Cómo desnudar la creación

La santanderina Berta Jayo firma en la galería Del Sol St. la exposición 'Ahora o nunca', un itinerario íntimo, sensorial y conceptual, plagado de colaboraciones

MARTA SAN MIGUELSANTANDER
Un montón de ropa, parte de la colección fotográfica de 'ahora o nunca' de Berta Jayo. / ROBERTO RUIZ/
Un montón de ropa, parte de la colección fotográfica de 'ahora o nunca' de Berta Jayo. / ROBERTO RUIZ

La creación de un artista viene precedida por una vocación que, caprichosa, responde a multitud de motivaciones... Encontrar respuestas, expresarse, vanagloriarse ante los ojos del mundo, hallar consuelo. El arte diverso, de mirada plural, que ha depositado la capacidad imaginativa de Berta Jayo (Santander, 1971) en la galería Del Sol St. aporta un bucle más a esta eterna lista de fundamentos a través de 'Ahora o nunca', la muestra que la galería de Fernando Zamanillo albergará hasta el próximo 20 de junio.

Un itinerario sensorial, que abarca diversos lenguajes y técnicas, fruto del trabajo intenso de la artista y que ratifica la ascendente proyección nacional e internacional de su última trayectoria.

Allanando el terreno anárquico del arte conceptual, la obra que expone la artista cántabra arranca, de quien la visita, la respuesta franca y visceral de porqué el artista crea. En este caso, la santanderina Berta Jayo lo hace coqueteando con la antropología, buscando «la belleza del desnudo, convirtiendo en elegante algo que puede resultar desagradable», anulando la superficialidad y el despotismo que prima en la sociedad actual en la que el contenido ha otorgado toda la importancia al continente.

Fiel al lema que sustenta la galería de la calle del Sol «el arte no se hace. El arte ocurre», la propuesta bucea más allá de las formas del ser humano. El recorrido arranca mostrando doce lienzos que sujetan una suerte de «alas». Similares y con un sentido común, los colores encendidos y primarios de la colección titulada 'More than angels' se suceden en una primera aproximación al arte de Jayo, sin saber aún qué es lo que está expuesto... La explicación está a tan sólo unos pasos.

A ritmo de la composición musical creada por Andrés Castillo ex profeso para esta exposición, la respuesta se esconde en una videocreación. En él, el cuerpo desnudo es el protagonista: doce personas que aparecen, se sientan, leen un fragmento de textos de Edgar Allan Poe, Isabel Allende, o una cajetilla de Marlboro; y se levantan. Todos se muestran ante la cámara de igual manera; su desnudez -tan similar y casi clónica- hace que, al cabo del tiempo, emerja con fluidez la radical individualidad de cada uno. Y todos ellos se han sentado para leer. Todos ellos han posado su trasero sobre un lienzo de color vivo, primario... Y lo hacen en silencio, trasladando la responsabilidad de comprender el texto al visitante que, bajando la vista, leerá en las cuartillas del suelo las palabras que cuerpos desnudos les dicen sin sonido.

Cuerpos invisibles...

El cuerpo ha tomado todo el protagonismo al llegar al interior de la sala, que arroja doce fotografías que abundan en la premisa de Berta Jayo: «Todos somos iguales y al final el cuerpo desaparece. Yo trabajo con la invisibilidad para llegar al resultado final de la obra». Se trata de 'Nudes', imágenes de formato vertical y de medidas iguales, (185 x 125 cm.), reveladas sobre aluminio. Prendas vacías, sin un cuerpo, y que desprenden identidades nítidas. Prendas vacías que hablan de personas como un policía, una enfermera, el ejecutivo, el vagabundo, el deportista... Todos están presentes pero no su cuerpo.

La trayectoria de Berta Jayo, licenciada en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, arranca «experimentando con materiales siempre dentro del arte conceptual», abnegada en la premisa de conseguir plasmar el concepto, sin importar tanto la obra». Una definición casi orgánica del proceso de creación que alcanza su máxima expresión en la tercera etapa de la propuesta, cuando el propio cuerpo del visitante es el protagonista. En una pequeña sala, más oscura e íntima, tres propuestas esperan: un recipiente de plásticos de apenas diez centímetros de altura que contiene las lágrimas de 130 artistas; en el lado opuesto, un cuadro que muestra un enrevesado laberinto. Entre ambas paredes, una silla desde la que buscar la salida al tortuoso camino trazado por el pincel de Berta Jayo.

Es en esa silla donde el cuerpo, el real, el de la cada uno, se convierte en el ingrediente necesario para dar sabor a la propuesta. Las manos de Luis Felipe González comienzan a masajear el cuello de quien se atreve a caer en la silla. Entonces, con música «creada desde la energía vital», con una colección de siluetas que, desde el día de la inauguración descansan en la pared restante, obra de Pero Cirkovic, se llega a un estadio donde, a pesar de ser un lugar público, el cuerpo acaba, definitivamente, por desaparecer en una suerte de participación e interacción directa o orgánica con el arte.

El masaje 'flotante' de Luis Felipe González, y los recortables de Pero Cirkovic fueron dos propuestas que durante la inauguración de la exposición el pasado viernes acabaron por dar contenido a este recorrido por la identidad del cuerpo humano. Ellos son dos de los 270 artistas y colaboradores que han sido cómplices de Berta Jayo a la hora de poner en marcha un complejo entramado artístico que, como un tablero de juego con flechas invisibles, guían a través de la videocreación, la pintura o la fotografía, hacia un lugar donde el cuerpo se convierte en el almacén del subconsciente. Tanto es así que en una pieza expuesta en el baño donde, presumiblemente, podría acabar el recorrido, un antifaz de cristal invita a mirarse con ese guiño irónico en el que todo se refleja menos los ojos de quien se mira.

...Y una carpeta

Despojada de toda explicación racional, la exposición sucumbe a un proceso de creación visceral concebido para exhibirse en la sala santanderina.

En la creación de este entramado de leyes, cifras, cuerpos, colores y performances trabajó Berta Jayo durante cinco meses y el pasado viernes vio la luz: «Siento placer en el acto de crear, es excitante», admite.

Y todo ese camino está guardado en una carpeta que, bajo el título 'Correspondencia de la artista Berta Jayo sobre el proceso y desarrollo de la expo' guarda las inquietudes que la creadora le trasladó a su galerista durante ese tiempo. Y esa es la pieza más cara de la colección, esa donde se entiende porqué el creador crea, páginas donde ir desnudando la creación.

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