La verdad sobre el GAL

RICARDO ARQUES

Señor director:

Mi nombre es Ricardo Arques, periodista de profesión. En el verano de 1987 comencé a trabajar en 'Diario 16', periódico después desaparecido, para proseguir la investigación de los GAL que había iniciado un año antes en el diario bilbaíno 'Deia'. Las indagaciones periodísticas sobre la trama terrorista de Estado habían deambulado hasta entonces por la nada, pero un año antes de ese verano dos periodistas portugueses, Celestino Amaral y Joaquím Vieira, brindaron el primer gran hallazgo al identificar al subcomisario José Amedo Fouce en la clave de la trama. Después vino el resto, mis contactos con la dirección de los GAL y sus pistas para poder confeccionar un organigrama completo de la organización. Tuvo especial relevancia el descubrimiento del zulo de los GAL en el col de Corlecou, Francia, a partir de los planos que me proporcionaron mis fuentes en la dirección de la organización. El zulo fue el hilo conductor de la gran investigación sobre el terrorismo de Estado, pues, entre otras cosas, logró abrir por primera vez sumarios judiciales en Francia y España y permitió encasillar a los GAL como organización terrorista por uno de los documentos encontrados, estampado con un sello como el de ETA pero con la cabeza de la serpiente cortada por el hacha y la leyenda "Grupos Antiterroristas de Liberación".

Ese fue el primer trabajo que publiqué en 'Diario 16' y lo hice junto a Melchor Miralles por petición expresa del entonces director del periódico, Pedro J. Ramírez. Después vendrían muchos a lo largo de siete años, buena parte recogidos después en el libro 'Amedo, el Estado contra ETA', de gran éxito editorial. Y algunos trabajos más durante 1995 y 1997 desde la redacción de 'El Mundo'.

No es posible explicar una historia de largo alcance sin su inercia y su desarrollo, a menos que interfieran ambiciones inconfesables. La perspectiva del tiempo indica que nada hubiera sido posible sin las fuentes primarias de la dirección de los GAL que empujaron la bola de nieve por la pendiente. Llevo varios años trabajando fuera de España y observo atónito desde la distancia la manipulación con que se cuenta la historia periodística de los GAL. La reciente película, sin ir más lejos, está protagonizada por un hombre y una mujer, cuando en realidad fuimos dos hombres. Es una ficción sobre hechos reales, cierto, pero no tanto. El hombre de esa ficción, por ejemplo, se llama Manuel Mallo, seudónimo oficial con el que se identifica Melchor Miralles para ciertos trabajos. A todo ello se pueden sumar declaraciones, entrevistas y todo un rosario de trampas que faltan a la realidad que reflejan las hemerotecas y los hechos.

Soy un periodista devoto de la regla donde la noticia siempre es más importante que quien la hace, lo que evita el vampirismo, pero siento ahora la rabia acumulada de quien le roban la cartera todos los días. Cierro cualquier polémica con esta carta porque mi conciencia está tranquila por un trabajo de riesgo, limpio y honesto. Simplemente hago una reflexión pública en torno a dos preguntas: ¿Por qué esa obsesión en rapiñar mi trabajo?, ¿y por qué tanta ingratitud?

DNI: 14.945.055

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