La torre de Santiyán en la localidad de Puente Arce

Portalada de la torre de Santiyán. / DM/
Portalada de la torre de Santiyán. / DM

En 1331 Abú-l-Hasán llegó al trono del reino de los benimerines en el Magreb occidental e intensificó la pugna que su dinastía mantenía con Castilla, entonces bajo gobierno de Alfonso XI, por el control del Estrecho. En 1340 la estrategia magrebí resultaría completamente desbaratada. La campaña de aquel año comenzó con una victoria de la flota africana en Gibraltar. Seguidamente, al-Hasán desembarcó en Algeciras, donde sus tropas se unieron a las del entonces rey de Granada Yusuf I y se dirigieron hacia Tarifa. El 30 de octubre se enfrentaron y fueron derrotados por el ejército castellano, que contaba con lanceros y barcos aportados por Alfonso IV de Portugal, además de una nueva arma: la lombarda. Aquella batalla librada en el río Salado señaló el comienzo de una serie de victorias que concluyeron con el control castellano del paso del Estrecho.

En el Salado intervinieron los maestres de las órdenes militares de Alcántara, Calatrava y Santiago. Entre los combatientes se contaba el noble de origen cántabro Diego Gutiérrez de Ceballos, que llegó a ser maestre de la Orden de Alcántara -depuesto Pedro I, al negarse a someterse a él-. En Puente Arce (Piélagos) se alza todavía la torre de Santiyán (torre de Velo), que durante la Edad Media perteneció al linaje de los Ceballos y que Diego heredaría de su hermano.

Se trata de una de las fortificaciones construidas en los siglos medievales en las inmediaciones del río Pas. Otras de las que se han documentado son el llamado castillo situado sobre el Monte Tolío (La Picota) y diversas torres privadas que se habrían alzado en Arce, Oruña, Barcenilla, Quijano, Zurita y Carandía. La torre de Santiyán debe en buena medida su supervivencia a que ha sido habitada con continuidad, si bien incorporada a otras construcciones adosadas en el siglo XVII.

El bloque tiene planta cuadrada de 9,5 metros de lado y alcanza los 16 metros de altura. Presenta muros de mampostería con sillares en esquinas y vanos y el tejado a cuatro vertientes, rodeado de almenas tipo capirote -que conserva todavía algunas gárgolas.

Reforma y recuperación

En 1687, a instancias del contador Roque de Santiyán, se procedió a transformar la casa en una residencia. Las obras supusieron la incorporación de dos cuerpos flanqueando la torre -cuyos vanos fueron también modificados-, además de otros elementos, entre ellos una espectacular portalada, que se cuenta entre las más singulares de la región. De su dirección se ocupó el maestro Francisco de Escobedo, vecino de Madrid.

La torre fue declarada Bien de Interés Cultural en 1983 y rehabilitada sobre un proyecto de los arquitectos Eduardo Fernández-Abascal y Floren Muruzábal. En 1998 la fundación Europa Nostra, en unión con el Instituto Internacional de Castillos Históricos y Christie's, reconoció el trabajo de ambos profesionales, premiando la escalera situada en el interior de la torre, eje de la reconstrucción.

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