El tejo de Lebeña: Crónica de una muerte anunciada

IGNACIO ABELLA MINADE LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL TEJO *

Desde la Asociación de amigos del Tejo hemos seguido con interés las noticias que ha generado la caída del Tejo de Lebeña. El que mereciera portadas de periódicos refleja a nuestro juicio la importancia que tuvo éste árbol en Cantabria y también fuera de ella, ya que éramos muchos los que lo conocíamos y apreciábamos por todos los valores incalculables que representaba. Algunos de nosotros lo visitábamos asiduamente desde hace más de 20 años. Es por ello y porque ésta región tiene uno de los patrimonios de árboles monumentales más importantes de la Península, que lejos de convencernos, la defensa de la Directora General de Montes en lo que respecta a la gestión de éste árbol monumental nos ha preocupado y sorprendido más aún si cabe.

Desgraciadamente parece necesario en estos momentos de nerviosismo preelectoral explicar lo obvio, nuestra asociación no tiene ninguna tendencia política ni está adscrita a ninguna creencia concreta por lo que todas sus actuaciones son perfectamente independientes. Tan solo hay que achacar por tanto al tejo que decidiera caerse en estas fechas tan inconvenientes.

Aclarado este punto quisiéramos aportar algo más de información y rebatir alguno de los argumentos que Doña Mª Eugenia Calvo mantiene en un artículo de reciente publicación, pues tememos que si los conocimientos y criterios técnicos que allí se manifiestan, se hacen extensivos al resto de los árboles catalogados, en poco tiempo no quedará mucho que proteger.

No vamos a hacer hipótesis ni especulaciones, nos ceñiremos simplemente a los hechos objetivos observables aún hoy, en los restos del viejo árbol y a los documentos fotográficos que conserva nuestra asociación. Probablemente no habían terminado de curar las heridas de una antigua poda abusiva y un peligroso hongo (Laetiporus sulphureus) afectaba ya al tejo cuando se comenzó a tratar el árbol, de esto hace 10 años. Aún pueden verse las raíces que se amputaron para asentar las piedras de la corra que se colocó entonces ¿para proteger las raíces superficiales! El relleno de espuma sintética que ya por aquel entonces se había demostrado como un tratamiento obsoleto que favorece extraordinariamente el desarrollo de los hongos, junto con una chapucera mezcolanza de mastic y pintura mal dada sobre el poliuretano y la propia madera, remataban este 'tratamiento' al que aún sobrevivió el árbol hasta hace unos días. La madera y las fotografías no mienten.

Afirmaciones como: «Actualmente no existen tratamientos curativos de las pudriciones de los árboles en pie» parecen despropósitos sin sentido en este contexto, por no hablar de la frase siguiente que explica: «El criterio técnico general en masas arboladas es la inmediata eliminación de los ejemplares que manifiestan estos síntomas » Frase ésta que termina de sumirnos en la perplejidad y nos obliga a recordar que los árboles, especialmente los tejos, pueden vivir a veces cientos de años con sus hongos y achaques, y sabemos de algunos viejos tejos normandos cuyo interior hueco era tan grande que ya en el siglo XIX se usaba el espacio para distintos fines (barbería, capilla) y pese a todo han llegado con extraordinario vigor hasta nuestros días y seguramente nos sobrevivirán mucho tiempo.

Por otra parte ese 'criterio técnico general' obedece a una concepción un tanto obsoleta de la gestión forestal y además no se puede confundir la conservación de una masa arbolada con la de un ejemplar monumental o histórico catalogado.

Valoramos muy positivamente el esfuerzo para el «mantenimiento de la memoria histórica del Tejo de Lebeña», pero hubiéramos deseado, si no un reconocimiento de los errores cometidos, sí al menos alguna declaración de intenciones que en vez de defender estas arcaicas técnicas, nos permitiera albergar esperanzas sobre su definitivo abandono en el tratamiento de árboles monumentales.

Creemos sinceramente que el tejo de Lebeña hubiera vivido aún muchas décadas si los responsables se hubieran puesto al día en cuanto a conocimientos y técnicas. Echamos en falta asimismo una preocupación por la conservación de éste árbol que hubiera previsto con antelación no solo su fin, sino la sustitución por otro ejemplar, preferiblemente descendiente del viejo.

En cualquier caso, confiamos en que esta irremisible pérdida nos sirva a todos para aprender algo y trabajar con mayor ahínco en la preservación de un patrimonio que en una década ha envejecido siglos.

* Con la adhesión de la Asociación Amigos de los Árboles Viejos y algunos profesionales de reconocido prestigio, especialistas en la gestión de árboles monumentales. Creemos sinceramente que el tejo de Lebeña hubiera vivido aún muchas décadas si los responsables se hubieran puesto al día en cuanto a conocimientos y técnicas

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