ANTONIO VEGA / «La movida se ha ensuciado con intereses comerciales»

«Paso por un gran momento», confiesa Antonio Vega, el ex líder de Nacha Pop, que ve «aún verde» el regreso del popular grupo de la cultura musical de los años 80.

TEXTO:JOSU OLARTEFOTO:PEDRO URRESTI
ANTONIO VEGA / «La movida  se ha ensuciado  con intereses  comerciales»

La mirada esquiva, el cuerpo enjuto, el rostro afilado y la voz trémula. La intensa trayectoria vital de Antonio Vega le ha pasado factura a este artista, reconocido como uno de los más personales y respetados compositores del pop español. El deterioro físico y sentimental propició en su día un prematuro homenaje con tufo póstumo y, recientemente, un trabajo postrero como '3.000 horas con Marga', marcado por la pérdida de quien durante cinco años fuera su compañera, confidente y representante.

Pese a que se haya distinguido por filtrar temas memorables en discos irregulares, parte de la crítica y un amplio segmento de seguidores fieles se han rendido siempre a la expresividad y la impronta melancólica, evasiva y terminal que, a su pesar, arrastra desde que se lanzara en solitario en 1991 con 'No me iré mañana'. Pero, como tantos otros artistas con su perfil creativo, Antonio ha hecho catársis con la música y dice pasar por una etapa «lo suficientemente buena» como para recuperar, junto a su primo Nacho García Vega y Carlos Brooking, el recuerdo de Nacha Pop, uno de los grupos que contribuyeron al amanecer musical de toda una generación. No llegaron a consolidarse como otros de sus coetáneos, pero quedaron tan anclados en la memoria como para acabar cediendo a la tentación de regresar.

Antonio Vega habla de su pasado, su realidad presente y el posible retorno de unos Nacha Pop con los que, más de quince años después, volvió a actuar en junio en el estadio Vicente Calderón en el marco de un gran concierto de 40 años de música que ya está editado en DVD. Una reunión coyuntural que tuvo su continuidad el 30 de septiembre dentro de 'La Edad de oro del pop español', recital retrospectivo promovido por el propio Nacho García Vega que amparó adaptaciones sinfónicas de clásicos de los 80, entre los que no faltaron temas de Nacha Pop como 'Lucha de gigantes', 'Grité una noche' y la imperecedera 'Chica de ayer', que pasa por ser la canción más recordad de la historia de la música popular española.

Antes de cualquier regreso grupal, Antonio Vega volverá a pisar, con toda probabilidad, el escenario del BNS la próxima primavera, donde ya dejó síntomas de su volubilidad en dos conciertos históricos y totalmente contrapuestos allá por 2004. También el pasado mes de abril estuvo en Caja Cantabria, lo que pone de manifiesto su especial querencia por una tierra que ha inspirado más de una de sus canciones.

-¿Le abruma que le consideren poeta?

-Supone un halago, un reconocimiento que aumenta mi autoestima, pero también me produce un poco de apuro porque pienso en los grandes poetas y veo que no les llego ni a la altura del betún. Pero lo cierto es que disfruto incorporando a la música textos que tengan un valor propio, que no sean un mero añadido. Tengo muchas cosas escritas y, de hecho, he empezado a trabajar en una recopilación de mis letras y de algunos otros textos en forma de ensayo. Es algo que me apetece mucho a hacer.

-Viene de actuar en un formato casi opuesto. ¿Qué impresión le ha dejado interpretar sus temas con una orquesta sinfónica?

-Total, ha sido una experiencia. Aunque ha costado, ha sido muy excitante. El enfoque era muy distinto pero ha funcionado tan bien que es como si estas canciones estuvieran hechas así desde el principio. En definitiva, sólo ha sido otro planteamiento para el lenguaje de la creación. Aunque no lo parezca, la instrumentación sinfónica es absolutamente complementaria. Hemos buscado la naturalidad, vestir de una manera nueva y original a las canciones.

Reencuentro

-Lo ha hecho además con la formación original de Nacha Pop, una reunión que ya ensayaron en junio en el Calderón.

-Sí, y fue algo muy agradable y especial. Sobre todo, porque tanto ellos como yo estamos en un buen momento. Y yo siempre dije que nuestro reencuentro tendría que darse en un momento. Creo que se puede volver a un lugar que dejaste atrás, pero ese vieja idea sólo tiene sentido para aportar algo del presente, no para simplemente recordar épocas gloriosas. El reencuentro pasa por un disco nuevo que dé continuidad a lo que hicimos.

-¿Trabaja ya en ese disco que certifique ese regreso del que se habla desde hace tanto tiempo?

-No, tengo canciones escritas pero para un próximo disco mío. Para la vuelta de Nacha Pop la cosa está aún verde, pero el concierto de Los 40 en el Calderón sirvió para pulsar la idea y ver que, a pesar de que hemos cambiado, aún hay complicidad. Para volver con un grupo es necesario chequear las cosas en el escenario porque ahí se dan situaciones muy especiales. Ha sido necesario mirarse y ver si podíamos dar ese paso.

-El momento parece propicio. Al concierto y disco de 'La Edad de Oro del pop español' se añade esa gran muestra multidisciplinar sobre el 25 aniversario de la movida en la que van a participar.

-Sí, pero todo eso no responde a ninguna estrategia ni plan, son coincidencias circunstanciales. Nos han invitado a dar un concierto en enero en una sala de Madrid (día 17, en la sala El Sol) pero a lo mejor lo habríamos hecho de todas maneras.

-La comisaria de la muestra, Blanca Sánchez, ha hablado de la necesidad de recuperar al espíritu de la llamada 'movida'. ¿No se ha mitificado demasiado? Gente que se ha negado a participar como Alaska sostiene que era cosa de un grupo muy reducido.

-Es verdad, pero eso siempre pasa con las todas las revoluciones que empiezan desde abajo, lo mismo se puede decir del punk y de Mayo del 68. Las cosas grandes empiezan siendo pequeñas y, antes de que la prensa generalizara el término, la 'movida' era una reunión de gente con ganas de hacer cosas en un bar de Madrid. Fue como un estallido colectivo en diferentes disciplinas. Pero más que reivindicar ese espíritu, lo que habría que hacer es valorar aquello.

Matar la 'movida'

-¿Cree que no se ha reconocido lo suficiente su aportación al desarrollo cultural del país?

-No se ha valorado aquello como se debiera. Se tiende a rechazar la idea de los 80 porque, más allá de la nostalgia, se ha ensuciado con intereses comerciales. Yo reclamo un reconocimiento en el plano artístico y cultural. Lo que hay que recuperar es la iniciativa, no tener miedo a hacer cosas y no creer que todo está perdido antes de empezar.

-Una de las mesas redondas anunciadas se titula '¿Quién mató la movida?' ¿Tiene respuesta?

-Es que esa efervescencia no se puede mantener indefinidamente, es como el enamoramiento. Fue al ritmo de la evolución de los tiempos. Con el cambio político era lógico que surgiera una juventud dispuesta a comerse el mundo. Aquella creatividad no se agotó ni murió, sino que se encauzó, porque formaba parte de un proceso. Cumplió su labor, dio sus frutos y preparó el terreno para lo que vino después.

-También creó mitos, mártires y artistas de culto con vitola de malditos. ¿Le molestan los clichés en torno a su persona? ¿Cree que ha contribuido a labrarse su fama de personaje melancólico, torturado, solitario o autodestructivo?

-El problema es que la gente que más habla desconoce muchas cosas sobre mí. Más que ajustarse a la realidad, creo que es la consecuencia de haber sido sincero. Yo pasé por una etapa en la que tuve muchos problemas con la heroína que nunca oculte y ello me creó ese halo de maldito, que incluso alguien trató de rentabilizar con un disco de tributo ('Ese chico triste y solitario') que, además de parecer póstumo, no respondía a mi carácter.

-¿Se puede intuir cómo es en realidad Antonio Vega por las letras de sus canciones?

-En parte sí, porque mis letras son muy descriptivas. Aportan muchas visiones, pero esos fotogramas no siempre responden a la realidad. Aunque no lo parezca, me considero una persona con mucho sentido del humor, que se pasa la mayor parte del día riendo y que ha tenido la suerte de conocer a una mujer que también lo hace. Me siento una persona querida y que se relaciona con facilidad. Suelo estar rodeado de gente querida, lo que no quita para que busque momentos de soledad bien entendida.

El 'legado' de las drogas

-¿Hablar abiertamente le ha servido como terapia para sus problemas con las drogas?

-Claro, mentir sobre eso no tiene sentido. Al final todo se sabe y afecta a tu credibilidad. La sinceridad me ha ayudado a dimensionar el problema. Las drogas son una enfermedad, una patología que puedes superar si valoras tu existencia. Te acostumbras a una medicación y el resto del día lo tienes para hacer lo que te gusta; el tratamiento pasa a ser irrelevante.

-¿Y cómo es que un apasionado de la física como usted apostó por la química, por los estupefacientes?

-Bueno, las emociones también responden a reacciones químicas, es algo intrínseco a la condición humana. Pero, para mí descubrir la heroína fue algo prodigioso: no sólo estaba bien vista en el rock, sino que te situaba por encima de todo el mundo y te daba un bienestar acojonante. Entonces no había información ni ejemplos en la calle y para cuando te dabas cuenta tenías un monazo increíble. Teníamos ganas de probar todo y no veíamos los estragos ni la huella que han dejado en mi generación.

-¿Cómo encara la madurez un compositor de versos como 'Ojalá me condenaran a la niñez'?

-Bien, aunque sigo pensando que crecer es muy complicado y, más allá de tópicos, reivindico el sentirse joven. Creo que, como el rock, es una actitud ante la vida. Lo que cuestiono es la madurez mal entendida, el que con la edad se pierda el entusiasmo por la vida. Todos deberíamos sacar a ese niño que tenemos dentro.

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