El albergue 'El Montero' de Soto fue casa de reposo hasta 1972

La casa de reposo de Solvay, el actual albergue 'El Montero' de Soto, en el año 1962./Solvay
La casa de reposo de Solvay, el actual albergue 'El Montero' de Soto, en el año 1962. / Solvay

La empresa Solvay puso en funcionamiento el edificio en 1929, una instalación que fue adquirida 43 años más tarde por el campurriano Nicanor Gutiérrez

JOSÉ LUIS SARDINASoto

Es improbable pensar que, hace más de un siglo, una empresa de nuestra región introdujera la jornada laboral de 8 horas para sus empleados, las prestaciones por enfermedad, vacaciones pagadas con una paga doble para todos, seguro de enfermedad o la preocupación por los temas sociales. La empresa torrelaveguense Solvay, lo desarrolló tanto que, en el año 1929 construyó una casa de reposo para que se recuperasen sus trabajadores en Soto, localidad de la Hermandad de Campoo de Suso y, una colonia escolar en Espinilla, para sus hijos.

Dos vecinos de Espinilla, el matrimonio formado por Hipólito Cayón López y Esperanza Díaz Martínez, recuerdan aquellos años como empleados en la casa de reposo de Soto. Esperanza, junto con Isabel, María y Diamina, todas ellas de este municipio, realizaron durante muchos años labores de doncellas y cocineras. «Lo que no tuvimos en nuestras casas hasta muchos años más tarde, lo teníamos allí, calefacción y agua caliente».

«Era una casa de reposo de categoría, como un hotel», apostilla Esperanza. Mientras tanto, a su marido le tocaron las labores de jardinero y encargado del suministro del campamento infantil que se realizaba prácticamente a diario. «Para ello nos hicimos con una yegua. Un día se escapó y tuve que ir andando hasta Pujayo dónde la había comprado».

Además de la casa de reposo Solvay organizó en Espinilla una colonia escolar de verano

En el siglo pasado uno de los mayores problemas de salud fue la tuberculosis. Los tratamientos para las enfermedades pulmonares se combinaban con el reposo en espacios de montaña y la sobrealimentación para fortalecer a los convalecientes. La cura habitual para los enfermos cántabros con problemas respiratorios fue realizar estancias en Castilla, por sus condiciones climáticas. Siguiendo las teorías de varios doctores que propusieron la comarca campurriana como lugar idóneo para estos tratamientos, la empresa Solvay puso en práctica, a través de su fundación, una iniciativa filantrópica, en 1929, construyendo una casa de reposo para sus empleados en Soto.

Hipólito Cayón lleva a varios niños al campamento.
Hipólito Cayón lleva a varios niños al campamento. / Solvay

El proyecto de remodelación del inmueble recayó en el arquitecto santanderino Valentín Ramón Lavín. Este arquitecto realizó también varias obras en la comarca como el Hotel del Balneario de Corconte y el edificio del Banco de Santander en Reinosa. Asimismo, construyó varias escuelas públicas en la ciudad y también en Campoo de Enmedio. El coste de este centro ascendió a la cantidad de 177.543 pesetas. Desglosado, se pagó 1.085 pesetas por el terreno; la vivienda-residencia, 170.649; y el almacén con el garaje 5.809 pesetas.

El diseño del primer edificio (entre 1931 y 1935), pues años más tarde se ampliaría -recuerda Hipólito-, conservándose su estructura en la actualidad, fue rectangular con planta baja, más dos pisos y rodeado de un espacio ajardinado, «en el que yo trabajé años más tarde». La fachada del sur presentaba un soportal con pies derechos de madera sobre los que se desarrollaban dos galerías corridas de madera superpuestas con amplios ventanales para garantizar la ventilación y luminosidad del interior. En la planta baja se situaban, el comedor y la cocina. En los dos pisos superiores, se encontraban las habitaciones, con duchas y servicios comunes con calefacción y agua corriente. «Además, la casa disponía de un botiquín, mientras que en la buhardilla estaban las habitaciones dobles donde nos quedábamos las empleadas», apunta Esperanza.

En el año 1931 Solvay constituye una Colonia de Verano en Espinilla y, más concretamente, en el monte conocido como la Dehesa para que los hijos e hijas de sus obreros y empleados disfrutasen de unas agradables vacaciones en contacto con el aire libre.

Este campamento en términos generales estaba equipado, con un determinado número de pequeñas tiendas de lona, dentro de las cuales destacaban dos, de mayor extensión que las demás dedicadas a comedor y cocina. Tres o cuatro años más tarde, apunta Hipólito, la fábrica construye una pequeña edificación que se destina a cocina.

Las obras de ampliación de este centro de convalecencia se inauguraron en el verano de 1950, aumentando la capacidad de esta construcción con el añadido de un nuevo edificio dispuesto en escuadra, que duplicó el número de habitaciones. La casa de Soto ofrecía un saludable descanso y una rica dieta a los trabajadores de las instalaciones de Barreda.

«Nosotras atendíamos a unas trescientas personas al año. Obreros que presentaban un estado de salud frágil debido a la fatiga. El médico de Espinilla visitaba al menos una vez a la semana a los convalecientes. Normalmente, el periodo de recuperación oscilaba entre uno y dos meses». Las tareas de la casa, señala Esperanza, se distribuían entre las doncellas, que se ocupaban de la limpieza de las habitaciones, el servicio de comedor y otras labores como planchar o fregar los platos; la cocinera y una ayudante; y una fogonera al cuidado de la caldera y de la cuadra donde se criaban los cerdos.

Uno de los campamentos organizados por la fábrica de Barreda en Espinilla.
Uno de los campamentos organizados por la fábrica de Barreda en Espinilla. / Solvay

El abastecimiento de la residencia se hacía con productos locales. La leche recuerda Esperanza, se encargaba un vecino de Barrio. Ángel, «el lechero», nos traía el producto en dos marmitas cargadas en las alforjas de su caballo. La carne se la compraban a un carnicero de Espinilla, pero el pan que se consumía se amasaba en una vivienda de Soto y, algunos vecinos nos vendían pollos, gallinas, conejos y huevos.

Las solicitudes de estancia disminuyeron y, en 1964 se valoró la posibilidad de dar otro destino al edificio. Tres años más tarde Solvay decidió ofrecer a la Obra Sindical Educación y Descanso la casa de Soto para que fuese utilizada con fines sociales. Tras unos años de inactividad, el inmueble fue adquirido por Nicanor Gutiérrez, maestro de profesión y alcalde de la Hermandad de Campoo de Suso durante casi 30 años, transformándole en albergue en el año 1975, tras una reforma que se prolongó dos años.

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