Esplendor y ocaso en La Cavada

José Manuel Maza, orgulloso con el libro recién editado. / DM/
José Manuel Maza, orgulloso con el libro recién editado. / DM

En los próximos días se presentará públicamente un nuevo trabajo de investigación y divulgación sobre la Real Fábrica de Artillería de La Cavada, cuyo autor es José Manuel Maza Uslé, un licenciado en Físicas natural de esta localidad del valle del Miera, que durante veinte años ha sido concejal del municipio de Riotuerto y que preside la Asociación de Amigos del Museo que han impulsado esta infraestructura cultural. La obra efectúa un recorrido completo por la historia de este complejo industrial que representó para la región un importante activo económico desde su puesta en funcionamiento en 1628.

- ¿Como nace este trabajo?

- Surge como un hobby y a raíz de mi jubilación he dedicado mucho de mi tiempo libre a investigar sobre el tema. He tratado de abordar tanto la faceta tecnológica como la histórica que conlleva la trayectoria de la fábrica. Al final, el resultado ha sido un libro que ha visto la luz también gracias a las gestiones de José Martínez (ex alcalde de Riotuerto) ante las administraciones para conseguir los apoyos necesarios y al empeño de Valeriano García Barredo, de Estvdio, que ha cuidado al máximo la edición.

- ¿Qué fuentes ha manejado?

- Principalmente el Archivo de la Marina de Viso del Marqués, en Ciudad Real, el Museo Naval de Madrid, donde su director el almirante Fernando de Riaño que es de Liérganes me ha facilitado mucho las cosas, y el Archivo de Simancas.

- ¿Cómo ha organizado los contenidos del libro?

- En primer lugar, trato de situar al lector en la época, analizando cómo estaban la situación geopolítica a nivel internacional y la posición de España en ese contexto, la cual da lugar a la fábrica. Después me detengo en cómo estaba la fabricación del hierro y la artillería en la época. El siguiente bloque es un desarrollo cronológico de la creación de la fábrica de Liérganes por Juan Curcio, la de La Cavada por Jorge de Bande, al periodo que va entre la familia Olivares, propietaria de las fábricas, y la nacionalización que llevó a cabo Carlos III en el siglo XVIII, antes de concluir con la etapa de agonía y cierre.

Otra sección del libro estudia la fabricación de los cañones, desde las materias primas que se emplearon (carbón vegetal, hierro y piedra caliza), hasta los hornos y su funcionamiento químico, pasando por la elaboración de los moldes, de los propios cañones, su producción y la tipología de los mismos.

Finalmente, se estudia el destino de los cañones, que fueron a parar tanto a baterías de costa como a galeones y navío de línea.

- ¿Son los cántabros conocedores de la importancia que tuvieron estas instalaciones fabriles en la Edad Moderna?

- Ni en Cantabria ni en España. José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano, en el primer estudio que se realizó sobre este tema, comenta que hubo dos grandes culpables del mantenimiento del Imperio español durante 400 años: la Marina y las fábricas de La Cavada. Junto a los astilleros de Guarnizo, que son algo anteriores, revitalizaron toda la economía de la zona de la Bahía y de algunos valles de la región.

- ¿Cuánta gente llegó a trabajar en ellas?

- Había tres fábricas (La Cavada, Liérganes y Valdelazón), que recibían el nombre genérico de La Cavada. Además, a éstas se encontraban vinculadas minas, el resbaladero de Lunada, la fábrica de anclas de Marrón... Empleos directos serían algo más de 400, pero a esta cifra hay que añadir leñadores, transportistas...; en el siglo XVII se puede hablar de más de mil personas.

- Pero quedan muy pocos restos...

- Efectivamente, el arco de Carlos III en La Cavada, que era la entrada a las fábricas y que no le pudieron desmontar porque está muy bien hecho. De los altos hornos se sacaron hasta las últimas piedras. En Liérganes se conserva alguna presa principal, a la que se puede sumar almacenes transformados y viviendas ya muy modificadas.

- Siempre se ha acusado a las fábricas de La Cavada de la deforestación de la región...

- Es cierto. Un barco de guerra del siglo XVIII implicaba 25 has de bosque. Si tenemos en cuenta que en esta centuria se hicieron en España 200 navíos de línea, amén del resto de la construcción naval. La deforestación que produjo La Cavada durante algo más de doscientos años triplica a la de los cuatro astilleros españoles juntos. Pero a esto añadiría que cuando se cerraron las fábricas fue cuando se descuidaron los bosques, no se reforestó el territorio y muchas fincas de la Cantabria central y oriental se transformaron para usos agropecuarios.

- ¿Cómo va el Museo de La Cavada, del que usted de unos de los principales impulsores?

- Hace ya casi un año desde su apertura y poco a poco se va consolidando gracias al número de visitantes que recibe. Ahora nos estamos planteando una ampliación, ya que se queda pequeño.

- ¿Cómo le llegó el ocaso a estas fábricas?

- Funcionó mejor cuando estaba en manos privadas. Se comenzó a resentir tras la nacionalización que ordenó el monarca Carlos III en el año 1763. Se cerró en 1834, aunque la última fundición data de 1828. Pero a mi entender la 'puntilla' fue una gran riada del río Miera en el año 1801. Fracasaron los intentos de fundir con carbón vegetal y casi de forma paralela se construye en Asturias la fábrica de Trubia, que aún pervive. José Manuel Maza Uslé ha escrito un documentado libro sobre la puesta

en marcha y el funcionamiento de la Real Fábrica de Artillería de La Cavada

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