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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

VUELTA DE HOJA
Declarar la guerra

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En tiempos de paz, que son los que median entre dos guerras, la gente hace declaraciones de bienes y se cabrea con Hacienda, o bien declaraciones de amor y decide vivir no sólo con otra persona, sino en otra persona. Benditas épocas pacíficas, aunque sean inestables y estén siempre amenazadas. Caminan por la cuerda floja, pero eso es mejor que utilizar esa cuerda para ahorcar a alguien. Aquel soldado que se pasó media vida guerreando, Miguel de Cervantes, decía que la paz «es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida». Se deduce que la guerra es el mayor de los males. Ahora Batasuna considera que las detenciones decretadas por el juez Garzón son «una declaración de guerra». Los más obtusos de esa organización preparaban una «fase de enfrentamientos con coacciones a los partidos», lo que no deja de ser una buena definición de la antidemocracia. Según acaba de denunciar el responsable en España del organismo de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, más de 854 millones de personas pasan hambre en el mundo. ¿Por qué no se declara una guerra contra el hambre? Los Objetivos del Milenio encuentran grandes dificultades para reducirla: se conformarían con que hubiera 20 millones de famélicos cada año, incluidos los que fallecieron de inanición. Pues bien: aquí lo que hacemos es declarar la guerra a quienes, tardíamente, quieren impedir que se extienda la inestabilidad. El español, incluso quienes lo son a su pesar, no está bien dotado para la política, entendida como «arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados». Somos malos de cojones y por eso los empleamos siempre, sin reservarlos para las ocasiones. Dijo Paul Valery que un Estado es tanto más fuerte cuanto puede consentir en su seno lo que actúa en contra suya. No estamos seguros de la fortaleza del que tenemos.

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