La gran familia de Román Calleja

El director cántabro estrena mañana en el Palacio 'Llama un inspector', obra que «ataca la conciencia del ser humano» y «fustiga la ética y la moral de la sociedad»

JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZSANTANDER
En primer término, de izqda a drcha, Paco Valladares, Juanjo Seoane y José Luis Pellicena. En segunda fila, Iván Gisbert, Román Calleja, Concha Cuetos, Guillermo Muñoz y Lola Manzanares. / M. DE LAS CUEVAS/
En primer término, de izqda a drcha, Paco Valladares, Juanjo Seoane y José Luis Pellicena. En segunda fila, Iván Gisbert, Román Calleja, Concha Cuetos, Guillermo Muñoz y Lola Manzanares. / M. DE LAS CUEVAS

Como una gran familia. Bien avenida y que no se desmorona ante las adversidades o imprevistos. Así se presentaron ayer en Santander los responsables de la nueva versión de la obra de teatro 'Llama un inspector', que coincidieron en destacar el buen ambiente que ha rodeado, tanto dentro como fuera de los ensayos, la preparación de este montaje que se estrena mañana, viernes, en el Palacio de Festivales. Una obra con un marcado sello cántabro, no sólo por el lugar de sus primeras representaciones, sino por su productor Juanjo Seoane, su director, Román Calleja, el autor de la adaptación, Juan Altamira, y uno de sus seis protagonistas, Guillermo Muñoz.

José Luis Pellicena, Francisco Valladares, Concha Cuetos -que sustituyó a la inicial María José Afonso-, Iván Gisbert y Lola Manzanares son los otros cinco intérpretes de este clásico del teatro inglés escrito por el admirado J.B.Priestley durante el invierno de 1944-45, que habla de la ética, del amor, de la responsabilidad y la culpabilidad, y que fustiga la moral de la burguesía inglesa de principios del siglo XX. «Forman el mejor reparto que se podía conseguir para una obra de gran mordiente social que siempre engancha al público», manifestó Seoane, que ejerció de 'maestro de ceremonias' de la presentación de 'Llama un inspector' ante los medios de comunicación.

Aunque el texto original se am-bienta en 1910, la versión realizada por Altamira para esta producción traslada la acción a 1939, meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Por ello, no sólo critica la alta burguesía de la época, sino también a la guerra, según explicó hoy el productor durante la presentación de la obra.

«Tiene todos los elementos para conseguir ser un éxito: cuenta con un gran equipo de actores y profesionales, engancha al espectador desde el principio y le mantiene pendiente durante toda la acción», aventuró Juanjo Seoane. De hecho, hace semanas que se agotaron las entradas para las dos sesiones habituales de viernes y sábado (20,30 horas) y se ha tenido que programar una nueva función, para la que aún quedan localidades, que se pondrá en escena el mismo sábado a las 18,00h.

Tras su paso por la capital cántabra, una veintena de ciudades españolas esperan recibir la obra, que llegará a «alguno de los grandes teatros» de Madrid en 2008. Todos los miembros del equipo se felicitaron de que el estreno sea en Santander, pero el más expresivo fue Paco Valladares, que destacó que «es una ciudad que siempre ha demostrado un gran interés y amor por el teatro, algo que ya no percibe en Madrid, donde el amor por el teatro se ha ido a hacer puñetas». El popular actor aseguró que en la actualidad «donde realmente saben apreciar el teatro es fuera de Madrid, le dan la importancia que tiene» y que se sienten «muy bien acogidos en cualquier lugar que visitamos».

El lado oscuro

La historia del drama 'Llama un inspector' se desarrolla en la casa de los Birling, un rico industrial de la ciudad inglesa de Brumley, en la que se celebra la petición de mano de su hija. En ese momento se presenta un inspector para investigar un crimen y empiezan a salir a la luz los perfiles «más oscuros» de los personajes.

«El montaje se plantea como una crítica a esa sociedad y deja ante la vista del público los vicios y lacras de aquellos que gozan de gran apariencia y responsabilidad. La obra habla de la ética, que, por desgracia, se encuentra hoy en desuso, pero también sobre el amor, la responsabilidad y la culpabilidad...», explicó Román Calleja, director que ya mostró su querencia por el tema de la ética en la obra 'Copenhague'. El cántabro disertó de forma detenida la filosofía de la creación de Priestley, la trayectoria profesional y personal del autor y sus propias líneas de trabajo, basadas en el consenso, el trabajo en equipo y la intensidad.

José Luis Pellicena, encargado de dar vida al papel de inspector, coincidió con la visión del director al apuntar la intención de Priestley de «atacar la conciencia del ser humano y fustigar la ética y la moral de la sociedad del momento». El actor explicó que al principio le preocupó la complejidad de su personaje, porque «debe ser al mismo tiempo claro y oscuro, real y mágico». Temores que desaparecieron una vez empezaron los ensayos con la colaboración de sus compañeros y el apoyo de Román Calleja, cuyo trabajo alabaron los actores, todos, los veteranos y los jóvenes. «Es un gran director de actores y un gran persona», resumieron.

Valladares, especialmente reivindicativo al sugerir a la ministra Carmen Calvo la necesidad de una 'Ley de teatro' al igual que la que debaten para el cine, agradeció «la oportunidad» que le da 'Llama un inspector' de «encarnar después de mucho tiempo a un personaje dramático, el del padre de familia Arthur Birling, que, además, no tiene nada que ver conmigo ni se parece al resto de papeles que he interpretado a lo largo de mi carrera».

A su lado, su mujer sobre las ta-blas, Concha Cuetos (Margaret Birling), que, en este caso, demostró su amor de siempre, pero por Priestley, al que recordó interpretar la mayoría de sus obras en el 'Estudio 1' de TVE. Y también el «gran romance» que ha iniciado al conocer a Calleja, que espero «sea duradero».

Y si todos están radiantes de felicidad en estos días previos al estreno, el que no puede ni siquiera disimularlo es Guillermo Muñoz, joven actor cántabro que lleva ocho años en Madrid y que regresa al lugar donde dio sus primeras clases de teatro para reencontrarse con compañeros, amigos y familiares. Lo dicho, una gran familia.

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