Fondos de Gadafi para reconstruir Libia

Fondos de Gadafi para reconstruir Libia

Las potencias mundiales acuerdan entregar a los rebeldes los 100.000 millones de euros congelados al régimen

IÑAKI CASTROCORRESPONSAL EN BRUSELAS

La nueva Libia se empezó a levantar ayer en un día cargado de simbolismo para Muamar Gadafi. El 1 de septiembre de 1969 el entonces joven capitán entraba triunfante en Trípoli para tomar las riendas de su país. Justo 42 años después, la oposición libia y la comunidad internacional escenificaron en París el inicio de la era posgadafista. En una cumbre copresidida por Francia y Reino Unido, los dos líderes de la misión militar contra el dictador, las sesenta delegaciones presentes acordaron desbloquear los 100.000 millones de euros del régimen congelados en todo el mundo.

La espectacular cantidad, procedente en gran medida de los beneficios del petróleo y el gas, fue bloqueada por la comunidad internacional como medida de presión para desgastar a Gadafi. Los fondos se encuentran diseminados por todo el planeta, aunque solo en EE UU se inmovilizaron alrededor de 24.000 millones. "Nos hemos comprometido a devolver a los libios el dinero del ayer para construir el mañana", proclamó Nicolas Sarkozy tras algo más de tres horas de encuentro en el Palacio del Elíseo.

Aunque el dinero no llegará de golpe a Trípoli, el Consejo Nacional de Transición (CNT) ha pedido en varias ocasiones su devolución para poder hacer frente a las necesidades más urgentes.

Los responsables del Gobierno sublevado no solo pretenden comprar comida y medicamentos, sino asegurar la estabilidad del país. Para ello, quieren volver a pagar los sueldos a funcionarios y policías cuanto antes. "No podemos permitirnos un Estado fallido en las fronteras europeas", subrayó David Cameron, que compareció junto a Sarkozy y los dirigentes del CNT.

La otra gran decisión adoptada en la cumbre también pretende apuntalar la estabilidad una vez derrocado Gadafi. El presidente francés reclamó al Consejo de Transición que en su camino para desarrollar un sistema democrático no olviden a los seguidores del dictador. "No puede conseguirse nada sin paz y perdón", aseveró en referencia al riesgo de que el conflicto pueda enquistarse. A diferencia de lo sucedido en Irak, los rebeldes libios no llevarán a cabo una purga a todos los niveles en la Administración, lo que paralizaría el país y dispararía la tensión en las calles.

Nadie quiso referirse explícitamente a las lecciones del golfo Pérsico y Afganistán, pero el fantasma de ambos conflictos sobrevoló el encuentro. "Ganar una guerra no ofrece ninguna garantía de que se haya ganado la paz. Lo que ocurra en los próximos días es crítico", advirtió Hillary Clinton. La secretaria de Estado norteamericana, que llegó al Elíseo dando un paseo, también pidió al CNT que se vuelque en la reconciliación con los seguidores de Gadafi. "El trabajo no acaba con el fin del régimen opresor", remarcó.

"Ni un día más"

Aunque la intervención militar ya se ha dado casi por terminada, los asistentes a la cumbre optaron por no bajar la guardia. La OTAN, que lidera las operaciones, mantendrá sus ataques "mientras Gadafi represente una amenaza para los libios". El organismo militar ha centrado sus bombardeos en los últimos días en Sirte -localidad natal del dictador- y otros bastiones que todavía le son fieles. El secretario general de la Alianza, Anders Fogh Rasmussen, recordó que "la guerra no ha terminado todavía". "Estamos dispuestos a seguir con las operaciones el tiempo que haga falta, pero tampoco queremos permanecer ni un día más de lo necesario", agregó.

Tanto Sarkozy como Cameron agradecieron efusivamente su implicación en la misión militar a Catar, Emiratos Árabes y Jordania. "Esto nunca ha sido una confrontación entre Oriente y Occidente", proclamó el líder galo antes de asegurar que lo que estaba en juego en Libia son "valores universales". "Se trataba de evitar que la población fuera masacrada por sus líderes", puntualizó.

El presidente galo convocó la reunión bajo el nombre de 'Amigos de Libia' y con el perfil de una conferencia de donantes para respaldar la reconstrucción del país. El nuevo formato, que arrincona la fórmula del Grupo de Contacto acuñada para las citas de los socios implicados en la intervención militar, permitió que se sumaran nuevas potencias como Rusia y China. Aunque no vetaron en la ONU la misión militar, los dos gigantes rechazaron desde el principio romper drásticamente con el régimen gadafista.

Moscú aprovechó la cumbre para acercarse a los rebeldes en un intento por mantener su influencia y negocios en el país. Tras avalar su apuesta por un sistema democrático, el Kremlin reconoció la legitimidad del Consejo de Transición. China rechazó ir tan lejos, aunque empieza a dar signos de que no tardará en cambiar de idea. Antes de que estallara el conflicto, alrededor de 35.000 chinos trabajaban en los multimillonarios proyectos encabezados por el Gran Dragón. El gran ausente de la cita fue Sudáfrica, que tampoco ha respaldado a los rebeldes. Su presidente, Jacob Zuma, cree que los bombardeos de la OTAN han sido excesivos.

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