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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

TRIBUNA LIBRE
Educación, demagogia y juventud

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Estos días se ha publicado un nuevo "Informe PISA de evolución internacional de estudiantes", que otra vez otorga a España un puesto mediocre en una clasificación internacional que evalúa el nivel académico de los alumnos. No es una buena noticia, porque los planes de estudio no mejoran ni bajo el gobierno del PSOE ni bajo el del PP. Es una muy mala noticia, porque refleja en España la transferencia de la competencia educativa a los diferentes regímenes autonómicos, lo que convierte la educación en España en un rompecabezas de difícil construcción en el que las diferencias de doctrina, calidad y rendimiento colegial acentúan la ya precaria división social española. Y es una pésima noticia, porque las víctimas son siempre los jóvenes, quienes siguen padeciendo planes de estudio que siembran el vacío humanista y científico en lugar de inculcar una formación sólida e íntegra que les capacite no sólo para una profesión sino, en especial, para la vida. Los jóvenes españoles no son mejores ni peores que los de hace años, y continúan requiriendo una instrucción intelectual y volitiva que les guíe en un mundo que evoluciona hacia cotas casi insostenibles de materialismo y tecnocracia y en el que faltan el humanismo, la ética y la estética.

Los alumnos españoles no se merecen el caos académico y cultural con el que el PSOE y el PP alienan España desde hace casi cinco lustros, y la sociedad española sigue sin tener un plan educativo útil en la mejor forja intelectual y personal de sus estudiantes. Y, peor aún, por la incapacidad del PP y del PSOE para lograr un pacto de Estado para la Educación no se ha conseguido en España una estructura académica fija que garantice una educación homogénea y mejorable cada curso desde una base estable de conocimientos científicos y humanistas, al tiempo que se ha supeditado la formación estudiantil a las veleidades de los gobiernos autonómicos. Asimismo, cada legislatura los jóvenes españoles son obligados a danzar al ritmo de distintos planes de estudio en un baile de asignaturas troncales, secundarias o complementarias. La autoridad moral y real de los profesores está en absoluto descrédito y desprestigio. Se invierte de forma insuficiente en recursos materiales que no se rentabilizan intelectualmente. El fracaso escolar mantiene cifras elevadas, y persiste el desánimo de los adolescentes al afrontar estudios superiores. Los usos y modelos sociales, la televisión y los medios bombardean a los jóvenes con pseudolíderes y conductas que personalizan lo peor de la dictadura de la necedad en que se ha convertido el teatro que es la sociedad española. Y las competencias educativas en las autonomías han pergeñado un puzzle académico con algunas regiones españolas -destaca el informa PISA de este año 2007- con frutos positivos y otras desastrosos, mas siempre con resultados escolares fragmentarios y con frecuencia separatistas e ideologizados, que inutilizan el principio constitucional del derecho a la mejor educación de cualquier estudiante español con independencia de donde radique su domicilio.

Esta incultura académica, social, comunicacional y humanista que amenaza nuestra democracia, porque siempre la ignorancia abona dictaduras y fanatismos de derecha y de izquierda, es un objetivo prioritario que deben valorar los votantes en las próximas elecciones generales en España. Porque sea quien sea el próximo Gobierno de España, su Presidente ha de lograr un pacto de Estado con su principal adversario político para liberar los planes de estudio de vasallajes autonómicos y nacionalistas, dogmatismos laicistas (de derechas y de izquierdas) y radicalismos modales, y garantizar con una mayoría estable tanto el regreso de las competencias educativas al Gobierno de la Nación como la uniformidad de las disciplinas y contenidos escolares allende intereses ideológicos, políticos y demagógicos. Los alumnos españoles tienen el derecho a una formación científica y humanista que integre los valores comunes democráticos en un sistema educativo útil y perenne, al margen de nacionalismos y de contingencias partidistas, fruto del consenso político y social y con el mérito de ser definitivo cultural e intelectualmente por muchas generaciones. Cualquier otro resultado supondrá una derrota donde los más perjudicados serán los jóvenes alumnos, y no sólo por los fallos reflejados en un informe como el PISA sino por seguir siendo manipulados por unos políticos (nacionalistas y nacionales, del PP y del PSOE) que alienan en aras de sus intereses la cultura de los estudiantes de España, cercenando su criterio e impidiéndoles aprender a amar la belleza de la verdadera libertad: la virtud que nace de la sabiduría. Los alumnos españoles no se merecen el caos académico y cultural con el que el PSOE y el PP alienan España desde hace casi cinco lustros

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