Los cuadros-objetos de Beatriz Barral se exhiben en Del Sol St.

La artista madrileña reúne este mes en la sala de Fernando Zamanillo una serie de obras vibrantes de energía y frescura

MÓNICA ÁLVAREZ CAREAGA
Beatriz Barral, junto a algunas de sus piezas, en la galería santanderina. / ROBERTO RUIZ/
Beatriz Barral, junto a algunas de sus piezas, en la galería santanderina. / ROBERTO RUIZ

La exposición que se muestra estos días en la galería santanderina Del Sol St. vuelve a traer a la ciudad las creaciones de la artista madrileña Beatriz Barral (1968) que disfrutó de una beca de la Fundación Marcelino Botín hace seis o siete años y ha desarrollado una fértil carrera en Nueva York.

Barral se mueve en el ámbito mestizo de la pintura y el objeto, en un trabajo que aúna el poder de evocación sensorial de la primera y las extraordinarias potencialidades comunicativas del segundo. Así, los cuadros que ha creado para esta muestra, vibrante de energía y frescura, están resueltos en soportes tecnológicos, resinas pulidas, cintas fluorescentes y sofisticados polímeros industriales, o bien en los cálidos y anticuados fieltros que Beuys relacionara con el calor primigenio y auténtico que vehicula la obra de arte. No creo que esta deriva de lo blando sea la que interese a Beatriz Barral. Sus cuadros-objetos parten de una cultura actual forjada de mensajes gráficos, de impactos visuales instantáneos, de estudiados efectos psicológicos.

Entre lo relajante y lo excitante, las obras circulares son duras y reflectantes: tondos que atrapan al espectador como los espejos deformantes coleccionados en los gabinetes palaciegos del Renacimiento o en las antiguas atracciones de feria. Improbables dianas, quizás ventanas a lo Tobias Rebergher, sus colores proceden de una estética de consumo juvenil. Cautivados por la inclusión de nuestra propia imagen en estas divertidas señales urbanas carentes de slogan cual sea, nos detenemos en el recurso a la ironía de los objetos planos confeccionados en tela y acolchados que 'gotean' formas orgánicas en las que se abren inmensos ojos de muñeco japonés. Artefactos contemporáneos de alegre plasticidad, las obras de Beatriz Barral, brillantes o mates, pinturas o esculturas, ofrecen una nueva versión del placer de contemplar, un parpadeo a la plasticidad juguetona del mundo actual. Y lo hacen, además, prescindiendo del omnipresente logo comercial, sin leyendas ni consejos, permitiendo al espectador asociar a estos signos evolucionados su obsesión particular.

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