Ángel Izquierdo, la solidez de la luz

JESÚS ALBERTO PÉREZ CASTAÑOSPINTOR
Ángel Izquierdo, la solidez de la luz

Recientemente se ha inaugurado el Polígono Industrial del Besaya en Reocín. Con tal motivo, se ha instalado una escultura del artista Ángel Izquierdo, evocando el trabajo esforzado de mineros y obreros que en el pasado desarrollaron su trabajo en este lugar. Es necesario destacar que esta escultura, por sí misma, ya constituye un hito a destacar entre la estatuaria pública erigida en nuestra Cantabria.

Desde un alto, el conjunto monumental, de aproximadamente 13 metros de largo por 8 de alto, se estructura en una plancha de hormigón realizada sobre el suelo y con una inclinación de treinta grados. Incrustada en ella, una roca de 35 toneladas que a su vez aloja en su interior un cubo de acero con una inscripción dedicada a la minería. También encaja en la zapata de hormigón, tres sintéticas figuras (mineros arrastrando pesadas cargas) de 8 metros de altura, realizadas en acero corten de 10 cm. de grosor, alineadas una tras otra, de menor a mayor y en perspectiva hacía el horizonte. Ellas, a modo de brazos e ilusorias cuerdas, «arrastran y tiran» con dos metálicos tubos que en perspectiva oblicua, se incrustan en la gran roca. Por sus especiales características, el efecto visual de esta obra es imponente, pero al mismo tiempo irradiada una imagen elegante y sintética.

Siempre he admirado en Ángel Izquierdo esa enorme facilidad que tiene para encarar desafíos estéticos y resolverlos con un as sorpresivo de prestidigitador. Desde hace veinte años, viene desarrollando un complejo proceso de producción, sustentado en su habilidad artística y en la elaboración de nuevos discursos creativos, con respuestas cada vez más insólitas y hermosas. Realiza un trabajo de elevado nivel experimental e indagación, y considera de sumo interés las posibilidades creativas que tienen los nuevos materiales.

Este sondeo creador lo administra con resultados de extraordinaria factura estética hasta llegar a límites expresivos innovadores y poco frecuentes. Recurre en ocasiones al profundo conocimiento que tiene de las técnicas serigráficas modernas para alcanzar logros que resaltan su capacidad de extremar las posibilidades de impresión sobre todo tipo de materiales, incluidos aquellos de uso industrial, en cuya ejecución asocia desafíos de índole técnica.

Gran resultado

El resultado es brillante, pues utiliza la fotografía y la pintura, anexadas en un simulacro deductivo, impreciso pero real. Consigue así eludir la dicotomía entre el objeto presenciado y su representación, fórmula que se manifiesta de forma alegórica en su propio carácter de ficción, al ser escenificada artísticamente sobre el cuadro. Especula Ángel Izquierdo con la necesidad de establecer prototipos interpretativos del acto creador cuando se refieren a otras disciplinas o contextos espacio-temporales, casi siempre ajenos a la propia estructura de la obra ejecutada.

Recuerdo conmovido la contemplación no hace mucho, en una exposición celebrada en Torrelavega, cómo en un gigantesco cuadro había establecido un eficaz inventario de recursos estéticos que con habilidad presentaba efectos de gran intensidad sobre el lienzo: los desleídos provocados por substancias liquidas corrosivas (encáustica) transformaban las opacas manchas de pintura acrílica en desiguales y acuosas sombras plenas de salpicaduras sutiles diligentemente distribuidas, como señales de un imprevisible código, dramático y lírico a la vez, que hablaba muy claramente de ausencias, desgarros y huidas.

En el cuadro se integraba también la grave presencia de la fotografía digitalizada, aportando un recurso referencial cuya verosimilitud no venía dada por las imágenes que sostenía, sino por la naturaleza antagónica que manifestaba a la sobrecogida técnica pictórica. Al observar ésta obra, se advertía un sentimiento de desasosiego, capaz de atrapar la visión en un permanente estado hipnótico lleno de interrogantes y sugerencias.

Reto

En la obra realizada para el Polígono Industrial del Besaya en Reocín, el reto consiste en encarar una escultura que sea sígnica (elementos compartidos con el entorno, la tradición social, la memoria) y también ser capaz de descifrar de manera asumible otras claves visuales: la complejidad del uso de materiales, la piedra, el hormigón o el acero corten, así como constatar la intensidad de una obra única y tomar la referencia de ser epicentro simbólico en el campo industrial y productivo donde está erigida. Es indicativo todo ello de un proceso arduamente meditado y solventado con suma competencia, en el cual la armonía de síntesis formal y la aptitud conceptual de una composición configurada dentro de un territorio muy definido son quizás los mayores hallazgos.

Vuelvo a resaltar el carácter visual de esta escultura en una ceremonia estéticamente memorable hacia el trabajo. Vuelvo a constatar que los problemas de ejecución artística han sido solucionados con la plenitud de la belleza pura y simple, con materiales rudos y toscos, simbiosis entre la naturaleza y la forja del producto final. No me cabe ninguna duda que el trasvase de obra ornamental a estatuaria pública ha sido establecido con la dignidad de un planteamiento riguroso y la plenitud de una obra bien hecha, ágil y hermosa.

Invito a todos disfrutarla.