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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

TRIBUNA LIBRE
'Virtus' y nacionalismo

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Hay un refrán castellano que afirma que quien siembra vientos recoge tempestades. Cuando se redactó la vigente Constitución española del año 1978 el nacionalismo recibió en su articulado el impulso de una suave brisa con aroma de libertad, diversidad cultural y atención a las minorías. Fue un airecillo que nació con vocación de efluvio democrático, pero que los políticos en lugar de controlar avivaron con fuelles peligrosos: por una parte, la cesión a las autonomías de las competencias educacionales, de seguridad y de los medios de comunicación y, por otra, la vulgarización de la masa social borrando de la cultura y de la sociedad lo que los clásicos del Imperio Romano definieron como 'virtus': amor a la patria. Libre de los ideales éticos, patrióticos y solidarios que en un pueblo brotan de la 'virtus' e impulsado con ventiladores académicos, administrativos y policiales el Céfiro nacionalista fue rolando e intensificándose, al tiempo que se fundía con sus hermanos Noto, Euro y Bóreas que soplaban en otras latitudes: Cataluña, Galicia, Andalucía, Valencia, Baleares... Empero, ni con el barrunto de huracán secesionista en el mar de la convivencia democrática pactan el PP y el PSOE para detener lo que de marejadilla nacionalista ha pasado a ser mar gruesa separatista fuerza cinco por el golfo de León y arbolada independentista grado máximo por el de Vizcaya (que explicara un risueño busto parlante meteorológico al ciudadano que se pregunta si mañana lloverá o hará sol en su pueblo).

Ni pactaron ni pactarán, porque ni ahora que en el horizonte estatal amenaza la galerna secesionista pactan el PP en la oposición y el PSOE en el Gobierno para perfeccionar la Constitución y devolver al Estado las competencias autonómicas de educación, seguridad y medios de comunicación, establecer una nueva Ley electoral, salvaguardar la integridad del territorio y garantizar la seguridad interna y externa de los ciudadanos. Al contrario, mientras los vientos nacionalistas coinciden en un ciclón secesionista que despedaza España, el PP y el PSOE se alían cada gobierno en minoría con los partidos nacionalistas al precio que sea. Y la masa ciudadana calla, apesebrada en el pan y circo cotidianos, sin estética, criterio y ciencia, sin 'virtus' ni ideales ni belleza.

Se ha postulado en alguna ocasión en esta columna semanal España como una sociedad moderna, educada, aconfesional, culta y avanzada en la defensa de las libertades que acaban donde empiezan los derechos. Sócrates, Platón y Aristóteles fueron conscientes de que para la pervivencia de un estado era necesario instruir a la plebe para que dejara de ser masa al conocer la justicia y la virtud. El Imperio Romano asumió y dio forma jurídica a esta tesis, y justicia y sabiduría se entrelazan en el Derecho Romano como ideal de cualquier sociedad que desee perdurar en la Historia. «Virtus, Iustitia, Patientia y Pietas» inspiran la conducta individual y colectiva de los ciudadanos romanos, cuyo héroe ejemplar es Eneas. La Eneida, además de una obra literaria maravillosa, es espejo cultural, social y ético del pueblo dominador del planeta entonces conocido, y cuando en su canto segundo se caracterizan en Eneas la 'pietas' y la 'virtus' (en los versos que describen cómo el protagonista huye de Troya cargando sobre sus hombros a su anciano padre Anquises) Virgilio alude a las dos dimensiones de la 'pietas' en Roma y Grecia: como virtud familiar y, asimismo, como el cumplimiento de los deberes hacia la divinidad y hacia la patria. Familia, divinidad y patria que cimentarán por Eneas el edificio eterno en la cultura del Imperio Romano, y que ya laten en la filosofía de Cicerón.

Sin 'virtus' ni patria estos días el nacionalista Ibarretxe desafía (más brindis al sol que realidad política) al Estado español con un referéndum sobre la autodeterminación de la autonomía vasca respecto al resto de España. Es la consecuencia de una Constitución que debe ser reformada cuanto antes, de la perversión social y cultural del nacionalismo, de unos políticos del PP y del PSOE incapaces por intereses personales de colaborar con sus fuerzas parlamentarias en aras del bien común y, también por culpa del PSOE y del PP con sus ideologizados planes de estudio, de la falta de criterio de muchos ciudadanos que han destruido su conciencia ética y desconocen el valor, la belleza y la importancia de la 'virtus' clásica que personalizó Eneas en el Imperio más importante de la Historia: el amor a la patria.

El PNV ha retado al Estado español, y los vientos de libertad y convivencia democrática en la sociedad española se han metamorfoseado en un huracán que amenaza destrozar España. Porque no aman la 'virtus' el PSOE y el PP son incapaces de pactar por el bien de España. Tampoco la masa conoce la 'virtus', y sólo le preocupa la economía y el bienestar. Nuestra sociedad naufragará ante la manga nacionalista porque sin 'virtus' ni criterio un ciclón ruge, un pueblo languidece y una patria se acaba: España. El desafío de Ibarretxe es la consecuencia de una Constitución que debe ser reformada cuanto antes, de la perversión social y cultural del nacionalismo y de la incapacidad del PP y el PSOE

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