Las joyas eclesiásticas del Valle

La evolución histórica de Camargo ha quedado reflejada en una más que variada arquitectura religiosa a base de iglesias, ermitas y santuarios de gran valor

La iglesia y necrópolis de San Pedro, en Escobedo, es uno de los templos más ricos del Valle. /Roberto Ruiz
La iglesia y necrópolis de San Pedro, en Escobedo, es uno de los templos más ricos del Valle. / Roberto Ruiz
María Causo
MARÍA CAUSOCamargo

La historia y evolución del valle de Camargo no se puede entender sin incluir su arquitectura religiosa. El patrimonio religioso del municipio es amplísimo y tiene auténticos tesoros, sobre todo, de la época barroca y medieval. Sin embargo, el único ejemplo de románico del Valle son los restos de la iglesia de San Juan Bautista, ubicada en el Alto Maliaño.

Este edificio se ha constituido como uno de los símbolos históricos del Camargo. Se construyó por orden de Juan de Herrera, que lo dejó escrito en su testamento (fechado en 1584), dónde expresó claramente su deseo de ser enterrado en esta iglesia junto a otros miembros de su familia. Está hecha de piedra de Trasmiera y de Escobedo, bajo el patrocinio de Pedro de Liermo, con la intención de ser un lugar de culto y a la vez alojar en ella los restos de su tío, Juan de Herrera, matemático y arquitecto del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y creador del estilo arquitectónico 'herreriano'.

El templo consta, en su cuerpo principal, de una torre de dos pisos acompañada de dos calderas y un borde con ocho más mientras que, en la parte de atrás, se puede observar la cruz de Santiago y justo encima, un yelmo adornado por plumas. Además, en una de sus fachadas, tiene el escudo de armas de la familia Herrera.

La fiesta de la Virgen del Carmen de Revilla fue declarada fiesta de Interés Cultural en 2003.
La fiesta de la Virgen del Carmen de Revilla fue declarada fiesta de Interés Cultural en 2003.

El resto de edificios religiosos ofrecen un recorrido por la arquitectura rural cántabra de la Edad Moderna. Hay pinceladas del tardo-gótico en la ermita de San Pantaleón, aunque pronto se extenderá por todo el valle estilo renacentista, que puede verse en los templos de Santa Eulalia de Igollo, San Pedro ad vincula de Cacicedo o San Miguel de la Calva de Revilla.

Precisamente, la de Pantaleón fue construida entre principios del siglo XVI y finales del XVII con piedra de sillería procedente de las canteras cercanas. En sus inicios, se constituyó como iglesia pero, tras la Guerra Civil, se reconvirtió en ermita debido al despoblamiento de la zona. El templo, de planta rectangular, presenta en el lado norte de la nave central una puerta de estilo clasicista fechada en 1653 que da acceso a la nave de la iglesia y que se sitúa junto a una ventana abalaustrada.

Anexa a uno de los lados, se pueden ver los restos de un arco de entrada y una torre defensiva y habitacional. Dicha torre se destruyó durante la Guerra Civil por un bombardeo y, por ello, solo se conserva un trozo del arco clasicista y una pared del lado derecho.

Clasicismo

El momento más clasicista de este periodo queda reflejado en la iglesia de San Julián de Herrera. Se trata de un edificio, construido entre 1656 y 1662, de planta rectangular, con una sola nave cubierta por una bóveda de cañón con lunetas y cúpula muy rebajada sobre pechinas, en el crucero. Posee además sacristía y espadaña. Igualmente, consta de dos capillas laterales, una en la Epístola y la otra en el lado del Evangelio. En su fachada, aparecen los escudos de la familia Herrera, a la cual pertenecía el fundador de la iglesia.

Más adelante, la bonanza económica que durante el barroco se reflejó en la arquitectura civil, llegó a las parroquias en forma de mejoras y reformas que afectaron a casi todas las iglesias, especialmente la de San Pedro de Escobedo, construida entre los siglos XVI y XVII. La iglesia fue levantada sobre los restos de un templo del siglo IX y cuenta con una espectacular puerta barroca y una torre campanario de planta cuadrada. En su interior, posee un ábside de principios del siglo XVI, pinturas murales y, en su altar mayor, se encuentra un retablo barroco de la segunda mitad del siglo XVI.

La ermita de San Pantaléon es una joya del tardo-gótico en Cantabria.
La ermita de San Pantaléon es una joya del tardo-gótico en Cantabria. / Daniel Pedriza

Ya en 1992, se descubrió una necrópolis de origen medieval en las inmediaciones de la parroquia, que fue excavada en años posteriores. Esta necrópolis se compone de tumbas de lajas que van desde el siglo VIII hasta el siglo XII. En su interior se descubrieron más de 80 sepulturas, consideradas de las más antiguas encontradas en la región. También se recuperaron numerosos materiales y objetos de cerámica y metal y, por ello, fue declarada Bien de Interés Cultural en el año 2003 con categoría de Zona Arqueológica.

Por último, pero no menos importante, está el Santuario de la Virgen del Carmen de Revilla, que data del siglo XVII. Precisamente, esta virgen es la actual patrona del valle de Camargo y también de las gentes de la mar. Esta iglesia ha conocido multitud de ampliaciones entre los siglos XVII y XVIII. De hecho, su interior también fue restaurado después de un incendio ocurrido en los años sesenta del pasado siglo. Es uno de los templos más importantes para Camargo y para toda Cantabria porque Revilla fue la primera población en venerar a La Virgen del Carmen. El templo se construyó para sustituir a una vieja ermita, gracias a la iniciativa y apoyo de Fray Antonio de San Miguel, Obispo de Micheacan (México), nacido en Revilla en 1726.

Aunque es patrona de Camargo desde 1913, hay documentación que apunta a que pudo ser patrona de toda Cantabria mucho antes. La fiesta de la Virgen del Carmen fue declarada de interés regional en 2003 por la devoción y por la cantidad de fieles que se desplazan esa noche a venerar a la santa procedentes de todos los puntos de la región.

 

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