La ópera cantada por excelencia

La obra de Amilcare Ponchielli, en versión concierto, llega hoy al Palacio El autor italiano combinó el lirismo con la amplitud de la vena melódica

ROBERTO BLANCO
Giovanna Casolla regresa al FIS para ser 'La Gioconda'. / EFE/
Giovanna Casolla regresa al FIS para ser 'La Gioconda'. / EFE

La dimensión espectacular de 'La Gioconda' de Amilcare Ponchielli procede directamente de la 'grand-opéra' francesa y de sus libretos. Un gran espectáculo sonoro por la amplitud de los medios movilizados (seis papeles vocales principales, coros y una orquesta bien nutrida y sonora), y un gran espectáculo visual por el recurso al ballet (la famosa 'Danza de las Horas') y a las escenas de multitudes y de exterior, potentes en fuerza decorativa o en efectos de masas (el Carnaval, la regata, la batalla naval).

Pero 'La Gioconda' es también un melodrama tanto en el sentido lírico como en el dramático. A este respecto, la acumulación de momentos de fuerte intensidad emotiva dispuestos según las oposiciones de los estados anímicos de los personajes, refuerzan su ambivalencia y la de las situaciones, a pesar de que la sucesión de los golpes de efecto teatrales ponen en peligro continuamente la verosimilitud del argumento.

En el sentido musical, el término melodrama nos remite a un tipo de composición lírica post-donizettiana en que la obra se articula en relatos, escenas y números cerrados claramente identificados (aria, dúo, coro, etc.). La inmediatez de la melodía y la inspiración de Ponchielli nos ofrecen numerosos momentos que se nos quedan en la memoria desde la primera audición. Así, el segundo acto nos presenta una magnífica sucesión de números, todos virtualmente autónomos en razón de su estructura 'a la antigua', cerrada sobre sí misma: la barcarola de Barnaba responde a la 'Marinaresca' coral; las romanzas de Enzo ('Cielo e mar!') y de Laura ('Stella del marinar') se alternan con tres dúos 'en cadena' (Enzo/ Laura, Laura/Gioconda, Gioconda/Enzo). Otros momentos felices de la partitura son el poderoso monólogo 'Suicidio' de la protagonista, el aria de la Ciega para contralto 'Voce di donna o de angelo', el cruel 'Sì, morir ella dè!' de Alvise, o el tenebroso monólogo 'O monumento!' de Barnaba, que hacen que a "La Gioconda" se la haya considerado como la ópera cantada por excelencia.

Debido a la sostenida intensidad dramática de la obra, se habla a veces de verismo respecto a 'La Gioconda', pero la estética de Ponchielli es muy diferente de la de esta escuela. Situada entre el romanticismo y el verismo, Ponchielli prolonga la herencia italiana combinando el lirismo con la amplitud de la vena melódica. Sin duda, el éxito y la popularidad de 'La Gioconda' -pese a la dificultad de programarla por el excepcional sexteto vocal que exige-, y su capacidad de conmover, a pesar de la extraña complejidad de su libreto, se deben a la belleza del canto y a otras características de la escritura musical de su autor, también muy seductoras: su sentido rítmico, el recurso frecuente a ritmos de danza, la profunda intensidad de las escenas intimistas, abiertamente opuestas a las escenas de masas, o el refinamiento de su orquestación.