Pedro Cevallos Guerra: olvidado por la Historia de España

PAULINO LAGUILLO GARCÍA-BÁRCENA

La recuperación de la historia de San Felices de Buelna por iniciativa del Ayuntamiento y el decidido apoyo de la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria, ha sido el motivo extraordinario por el que en la pasada fecha de 2 de mayo, cuando falta un año para la conmemoración del bicentenario del comienzo de la Guerra de la Independencia, pudiera anunciarse a Cantabria y a España misma quién fue Pedro Cevallos Guerra.

Dicho día tuvo lugar en el Ayuntamiento de San Felices de Buelna la presentación del libro 'Pedro Cevallos Guerra', biografía de un ministro de Estado singular, de un hijo ilustre de este pueblo que fue primer secretario de Estado y del despacho de Carlos IV, de la Junta Central Suprema y Gubernativa, y de Fernando VII, cuya figura histórica ha sido durante dos siglos casi ignorada, cuando no maltratada, pero que va a ser ahora recuperada y puesta en el lugar preeminente que le corresponde precisamente para que cuando el año próximo de 2008 se conmemore tal efemérides pueda España entera conocer la valentía, patriotismo, honradez y dimensión humana sin parangón de este descendiente de una las primeras familias nobles de La Montaña en el siglo XVIII: los Cevallos de Buelna.

A mediados de abril se cumplían ciento noventa y nueve años de la llegada de Fernando VII a Bayona, Francia, a donde acudió engañado por el tirano de Europa, Napoleón, que le dejó apresado, junto a los miembros de la comitiva, entre ellos su primer secretario de Estado y del despacho, Pedro Cevallos Guerra, natural de San Felices de Buelna.

Así comenzaba a desarrollarse el plan urdido por Napoleón desde mucho tiempo antes para apoderarse de España, apartando a su rey cuando ya toda la nación se encontraba ocupada por el inmenso y poderoso ejército que capitaneaba. Al día siguiente de la llegada del monarca a Bayona exigió que su Primer Secretario de Estado y del Despacho se entrevistase con el ministro de asuntos exteriores del país vecino para tratar sobre el fin de la monarquía borbónica en España.

La valentía y honor de tan preclaro montañés en la defensa de España y de su rey ante el representante del gobierno francés fue tan contundente que el propio Napoleón, que lo escuchó todo escondido en un despacho contiguo, entró en cólera y saliendo de su escondite increpó a Cevallos, produciéndose un enfrentamiento dialéctico en el que éste se mostró totalmente inflexible, por lo cual el emperador exigió al rey otro interlocutor, ya que a pesar de su inmenso poder y de las amenazas consiguientes, no pudo doblegar a Pedro Cevallos Guerra.

Estos hechos y otros muchos no menos graves en la intensa y prolífica vida política de Cevallos, como fue la orden de Napoleón de aprehenderle, confiscar todos sus bienes y pasarle por las armas, los trasladó al mundo entero el valiente ministro cántabro a través de cinco obras literarias que comenzó a escribir en el verano de 1808, poniéndose simultáneamente al frente de las gestiones políticas más relevantes para combatir al usurpador de los reinos de Europa, tanto en el propio territorio nacional como en Inglaterra.

Pedro Cevallos amaba inmensamente a su tierra y la prueba más fehaciente se tiene en que muy pocos días después de acceder a tan alto cargo, equivalente hoy al de presidente del Gobierno de España, se promulgó el decreto de la independencia fiscal de La Montaña, hasta entonces integrada en Burgos, estableciendo la Provincia Marítima de Santander, un momento clave y muy decisivo en la potenciación de esta tierra dentro del reino. Asimismo y por entrar en sus principales competencias, consiguió una extraordinaria celeridad en la construcción del Camino de la Rioja, muy consciente de las grandes ventajas que tan importante vía de comunicación iba a reportar a su tierra y al Puerto de Santander.

El mismo interés que demostró sobradamente con el progreso de su tierra e incluso mayor, si cabe, le tuvo siempre con sus paisanos, a quienes quería y admiraba. Eran muchos los montañeses con cargos relevantes en distintos estamentos de la sociedad que se encontraban en Madrid por aquella época, con los cuales tenía excelentes relaciones cuando estaba en la corte e incluso antes de llegar a ministro, como ocurrió cuando desempeñaba el cargo inmediato anterior de Consejero de Hacienda, dando alojamiento en su casa de Madrid a un montañés que pocos años después gozaría de fama universal, como recoge su biografía. La Junta de Diputación de la Real Sociedad Cantábrica que por entonces existía en Madrid y de la que era socio, fue sin duda alguna un excelente foro de convivencia fraternal de muchos montañeses de aquel entonces.

Llegó a conocer y tratar Pedro Cevallos a personajes de lo más destacados en la Historia de España de aquella época, siendo indudable que conocería a Pedro Velarde Santiyán y que algún documento relativo al de Muriedas pudo muy bien pasar por sus manos, como su nombramiento de secretario de la Junta Superior de Artillería. Triste, muy triste para Cantabria, aunque también haya sido después de lo más honrosa, la fecha del 2 de mayo de 1808 en que el mariscal Murat, Gran Duque de Berg, ordenó disparar a la población de Madrid, legítimamente sublevada contra el invasor, dando su vida valientemente nuestro paisano Velarde por la libertad y dignidad de España en la defensa del Parque de Artillería de Monteleón frente a las tropas napoleónicas.

No fue una aportación, sino varias, las que hizo en su día Ángel González del Rivero, Marqués de Montecastro y Llanahermosa, perteneciente a otra familia noble de San Felices de Buelna que tuvo muy altos cargos en el Gobierno de Manila a mediados del siglo XVIII, alcalde de Santander en 1856 y parlamentario en distintos períodos, para que se pudiese erigir en la ciudad un monumento a este singular héroe de la Guerra de la Independencia.

Conociendo ya que tampoco fue solamente uno, sino dos, los héroes de nuestra tierra que lucharon con denuedo en 1808 contra el invasor de Europa, ojalá que dentro de un año, cuando se conmemore el bicentenario de este acontecimiento bélico que dejó asombrado al mundo, esté ya erigido un monumento a Pedro Cevallos Guerra en San Felices de Buelna, en la plaza del Campo de Rivero, junto al Ayuntamiento, cuyas alas del conjunto del edificio albergaron hasta no hace muchos años las escuelas para niños por él fundadas y para las que aseguró la continuidad en su testamento con una fundación que se extendió por casi un siglo y medio; frente a la iglesia parroquial de San Félix, antiquísimo patronato de su linaje como bien se indica en la capilla familiar de la nave izquierda del templo, donde están enterrados sus padres, Francisco Javier y Margarita, señores del desaparecido Palacio de la Cava, lo mismo que muchos de sus ascendientes, entre ellos el decimocuarto Almirante de Castilla, Diego Gutiérrez de Cevallos, nombrado Almirante Mayor de la Mar en 1303 por Fernando IV 'El Emplazado'. Pocos días después de acceder al cargo, el equivalente hoy al de presidente del Gobierno de España, se promulgó el decreto de la independencia fiscal de La Montaña

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