Manuel Revuelta, bibliotecario

XAVIER AGENJO BULLÓNDIRECTOR DE LA FUNDACIÓN IGNACIO LARRAMENDI
La biblioteca del polígrafo vivió una revitalización con la figura de Revuelta. / DM/
La biblioteca del polígrafo vivió una revitalización con la figura de Revuelta. / DM

Conocí a Manuel Revuelta por razones profesionales. Cuando, como consecuencia de la promulgación de la Ley de Patrimonio Histórico en 1985, se empezó a construir el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico, desde el Ministerio de Cultura y, en concreto desde la Biblioteca Nacional, se entró en contacto con las diferentes Comunidades Autónomas para precisar los detalles técnicos del proyecto. Al haber sido yo nombrado Jefe del Servicio del Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico hablé por teléfono, escribí y visité a muchos de los responsables de los servicios de bibliotecas de las distintas Comunidades, así como los directores de las bibliotecas más importantes. Una de mis primeras visitas, creo que la tercera, fue justamente al Director de la Biblioteca Menéndez Pelayo, cuyos fondos eran entonces, como lo son ahora, imprescindibles para conformar ese referido catálogo. Naturalmente, don Manuel se mostró muy receptivo y me orientó como compañero acerca de las distintas personas a las que debía visitar en la Consejería de Cultura para poner en marcha el proyecto. Lamento decir que transcurrieron diez años hasta que Cantabria se integró en el mencionado proyecto, siendo yo director de la Biblioteca, y que sus fondos siguen sin recogerse, excepto algunos procedentes de catálogos colectivos manuales, en la base de datos del Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico, que en la actualidad ya supera los dos millones de ejemplares.

Pero, aparte de esos aspectos técnicos don Manuel (por supuesto todavía no era Manolo para mí), se mostró interesadísimo cuando le comenté en la conversación que mi padre y mi familia paterna era cántabra y que yo tenía muy buenos amigos y relaciones en Santander. La razón era sencilla; aunque todavía faltaba mucho para su jubilación y ésta se adelantó al final cinco años a lo que previsto tras la reforma de la Ley de Función Pública, le pareció muy oportuno conocer a un funcionario del Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecas y Museos que pudiera ser candidato en el futuro a sucederle, siguiendo las cláusulas del testamento de don Marcelino referidas a la donación de su Biblioteca a la Ciudad de Santander, máxime como podía verse por mí cargo, al ser yo especialista en fondo antiguo y automatización.

Una de las características de Manuel Revuelta era la tenacidad y sólo así se explica el que una vez publicadas por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, entre 1940 y 1974 las Obras Completas de Menéndez Pelayo -la edición nacional- en 67 volúmenes (incluyendo su biografía), fruto del trabajo de tres décadas de Enrique Sánchez Reyes, otro de los extraordinarios directores de la Biblioteca, él fuera capaz de llevar a cabo con muy pocos precedentes -si alguno- en la bibliografía española, una obra monumental como fue la magnífica edición en 23 tomos de las 15.229 cartas que componen (más el riquísimo tomo de índices) el Epistolario de Menéndez Pelayo, editado entre 1982 y 1991. Sin embargo, ya me anticipó muchas veces en nuestros periódicos contactos que la siguiente fase que él veía claramente que debía ser la automatización de la Biblioteca y la obra del propio don Marcelino, debería llevarla a cabo quien le sucediera en el puesto de Director. Así las cosas, me propuso que formara parte de la Sociedad Menéndez Pelayo como vocal y así poder consultar los aspectos técnicos conmigo de forma más o menos oficial, y muy en especial cuando pasé a ser Director de la Unidad de Coordinación Informática de la Biblioteca Nacional, todo lo referente al proceso de automatización de la Biblioteca de Menéndez Pelayo. Pocos proyectos habrán sido tan meticulosamente diseñados durante años, aunque los resultados no hayan sido en modo alguno los previsibles. Quizá haya sorpresas pronto.

Por eso recuerdo con especial satisfacción cuando pudo consultar en el disco Menéndez Pelayo digital, publicado en 1999, tanto las Obras Completas que había editado Sánchez Reyes, como el Epistolario que había preparado él, unidos a la Bibliografía de Menéndez Pelayo reunida por uno de los mejores especialistas -aunque no siempre recordado- el profesor Amancio Lavandeira de la Fundación Universitaria Española (FUE). En efecto, esta Fundación tan menendezpelayista, pues no en vano su alma fue siempre uno de sus discípulos indirectos mas importantes, me refiero a Sainz Rodríguez, había sido la editora y propulsora no solo de la citada Bibliografía sino del Epistolario. La FUE junto con el Consejo, precisamente a través del Seminario de literatura 'Menéndez Pelayo'. Justamente, fueron el Consejo y la FUE cedieron sus derechos de edición a la Fundación Histórica Tavera y a la Fundación Larramendi para aquella edición digital precursora fuera posible.

V Centenario

También Revuelta, y creo que esta historia no es conocida, intentó integrar a la Biblioteca Menéndez Pelayo en las actividades culturales vinculadas con la celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América en 1992 dada la, no tan recordada como se debiera, relación de Menéndez Pelayo con Hispanoamérica.

Su Historia -primero Antología- de la poesía hispanoamericana es la primera y más completa, y en absoluto superada, primera gran historia de la literatura de Hispanoamérica. Con ese fin, celebramos una serie de reuniones con la entonces responsable del Área de Bibliotecas de la Comisión del V Centenario, Carmen Caro, sobrina del gran Julio Caro Baroja, premio Menéndez Pelayo, claro, y más tarde Subdirectora General de Coordinación Bibliotecaria, para incluir los fondos hispanoamericanos de don Marcelino y su Biblioteca, en alguno de los proyectos del Quinto Centenario, como el Novum Regestum, primer catalogo iberoamericano de fondo antiguo o Bibliotecas sin fronteras, así mismo primer catalogo colectivo de fondos americanistas en España, donde también encajaba muy bien la biblioteca dada su riqueza extraordinaria en fondos hispanoamericanos, que le enviaban directamente a don Marcelino con encendidas dedicatorias autores hispanoamericanos de todo tipo.

Qué mejor indicio de ese hispanoamericanismo de don Marcelino -a veces olvidado- que la extraordinaria colección de bustos que en el jardín que existe entre la casa de don Marcelino y su Biblioteca tantas repúblicas iberoamericanas han erigido. Y qué pocas veces se recuerda que el actual Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas 'Dr. Amado Alonso' bonaerense fue fundado, entre otros, por un cántabro de la diáspora -Avelino Gutiérrez- en homenaje a la figura de Menéndez Pelayo, pues ese y no otro es el remoto origen de la Cátedra de cultura española creada en 1914, tan vinculada con la de la Institución Cultural Española, origen de tantas cosas en la Argentina

Revuelta tuvo siempre una cierta fama de hombre estricto y duro, pero yo creo que eso se debía y justificaba por a su afán perfeccionista, en mi opinión motivado por una formación filológica de extraordinaria calidad, que como es lógico exige la ecdótica -la ciencia de la edición-, y sobre todo la ecdótica bíblica para la que se había preparado en Roma durante muchos años trabajando con rigor los textos sagrados. Quizá junto a la edición de textos shakesperiana o la cervantina, la ecdótica bíblica alcanza el máximo nivel de esta disciplina y de ahí la extraordinaria calidad del Epistolario de don Marcelino, editado por Revuelta.

Crónicas

Pero era un hombre generoso como para mí lo prueba el hecho de que, siendo el máximo especialista de Menéndez Pelayo, así como el director de su Biblioteca y secretario de la Sociedad me cediera a mí (que estaba muy lejos de serlo) material inédito de don Marcelino que pude estudiar transcribir y publicar en el Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo con el título -Menéndez Pelayo y el estudio de la imprenta en Santander: papeletas inéditas-, cuya puntual publicación fue uno de sus mayores desvelos como Director, y que tuve la surte de que apareciera en el número extraordinario de 1994 dedicado justamente a su homenaje.

Quizá sea ahí, en el Boletín, donde mejor se puede llegar a conocer su obra de Director de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, mucho mejor que en este somero y apresurado análisis y recordatorio que me estoy permitiendo en estas líneas; yo recomendaría la lectura de las Crónicas que redactó e hizo siempre aparecer en el Boletín y que constituyen un auténtico centón de noticias sobre la Biblioteca y la Sociedad y, aún, de la vida intelectual de Santander y Cantabria. Siempre perseveré en esa misma línea, como puede comprobarse leyendo las mías.

Cuando se jubiló, y tras más avatares de lo debido, desempeñé el cargo de Director de la Biblioteca Menéndez Pelayo, actuó con una discreción extraordinaria, pues como él mismo decía, no es bueno que el antiguo director se inmiscuya en lo que hace el nuevo.

No obstante tuvimos oportunidad en múltiples ocasiones, además de las debidas a su pertenencia a la Sociedad de debatir muchísimos aspectos relacionados con la Biblioteca sobre cuyos fondos tenía un conocimiento inmenso, así como una clarísima idea de lo que significaba la Biblioteca como colección, lo que es fundamental, y del conjunto del contenido de los libros allí depositados. Como se sabe, Menéndez Pelayo solía decir que de todas sus obras, la única de la que estaba medianamente satisfecho era de su biblioteca. Lástima, por tantas razones, que no esté en la red. Sólo siento que sus visitas no fueran más frecuentes pues por razones particulares ya no vivía en Santander sino a orillas del Mediterráneo, pero jamás dejaba de visitarme en la Biblioteca o dar largos paseos conmigo desde la Magdalena al Alto de Miranda. También en esta época, ya de correos electrónicos, cruzamos muchas cartas y tenía la amabilidad de responder mis consultas con rapidez y eficacia.

Activista de la institución

Como ha señalado Antonio Santoveña en su magnifico y oportuno artículo en El Diario Montañés, titulado Un menendezpelayista cabal, a Revuelta también se le debe el inicio de la recuperación de la iniciativa de actividad pública de la Sociedad y de la Biblioteca de Menéndez Pelayo (desaparecida en ésta hoy en día) desde el punto de vista intelectual a través de la magnifica colección de Estudios de Literatura y Pensamiento Hispanos que recogían no solo seminarios y conferencias referentes a la obra de don Marcelino, sino también monumentos a la erudición hispánica como los reunidos en El Erasmismo español (1986) coloquio que como otros había dirigido con la colaboración del profesor Ciriaco Morón Arroyo de la Universidad de Cornell. Afirmaba que era muy importante para un hombre como él, que era de formación un filólogo clásico y un biblista, aparte, claro es de sus amplios conocimientos de biblioteconomía, apoyarse en un especialista en filología hispánica y en su filosofía, como el profesor Ciraco Morón. Colaboración y amistad ejemplar. Precisamente, durante la celebración del Coloquio sobre el erasmismo sufrió un primer infarto de miocardio que superó con su disciplina habitual y siguió organizando nuevos seminarios y reuniones. Justamente a mí me cupo en 1997, la publicación de Peñas Arriba, cien años después cuya edición literaria corrió a cargo de Anthony H. Clarke, a partir de un simposio celebrado en 1995. En esa línea, si se observa la composición de la Junta Directiva de la Sociedad que conformo Revuelta se verá como estaban representados al máximo nivel del momento los mejores especialistas tanto en literatura española, como Salvador García Castañeda y Juan Manuel González Herranz, como historiadores como los hermanos González Echegaray; menendezpelayistas como Pablo Beltrán de Heredia o bibliotecarios y eruditos locales como Aureliano Garcia Cantalapiedra, por citar solo los más importantes; a mi, ya lo he contado, me escogió como especialista en fondo antiguo y biblioteconomía automatizada.

Ahora, de forma inesperada se produce su fallecimiento, pero de un intelectual siempre queda su obra, sus escritos e iniciativas, que él veía -como buen bibliotecario (sic vos, non vobis)- al modo de una sucesión de quehaceres y actuaciones continuadas en el tiempo, tal y como había previsto don Marcelino al detallar el perfil del bibliotecario que habría de ser director de su laboriosamente reunida biblioteca, tras la famosa y complicada segunda oposición cuyos términos tan detalladamente precisó Menéndez Pelayo en su testamento.

Falta ya poco (cuatro años es muy poco, ya se está preparando el de la muerte de Cervantes) para que se cumpla el centenario de la muerte de don Marcelino y sería de desear que por fin su obra digitalizada hace ya diez años pudiera ser accesible totalmente en línea, como justamente en estos mismos días, es posible consultar la de uno de sus adversarios y amigos en la Web de la Fundación Giménez Abad - -el mejor estudiante que he visto en mi vida decía don Marcelino-, Joaquín Costa digital en un proyecto elaborado por las mismas personas que tuvimos el honor y la satisfacción de trabajar en esa línea continua muy bien proseguida por don Manuel Revuelta Sañudo, bibliotecario, y en la que por citar con precisión las últimas palabras del autor de 'La ciencia española' todavía queda tanto por hacer.