Radiografía del valle de Carriedo a fines del XIX

JOSÉ LUIS PÉREZ
Un baile a la vieja usanza en un lugar del valle de Carriedo. / ARCHIVO PARTICULAR/
Un baile a la vieja usanza en un lugar del valle de Carriedo. / ARCHIVO PARTICULAR

El investigador Ramón Villegas López ha publicado con 'Cantabria tradicional' una monografía sobre la vida y el periodismo en este valle a partir de un exhaustivo estudio de los contenidos de 'El Eco de Carriedo', un periódico semanal independiente editado por Antonio Marroza en Saro entre 1894 y 1895. Un retrato etnográfico a partir del relato de la vida diaria El panorama periodístico en Cantabria a finales del siglo XIX era notablemente diferente al actual, aunque, en el fondo, los medios de comunicación impresos servían para lo mismo: dar fe de la vida diaria, relatar los principales acontecimientos y sucesos, y ser un vehículo de gran importancia de información y publicidad. Consciente del valor que tienen para el historiador los 'periódicos viejos' como fuente de datos, el investigador Ramón Villegas López, de la empresa editorial que codirige Cantabria Tradicional, ha lanzado en estos días al mercado editorial un interesante estudio sobre el valle de Carriedo a finales del siglo XIX a partir de los contenidos de un pequeño semanal, El Eco de Carriedo, que se editó entre 1894 y 1895.

«Reconozco que soy un gran aficionado a rastrear la prensa antigua -comenta el propio Ramón Villegas- y desde hace tiempo tenía muchas ganas de sacar este libro ya que se ocupa de un valle de la Cantabria interior como Carriedo que apenás ha tenido un protagonismo en la producción bibliográfica».

Detrás de más de ciento cincuenta páginas hay más de un año de trabajo, de decenas de visitas a la hemeroteca de la Biblioteca Municipal de Santander, de horas procesando la información, de búsqueda de fotografías para ilustrar el trabajo... «He pretendido facilitar al lector un recorrido por la vida en el valle en ese periodo, por los acontecimientos políticos, económicos, culturales. El Eco de Carriedo refleja el caciquismo imperante, la miseria e incluso como el valle se asoma a la modernidad cuando se instala una fábrica de quesos. Es una radiografía de un valle olvidado», añade Villegas.

El editor

El semanario comenzó a editarse el 12 de mayo de 1894 y acudió puntualmente a la cita con sus lectores durante 66 semanas consecutivas cada domingo, en concreto hasta el 11 de agosto de 1895. Detrás del proyecto estaba Antonio Mazorra y Ortiz, «un joven y culto abogado», hijo de militar, que había nacido en 1858 en un lugar que aún no se ha podido precisar.

Mazorra cursó sus estudios en el colegio de Villacarriedo y, tras licenciarse en Derecho, posiblemente en Madrid, fijó su residencia en Saro, desde donde editó su semanario. De convicciones religiosas, como se observa en la orientación católica del periódico, políticamente fue seguidor de Maura, y de su paso por la política activa se sabe que llegó a ser diputado provincial y gobernador civil en Palencia y en Guadalajara, ya en el siglo XX.

Los contenidos

El semanario se vendía mediante suscripciones -dos pesetas al trimestre-, contaba con cuatro páginas y sus contenidos estaban en la línea de las numerosas publicaciones periódicas que entonces se editaban tanto a nivel regional como comarcal o local.

Así, en sus páginas se repetía un esquema en el que tenían protagonismo los artículos del director, los textos recuperados de otros medios escritos, la información de tribunales, la sección de noticias con temas variados -redactadas en ocasiones por los corresponsales con que la publicación contaba en algunos pueblos del valle como Villafufre, Selaya, Saro, Villacarriedo, Soto, Bárcena de Carriedo, Llerana, La Canal, Escobedo, Aloños... Pese a todo, Villegas en su trabajo deja entrever que detrás de todo el proyecto editorial estaba principalmente el propio Antonio Mazorra, que a buen seguro «hacía de todo» para que el semanario se mantuviese vivo número tras número.

El Eco de Carriedo como señala el autor de esta monografía «no sólo era un medio de información local, con noticias y asuntos de carácter comarcal, sino que su radio de influencia abarcaba, se podría decir, todo el mundo conocido». Continúa Ramón Villegas destacando que «A rasgos generales, fue un periódico bien informado, fruto de en buena parte de la enorme capacidad de su mentor por estar al día de los que acontecía en su tiempo. Su relación y amistad con personajes del mundo de la cultura, la política, las leyes y la intelectualidad en general, reportaron al semanario un nivel periódistico bastante elevado, teniendo en cuenta los medios con los que se contaba entonces».

No le faltó nunca al semanario un tono reivindicativo y en ocasiones burlesco, pero sobre manera, como destaca el propio Villegas, «es una fuente etnográfica extraordinaria, ya que facilita datos de la cultura tradicional y popular, de los usos y costumbres, del habla, del folklore, de las fiestas y romerías, de los carnavales, de deportes como los bolos, de las explotaciones agropecuarias y de las ferias...

Aunque en aquella época este tipo de periódicos no contaban con fotografías, Cantabria Tradicional ha ilustrado este trabajo de Ramón Villegas con una colección de imágenes de gran valor documental, que complementan la selección de textos de El Eco.

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