Caracoles a la carrera en San Mateo de Buelna

Caracoles a la carrera en San Mateo de Buelna
Nacho Cavia

Más de 320 participantes participan en una edición tan reñida como divertida

Nacho Cavia
NACHO CAVIALos Corrales de Buelna

Cual alma que lleva el diablo, los caracoles no corren, vuelan en San Mateo de Buelna. Lejos de su mala fama de lentos y pesados, sobre el circuito preparado para la ocasión arrasan. Es cierto que no se baten records, en todo caso de participación, pero la algarabía con la que se viven las carreras es de Fórmula 1. La décimo sexta edición se la llevó el caracol de Lucía Añívarro, en segundo lugar quedó el de Elena González y en tercer lugar el de Javier Manjón.

La prueba gana adeptos cada año, como demostraron los 326 participantes, especialmente niños, que ejercieron ayer de jefes de escudería, mimando a los pilotos y sus carrocerías. Porque para ganar hay que cuidar a los verdaderos protagonistas, mimarlos y tenerlos no entre algodones, sino entre lechugas fresquitas para estar a punto en el momento de la verdad.

Y como en todas las carreras, los jefes de las escuderías ganadoras fueron agasajados al término de cada ronda, aunque a sus pilotos poco les importó, porque, en realidad, la carrera es puro instinto y la velocidad para ellos, una forma de dejar de estar en el punto de mira, por si al final hay una cazuela esperando. Nada más lejos de la realidad, porque la organización se asegura de que cada caracol vuelva a su hábitat natural.

Este miércoles, como es ya habitual, la cancha de San Mateo se llenó con las más de 300 personas que asistieron a la décimo sexta edición de la Carrera de Caracoles, prácticamente todas con su caracol en mano.

La primera manga clasificatoria reunió en cada una de las ocho pistas circulares a una veintena de participantes. Dos rondas para determinar los elegidos. De ahí a una pista especial, de mayor radio, diseñada para la finalísima. Un circuito en el que se marcaron dos circunferencias. Una en el centro, la de la expectación, desde la que los caracoles tomaron la salida. La otra, la meta, la del éxito, en el extremo de ese circuito, todo el bien húmedo para facilitar la carrera.

Nacho Cavia

Los caracoles, conscientes de su responsabilidad, no se hicieron esperar en ninguna de las tandas. En poco menos de una hora concluyeron las semifinales y la final, ante el asombro de los presentes.

No parecía que les pesara ni la responsabilidad ni la concha, ni que les asustara el público. Ni siquiera se puede decir que fueran lentos, haciendo honor a su especie. No. Había que estar pendientes de la llegada porque todo resultaba muy rápido.

A ojo vista, el ganador final no tenía nada especial, si no fuera porque había demostrado su destreza en cuantas tandas disputó. Un caracol, ni muy grande ni muy pequeño. Pero con una gran cualidad, hizo feliz a su dueño. Y eso era lo importante. Con regalos para todos, la felicidad tuvo podio para todos los participantes.