La romería montañesa de Cohicillos demuestra el tirón de San Cipriano

La romería montañesa de Cohicillos demuestra el tirón de San Cipriano
Sane

Centenares de devotos participan en esta Fiesta de Interés Turístico Regional

Nacho Cavia
NACHO CAVIACartes

San Cipriano ejerció hoy de patrón de la romería montañesa, demostrando su tirón al congregar a centenares de romeros deseosos de disfrutar de una jornada marcada por el pito y tambor en la pradera alta de Cohicillos, en la que se dejó ver una más que nutrida presencia institucional. Después de un Día de las Albarcas esplendido, los cielos volvieron a amenazar lluvia a primeras horas del domingo, como había sucedido en los tres últimos años. Pero el día aguantó, reuniendo a más devotos incluso de lo esperado, dispuestos a perpetuar una celebración catalogada como Fiesta de Interés Turístico Regional.

Como ya es habitual no le faltó al Santo una buena escolta, romeros de toda edad, sexo y condición, igualados por el pañuelo al cuello. Entre ellos, el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, el delegado del Gobierno, Pablo Zuloaga, el consejero de Educación, Cultura y Deportes, Francisco Fernández Mañanes, diputados, alcaldes y concejales de varias corporaciones vecinas. Junto a ellos se vio al alcalde de la villa anfitriona, Agustín Molleda, y a buena parte de su Corporación, junto a la comisión organizadora, vecinos de Cohicillos arriba y abajo para que nada se saliera del guion.

Policía Local, Guardia Civil, Urgencias y Protección Civil dieron cobertura a los romeros llegados desde Torrelavega, de Los Corrales de Buelna, de Iguña, Cabezón o Puente San Miguel, Reocín, Polanco o Mazcuerras.

Agua y rosquillas

A las doce menos diez el Santo Patrón tocó suelo en su ermita y la Misa Solemne dio paso a la romería. Eso sí, a la llegada a lo alto el cansancio se notó y hubo que guardar fila, como siempre, para aprovechar el agua fresca de una fuente que forma parte de la tradición. Los 12 caños a pleno rendimiento no daban abasto. Como siempre, fue parada imprescindible y alivio para los cientos de personas que participaron en la jornada. Se bebió de la fuente y, para no dejar ningún cabo suelto en la tradición, se cortaron ramas de avellano para ensartar las no menos tradicionales rosquillas de San Cipriano.

Y así, entre comida de campo, buscando cualquier resguardo, bocadillos, botas de buen vino y cánticos de la tierra, se fue pasando la mañana. «Una romería de las que apenas quedan ya, una fiesta a preservar y difundir», decía el alcalde, empeñado en su campaña por demostrar que San Cipriano no tiene por qué quedarse en la categoría regional, que es un Santo Patrón con tirón nacional.

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