las zonas más altas, con un protagonista indiscutible, el Monte Perdido, un pico de 3.555 metros de altrua. Los ríos Arazas y Bellós trazan los verdes valles de donde parten los senderos que conducen a las zonas áridas más altas, pudiendo contemplar un paisaje de contrastes entre los cuales se divisan las casas típicas del Alto Aragón, de tejados de losa de arenisca, paredes de piedra y chimeneas coronadas con los curiosos espantabrujas, unas piedras de forma cónica que se colocaban antiguamente para evitar la entrada de maleficios.

Parque Nacional del Teide, Tenerife

El pico más alto de España es uno de los monumentos geológicos más extraordinarios del mundo. Esta imponente montaña, situada en la isla de Tenerife, ofrece una de las muestras de conos volcánicos y coladas de lava más espectaculares del mundo y representa el mejor ejemplo de ecosistema de alta montaña de toda Canarias. Su riqueza biológica se debe a sus especies vegetales y a su fauna invertebrada. Tenemos la suerte de que un teleférico nos lleva muy cerca de la cima, ofreciéndonos una espectacular panorámica del terreno sin tener que caminar demasiado. Observarlo al atardecer o incluso cuando las estrellas empiezan a iluminar el cielo, es una experiencia única.

Valle Baztan, Navarra

En pleno corazón de Navarra se un encuentra un valle pirenaico, por tradición y cultura, de enorme belleza natural. Este lugar de paso del Camino de Santiago es, tras la impresionante Selva de Irati, la mayor y mejor conservada mancha forestal de Navarra e incluso de la península entera. Pasear por esta tierra es perderse en una amalgama de hayedos, barrancos, crestas escarpadas y riachuelos que salen a nuestro encuentro con cada paso. Este valle, cuna del euskera, nos permite disfrutar de la tradición cultural vasca gracias a unos alojamientos muy cuidados y una rica gastronomía local, en la que destacan especialmente las carnes a la brasa y, por supuesto, el queso.

Valle del Jerte, Cáceres

Este jardín de cerezos se convierte en paraíso con la llegada del buen tiempo y la floración. El paisaje se configura con aguas cristalinas, extensos bosques de roble y castaños completando sus rincones con muestras de arquitectura tradicional. En primavera, el manto blanco de los cerezos en flor da una apariencia de bosque nevado. Resulta aún más llamativo cuando maduran los frutos y el blanco cambia a un intenso rojo. Por supuesto, probar el fruto de este valle es otra de las grandes delicias del viaje a Jerte, nada como saborear una cereza recién recolectada. En la zona también podemos degustar otros manjares como la tradicional caldereta de cabrito.

Fuente: Guía Repsol