«Siento que tengo una deuda con Valderredible»

«Siento que tengo una deuda con Valderredible»

José Luis Matesanz acaba de presentar su última novela, 'Inusitata Flammola', que se desarrolla en la localidad campurriana

Blanca Carbonell
BLANCA CARBONELLSantander

Valderredible es el escenario que ha elegido el escritor reinosano José Luis Matesanz para ambientar su última novela, 'Inusitata Flammola'. El autor presentó la que es su sexta obra el pasado viernes en La Casona de Reinosa.

-¿Qué va a encontrar el lector en 'Inusitata Flammola'?

-Teníamos dudas de si titular el libro en latín, 'Inusitata Flammola', o llamarlo 'Sorprendente Flammola'. El asunto es que Flammola, tanto el personaje de la novela como el personaje histórico, vivió en la Alta Edad Media, así que consideramos que el latín estaba bien. Flammola, el personaje de novela, nació en Valderredible. Por su parte, el personaje histórico, fue una condesa medieval del norte de Burgos. A partir de ahí he hilvanado la novela, en la que dos protagonistas del tiempo presente, Olga y Eli, amigas desde la infancia, intentan investigar sobre la vida, casi desconocida del personaje histórico de Flammola. Eso les lleva a Valderredible, intentando buscar su tumba.

«Siempre me impresionó la despoblación tan exagerada que hay en Valderredible»

-¿Cómo descubrió el personaje de Flammola?

-Yo siento que tengo una deuda de gratitud con Valderredible. Hace cuarenta años, al salir de la Universidad, mi primer trabajo fue en Valderredible, como médico rural. Estuve unos meses y de allí me llevé el cariño de la gente pero me pasaron absolutamente desapercibidos los tesoros arqueológicos, artísticos y los monumentos que tiene. Treinta años después un amigo me ayudó a descubrirlo y a partir de ahí, surgió la idea de buscar un personaje y ubicarlo en esa zona. Yo quería hacer algo sobre la edad media. Vi un día una fotografía de la iglesia de Quintanilla de las Viñas, que es una iglesia del Siglo VII. Me quedé impresionado de lo bonita que era y de la cantidad de misterios que parecía que tenía. Allí aparece el nombre de Flammola, y entonces decidí que sería mi protagonista. Luego, simplemente la hice nacer en Valderredible, mezclando la historia con la ficción.

-¿Cómo recuerda la vida de un médico rural en un lugar como Valderredible?

-Casi todos los recuerdos que tengo son agradables en cuanto al trato de la gente. Enseguida me integraron en la sociedad. Me invitaban a eventos como la matanza, hacíamos tertulias,... No eran exigentes, todo lo contrario, facilitaban la labor. Mi abuelo materno es de Valderredible y siempre me impresionó la despoblación tan exagerada ya en las últimas décadas de ese municipio. Si como consecuencia de esta y otras novelas resurgiera un poco el turismo permitiendo fijar población, sería estupendo.

-Todas las protagonistas de este libro son mujeres. ¿Ha sido complejo darle a la obra ese punto de vista femenino?

-Los que han leido mi obra me dicen que les gusta generalmente más a las chicas. A parte de Flammola, las otras dos protagonistas de la historia son del tiempo presente. Una es arqueóloga de vocación, trabaja siempre en precario, como interina; la otra es muy inteligente y es alta funcionaria de la Diputación de Valladolid. Se conocían porque habían estado internas estudiando en Aguilar de Campoo, antes de conocer Valderredible. A partir de ahí les da por investigar esa intrigante historia de esa condesa medieval. Cuenta un poco las peripecias personales entre las dos protagonistas. Tanto en la Edad Media como en el presente, en un mundo de hombres las mujeres se pueden aliar para intentar conseguir sus objetivos.

«Los que han leído mi obra me dicen que les gusta, generalmente más a las chicas»

-Aunque se considera novelista aficionado, es médico de profesión, desde que en 2009 publicara 'El insólito caso de Agapito Andrade', no ha dejado de escribir. ¿Cómo ha visto evolucionar su obra?

-Es que para mí escribir es adictivo. La verdad es que antes no había escrito nunca nada de ficción. Coincidió que en aquel momento tenía la idea de escribir algunos de los casos que tenía de enfermedades peculiares desde el punto de vista del paciente y de su familia, no desde el punto de vista médico. Así empecé y ya no he parado. En casi todas las obras hay algo médico. En esta, concretamente, hablamos de lo que era la fiebre de San Antón, que en la Edad Media diezmó la población en algunos lugares. Era una enfermedad muy aparatosa entonces que se debía al cornezuelo del centeno, que es un hongo que infectaba los cereales y que se extendió mucho a través del pan.

 

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