Soy médica y no estoy en huelga

ANA HERVÁS SAMPERIOMÉDICO DE ATENCIÓN PRIMARIA DE LA ZONA DE SALUD DE COLINDRES

Llevo, como tantos compañeros-as, muchos años trabajando en exclusiva para el sistema público de salud como médica de familia en Atención Primaria.

He percibido salarios inferiores al actual durante la mayor parte de ese tiempo, aportando energía y entusiasmo a mi quehacer cotidiano en condiciones más precarias, pues no obtuve, por la dejadez de sucesivas administraciones, mi plaza en propiedad por oposición hasta pasados los cuarenta, también como muchos otros compañeros-as. Desde el mes de noviembre de 2006 mi sueldo se ha visto incrementado, como casi todos saben, en 3.000 euros brutos anuales al serme reconocido (concedido no me gusta, porque es producto de mi trabajo) el grado I de carrera profesional (he solicitado el grado III que me corresponde por tiempo trabajado, pero aunque la Administración se comprometió al reconocimiento del grado real en enero de 2007 ha transcurrido más de la mitad de dicho mes y aún no se nos ha llamado a presentar los méritos que justifiquen nuestra solicitud.)

Gano más, como les decía, que en 1995 o que en el año 2000, por poner un ejemplo, y a pesar de ello, no sé qué me pasa desde hace ya muchos meses que no estoy contenta... Ahora mismo no me quejo de mis ingresos ,aunque no rechazaría que éstos fueran superiores, tampoco me quejo de las demandas de los usuarios ni de sus exigencias, ni siquiera de las que considero injustificadas y desproporcionadas, es lo que da la edad, que aceptas y comprendes e incluso empatizas más, porque resulta que a ti también, a pesar de ser médica-o, te van doliendo los huesos y el alma y las pérdidas de todo tipo.

No me quejo de mi horario laboral, me parece justo, ni de mis compañeros de equipo de los diferentes estamentos que realizan diariamente su trabajo de la forma más honrada y efectiva que saben a pesar de las limitaciones de espacio (pasen y vean mi consultorio rural de Bádames), medios humanos y materiales, conflictos, sinsabores y dolores que esta profesión conlleva, porque también tenemos nuestro corazoncito y a veces hasta lloramos ante la muerte o la enfermedad de nuestros pacientes. A fin de cuentas el roce hace el cariño.

No sólo no me quejo sino que a pesar de las arrugas y las canas creo no haber perdido aún el norte (o el sur, que más dará) y sigo creyendo en una Medicina pública, gratuita donde la igualdad en salud sea una realidad para pobres (que desgraciadamente sigue habiendo) y ricos. Es más, no toleraría que fuese de otra manera y ahí sí que sería la primera en encabezar todo tipo de actos de protesta.

Recibí esperanzada el nombramiento de la actual consejera de Sanidad, Charo Quintana, hace casi cuatro años, compañera, amiga y correligionaria de luchas estudiantiles en los años de la transición, por quien siempre tuve gran respeto como persona y profesional.

Han pasado, como digo, casi cuatro años y desde hace, digamos que tres, me pasa algo muy curioso: sigo encontrando sentido a mi profesión, sigo disfrutando en mi consulta, me sigue satisfaciendo el trato diario con mis pacientes salvo ocasionadísimos berrinches anecdóticos; en definitiva, sigo creyendo en lo que hago y, sin embargo, tengo permanentemente un come-come provocado por pequeños pellizcos casi diarios que recibimos de las altas instancias que originan que tanto mis compañeros más cercanos como yo misma nos enfademos, no entre nosotros ni con los pacientes -al contrario estamos más unidos que nunca- sino con eso que se llama la Administración. Nos sentimos insultados, ninguneados, aquí y ahora se ha sustituido el principio constitucional de la presunción de inocencia por el de todos somos culpables mientras no se demuestre lo contrario, somos peseteros, mezquinos y parece que no trabajamos o trabajamos pero muy mal; recientemente hubo una encuesta entre la población cántabra en la que parece ser que los usuarios se mostraban razonablemente contentos con la atención recibida en Primaria, así lo manifestaron la señora consejera y el señor gerente del SCS en rueda de prensa. aunque según se desprendía de la lectura de la prensa el mérito se debía a las geniales directrices de dicho Servicio Cántabro, pues en ningún momento se nos citaba a los profesionales como responsables o al menos corresponsables de dicha satisfacción. Raro, ¿no?

Ahora les voy a contar de qué me quejo:

Me quejo de que se nos tache de enemigos o adversarios políticos y de que se hable de la derecha médica; personalmente no conozco a profesionales de Atención Primaria de derechas. Además, en el 2007 ¿me pueden explicar qué es la derecha y qué es la izquierda? ¿Hay buenos y malos? ¿Quiénes son los unos y los otros? ¿Por qué los actuales dirigentes sanitarios autodenominados de izquierdas utilizan maneras dignas de cualquier dictadura, no sé si de izquierdas o derechas porque la dictadura es dictadura, y como decía mi abuela republicana, muy refranera, exiliada y con esa inteligencia preclara que da la amargura del desencanto, los extremos se tocan y los políticos son los mismos perros con distintos collares? ¿Seríamos ella y yo de derechas sin saberlo ni desearlo?

Me quejo de tener que utilizar a diario el vehículo y la gasolina que yo pago a disposición de la empresa. Me quejo de que cuando sufrimos accidentes en ese cometido no sólo no se nos ayude económicamente sino que no haya una llamada para interesarse por nuestra salud, suponiendo que sobrevivamos a dicho accidente, pues ha habido compañeros que permanecerán para siempre en nuestro corazón que no tuvieron tanta suerte. Me quejo de que todos los años se nos cite en Hacienda como si fuésemos delincuentes fiscales por desgravarnos 2.000 euros de nuestros ingresos por dicho concepto. Me quejo del estado de crispación permanente al que nos tienen sometidos, llegando en el caso de algunos compañeros a una auténtica 'caza de brujas' por extraños y misteriosos motivos que no tienen nada que ver con el desempeño de su labor.

Me quejo de que se nos tome por menores de edad ética e intelectualmente y se crean en posesión de la verdad única y absoluta.

Me quejo de que reorganicen (así llaman a desorganizar lo que estaba organizado y funcionaba) el trabajo de los equipos y que tanto trabajadores como usuarios estén descontentos con esa nueva 'organización'.

Me quejo, más que de ninguna otra cosa del tono agresivo, intimidatorio y vejatorio y de la falta de respeto que utilizan en las escasas ocasiones en que 'dialogan' con nosotros usando sistemáticamente el insulto, la amenaza y la descalificación personal y profesional.

En Primaria no vamos a la huelga porque estemos contentos, sino porque estamos 'quemados' y más que el cabreo lo que predomina es la tristeza y la desesperanza y ambas son malas compañeras de la lucha

Y porque nuestras quejas y nuestros motivos son tantos, tan etéreos y tan dispersos como puede comprobarse en este escrito que no sabemos por dónde empezar a reivindicar.

Me quejo también de no saber dónde ni a quién quejarme.

Quiero aprovechar este medio, que hasta ahora me había resistido a utilizar por pensar que los trapos sucios se lavan en casa, para decirle a la señora consejera, desde el mayor respeto, unas pocas obviedades: escuche a sus profesionales, descienda del Olimpo, nadie conoce mejor una casa que los que habitan en ella, somos profesionales éticos, trabajadores, responsables en la gestión de nuestros recursos, que nos formamos continuamente para ofrecer una asistencia de calidad a nuestros ciudadanos; es mucho más fácil alcanzar acuerdos con la exposición mutua de razonamientos, la escucha y el diálogo auténtico que con la imposición y la descalificación sistemáticas. Descalificar a los profesionales es descalificar el sistema y no quiero pensar que un gobierno socialista consiga con esta descalificación dar al traste con la Sanidad Pública. No nos meta a todos en el mismo saco: en la Sanidad como en la Humanidad cada individuo es único e irrepetible.

Hoy escribo porque no puedo más. Me quejo de que se nos tache de adversarios políticos y de que se hable de la derecha médica; personalmente no conozco a profesionales de Atención Primaria de derechas

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