«Debió de engancharle la cazadora el eje de la turbina y le arrastró detrás»

MInicentral de Udalla/Abel Verano
MInicentral de Udalla / Abel Verano

José Santisteban falleció ayer en la central hidroeléctrica de Udalla, donde su cuñado le encontró muerto atrapado por el generador

TEODORO SAN JOSÉSantander

«El pobre... seguro que ni se ha enterado... no ha sufrido... eso va a una velocidad tremenda...». Javier Setién hablaba con calma, pero compungido y afectado, sobre las circunstancias que debieron rodear la muerte de su cuñado, José Santisteban, al que al mediodía de ayer encontró arrollado por la turbina de la central hidroeléctrica de Udalla. José trabajaba en esta instalación en labores de mantenimiento, y en esas tareas debía hallarse ayer cuando encontró la muerte.

José Santisteban, de 57 años y natural de El Astillero, llevaba año y medio trabajando en la central de Udalla, que pertenece a la Confederación Hidrográfica del Cantábrico. Precisamente comenzó a trabajar allí cuando su cuñado, Javier Setién, se jubiló después de pasar los anteriores catorce años ocupándose del mantenimiento de aquella central hidroeléctrica. Quizá por ello, por conocer de primera mano el funcionamiento de la instalación, Javier Setién se hace una idea cabal de lo que pudo suceder ayer por la mañana en el interior de la instalación.

«José se encargaba del mantenimiento. Fue a apretar unos tornillos y al pasar junto al motor el eje de la turbina debió de engancharle el cordón y la chaqueta de trabajo y le arrastró detrás para dentro», relata Javier. «Aquello va muy rápido, mucho. Y seguro que antes de que el eje diera una vuelta entera ya le mató», dice con la seguridad de conocer la potencia de la turbina, que aunque se trata de una pequeña central, es capaz de generar 120 kilovatios a la hora. «Es una turbina enorme que gira a gran velocidad», explica para conjeturar que su cuñado no tuvo tiempo ni opción para nada una vez atrapado por el generador.

La víctima, de 57 años, se ocupaba de las tareas de mantenimientode la instalación

Él fue el primero en entrar a la central tras producirse el accidente y, por tanto, quien descubrió la trágica escena. Antes, a primera hora, se había desplazado hasta El Astillero para buscar a su hermana y mujer de José, hicieron unas compras y al regreso hacia su casa de Udalla se desviaron por la central. ‘Vamos a ver a José’, dijo a su hermana, pues a lo largo de la mañana le había saltado al móvil «un aviso de que se había parado la turbina. Le llamé por teléfono, pero como allí dentro no hay cobertura tampoco di más importancia».

Una vez en el exterior de la central se escuchaba un ruido extraño, una especie de ‘rac rac’ que, por su experiencia en aquellas labores, él achacó a una posible avería en los rodamientos. «Cuando entré le vi ahí, a un costado de la turbina y con la ropa enredada. Tiré de él para sacarle. Su cuerpo estaba frío. Debía llevar ya un tiempo muerto». Inmediatamente salió corriendo, gritando, se lo comunicó a su hermana y llamó a Emergencias. Al poco llegaron bomberos del servicio autonómico, sanitarios del 061, a miembros de la Guardia Civil y efectivos de la Inspección de Trabajo.

El fallecimiento de José Santisteban, por desgracia, no es el primero por accidente laboral del año que se produce en Cantabria. En enero, un hombre de 38 años falleció a consecuencia de la caída desde el tejado de una nave que estaba reparando en el polígono industrial de Raos, en Camargo. La siniestralidad laboral lleva aumentando en Cantabria desde 2014. En el balance del último año del Instituto Cántabro de Seguridad y Salud en el Trabajo (Icasst) constaban doce fallecidos, el triple que el ejercicio anterior.

 

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