El CDS, el último cartucho de Suárez

El abrazo de Suárez y González. / C. Barroso/
El abrazo de Suárez y González. / C. Barroso

En 1982 dejó la UCD y creó la formación de centro que llegó a ser la tercera fuerza del Congreso

MAGIS IGLESIASMADRID

La fundación del CDS supuso la última aventura política de Adolfo Suárez. En 1982, el expresidente del Gobierno abandonó la UCD y creó un nuevo partido con el que se presentó a las elecciones, acompañado por un puñado de leales. Prácticamente, de la noche a la mañana, pasó de liderar el primer partido del país a presidir una formación política con solo dos diputados en el Congreso: él y Agustín Rodríguez Sahagún.

600.000 votos bendijeron el nuevo proyecto político nacido para ocupar el espacio de la UCD con la que todavía convive una legislatura porque los centristas, con Landelino Lavilla al frente, obtienen 11 escaños. Mientras languidece el partido primigenio se fortalece el de nuevo cuño y en las elecciones de 1986 el CDS se enseñorea del espacio de centro en solitario.

Bastó la tarea de oposición de los dos diputados del nuevo partido centrista -que sobreviven integrados en el grupo mixto- para que el caudal de votos se incrementara de forma llamativa. En el 86, el CDS obtuvo un gran éxito y con 19 escaños se convirtió en la tercera fuerza política.

Un año después, dio el salto definitivo en las elecciones municipales y autonómicas. Consigue representación en 13 Parlamentos autonómicos, 6.000 concejales y 684 alcaldes. En enero de 1988, ingresa en la Internacional Liberal que cambia su nombre para convertirse en la Internacional Liberal y Progresista a exigencias del CDS y Adolfo Suárez es elegido su presidente.

Este caudal de votos inyecta nuevas energías al ambicioso político de Cebreros que empieza a acariciar la idea de volver al palacio de La Moncloa y de convertirse en el primer duque que es aupado por las urnas a la Presidencia del Gobierno.

En esta etapa dorada de la nueva formación centrista, pacta con el partido de Fraga -sometido a tensiones sucesorias- y gobierna con Alianza Popular en ayuntamientos y autonomías. De hecho, el CDS a finales del 88, se alía con AP para hacerse con la alcaldía de Madrid que ocupa Agustín Rodríguez Sahagún. Además, conforma con la derecha una coalición en Castilla y León para hacer presidente a José María Aznar quien, a la larga, acabaría por desalojar del panorama político al partido de Suárez.

Partido bisagra y giro hacia el PSOE

La unión de todo el centro derecha bajo las siglas del nuevo PP se convierte en el objetivo prioritario de Aznar candidato, que se se propuso arrebatar el marchamo centrista al CDS de Suárez. "Nos sentimos herederos de la UCD", proclamó el dirigente popular con descaro mientras contemplaba complacido el desmoronamiento del CDS.

Los de Suárez celebraron un congreso en Torremolinos, en febrero del 90, donde decidieron virar hacia el PSOE para impedir el avance de la derecha y anunciaron su vocación de partido bisagra. Los socialistas de Felipe González intentaron ayudarles a frenar el ímpetu de la nueva derecha e incluso pretendieron, aunque sin conseguirlo, reformar la Ley Electoral para facilitar la consolidación del CDS como socio imprescindible de las mayorías gubernamentales.

El estrepitoso fracaso de las elecciones de 1991 -que apuntaron por vez primera el crecimiento del voto urbano del PP- precipitó la dimisión de Adolfo Suárez y abrió la espita de una nueva fuga de dirigentes centristas hacia el partido de Aznar. Este viaje hacia el centro popular culminaría en los primeros meses de 2006 con la desaparición total del CDS y la plena integración de sus últimos 54 concejales y 3000 afiliados en el PP de Mariano Rajoy. Suárez nunca regresó al escenario político después de quemar su último cartucho.

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