Ante el X aniversario de la muerte del escritor López Aranda

JESÚS PINDADO

Estamos en el aniversario del fallecimiento del dramaturgo cántabro Ricardo López Aranda, ocurrido el 25 de noviembre hace diez años: parece ayer pero el tiempo pasa aunque no se disuelva la obra creativa cuando tiene valor y la asistencia de personas con delicadeza y perseverancia como la de su vida, la fina e indesmayable Germaine Jagu. Ella trata ahora con buen y cariñoso criterio de que se publique la valiosa literatura infantil de López Aranda y está haciendo gestiones para ello en Madrid y pretende también que se lleve a cabo un archivo de la obra de nuestro autor. En efecto, entre otras cosas queda por publicar su teatro infantil, obras como 'El cocherito Lere' 'El Pájaro azul' de Maurice Meaterlinck y su versión infantil de "El Quijote de la Mancha" que pronto se enviará para integrarla en la biblioteca virtual Cervantes de Alicante.

Pienso que no se puede fácilmente tildar a Ricardo López Aranda de de hombre religioso o de izquierdas o derechas sino de una persona de su época (nació en Santander en 1934), muy idealista eso sí, que quería que el mundo fuese mejor y comunicarlo él a través de su teatro y de sus obras en T V. (¿No es esa la misma opinión de la propia Germaine?...) Puede que López Aranda se pueda definir algo, independientemente de la perspectiva estructuralista, a través de indicios de sus obras. Primero en "Cerca de las Estrellas" (estrenada a sus 27 años en el María Guerrero madrileño recibiendo el Premio Calderón de la Barca) con algunas variantes, pues era su vida misma. Valdría la pena repasarlo.

Sí, López Aranda, como recordaba su viuda en la intervención que le pedí en junio de 1999, se sintió siempre poeta aunque por años escribiera en esta clave solamente para él, dejara para después de su muerte la recopilación titulada "Biografía secreta" y no diese a conocer más que 'El crisantemo y la cometa' en la buena colección La Sirena del Pisueña en 1995. Arturo Del Villar, a quien pedí contactase en su momento a Germaine (lo cual hizo con diligente presteza, cabal sentido amistoso y fino resultado) ha hecho, asimismo, un buen estudio de Ricardo. Pero no está realizado ese contraste entre lo íntimo, lo inédito del teatro y lo llevado a las tablas. Es un desafío pendiente.

Quedan importantes manuscritos suyos, de algunas obras prácticamente sin retocar y de poemas, que aunque se publicó "El crisantemo y la cometa" falta mucho por ser analizado y por estudiarse, un trabajo profesional a realizar que gentilmente inició Arturo del Villar. Por cierto, se acaba de reponer "Isabel Reina de corazones" estrenada por un grupo de aficionados en el Festival Sur de Fuenlabrada (también en Belmonte) que se puede encontrar pinchando IITM. Lo que más le ilusionaba siempre a Ricardo era eso, estrenar, ver su texto representado y en definitiva comunicar con el público por lo que era, antes que nada, autor de teatro. Su obra más querida y de la que estaba más orgulloso (que quizás le hubiera animado a escribir otro tipo de teatro si se hubiera estrenado) pero la que amargó algo la vida es "Yo, Martín Lutero", escrita en 1963 y publicada en la editorial La Avispa en 1984. No se estrenó en su tiempo pero más por razones políticas que estrictamente por censura. ¿No será ahora una buena ocasión?. Sí debe recordarse que dos años antes de su muerte, en 1994, estrenó una obra en el FIS en Cantabria.

En Santander, antes de su marcha a En la vida de Ricardo, aunque ella se haya escondido un poco siempre, no se puede pasar de largo que ha sido providencial Germaine Jagu sin que deba negarse lo intransferible del muy personal talento literario de López Aranda. Pero Germaine, discreta y sistemática en sentimientos -y en consistencia amistosa de verdes y maduras- no gusta de traspasarse ni transparentarse. Ricardo, hijo de su época y celoso cabeza de familia, era un artista y también lo era bastante de las tablas sociales. La señora Jagu prefiere siempre pasar desapercibida o que se diga de ella lo imprescindible -la ficha oficial- pero era buena y reconocida maestra y ahora sigue en Madrid como activa y valorada profesora de cultura francesa y del idioma. No se puede hablar de Ricardo y no hacerlo de Germaine; según la secreta biografía poética del dramaturgo fue -y sigue siendo- el surtidor de agua// y el pájaro y el alba de un hablante lírico íntimo que soñaba con "una ciudad muerte, vaciada de hombres". Ciudad esta nuestra en la que todos tuvimos ocasión de ver su lucha con el miedo a morir tras el primer grave amago de salud. Su afán de continuar existencialmente siendo útil. ( "¿Qué alegría estar vivo, Jesús!", es la escueta noticia manuscrita en tinta verde de uno de sus tarjetones).

Diez años ya de la muerte de López Aranda. Es hora de hablar un poco de Germaine Jagu, silenciosa musa y esposa, nacida en un norteño pequeño pueblo francés, Missillac, que tiene un bello castillo en donde pasó toda la infancia, estudió en un internado en Nantes y trabajó como maestra en su pueblo y también en Nantes y Paris. Un sociólogo ha apuntado que formaría parte de una juventud francesa que se iba al sur para encontrar nuevos horizontes. Vino a España para enamorarse dejándole buen sitio a la nostálgica fidelidad de su infancia en el país vecino. La intención de Germaine era la de aprender español y luego inglés para ampliar sus conocimientos y se enamoró de Ricardo y de Santander.

Conoció Germaine Jagu a López Aranda en el Ateneo santanderino a principios de los años 60, en donde, a pesar de las vicisitudes de aquella España, Santander le parecía una ciudad muy abierta a la que siempre vuelve. Se casaron en 1963. López Aranda adoraba a sus hijos, hasta patológica podría parecer su fervor por su hijo Ricardo, hoy diplomático de la Representación Permanente de España en el Consejo de la Unión Europea en Bruselas. Verónica, consultora a nivel europeo en estrategia y marketing - que se ha ido orientando hacia proyectos culturales- vive en París, trabaja en nuevas tecnologías y es periodista independiente. Por cierto, ella está ultimando una página web. que se lanzará próximamente y que contiene más de 50 páginas sobre la obra paterna.

Me consta cierto interés mostrado por al rector de la UC e incluso por el presidente del parlamento cántabro, Miguel Ángel Palacio, y no veo que no se pudiera encargar una digna representación conmemorativa de alguna de las obras inéditas de Ricardo si se interesaran, a su vez, el consejero cultural López Marcano o el concejal César Torrellas.

No digamos si sirviese que lo alentase el presidente regional como lo hace con entusiasmo para el folclore o los temas populares y populistas. Para el buen trabajo realizado en torno al aspecto teatral de la obra ricardiana en la Universidad de Alcalá de Henares ya hubo inteligente apoyo de la Consejería de Cultura de Cantabria. A pesar de su prematura muerte, López Aranda sigue siendo un autor vivo porque hay material novelesco y ensayístico inédito además del teatro infantil por estrenarse y ponerse en marcha. No digamos el Lutero que aborda aspectos del poder y le tenía orgulloso y a la vez frustrado.

Entrañable Ricardo tal vez, volviendo a una respetuosa opinión de su viuda -la elegante y fina, sencilla Germaine- "desgarrado entre la lucidez y la inocencia". Así lo apuntó certeramente en la breve y brillante intervención que a mi solicitud hizo para ALDEEU en la primavera del año 1999.

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