Los animales del Cantábrico

Traineras de pesca en plena regata de competición en el año 1885./Jesús Garay
Traineras de pesca en plena regata de competición en el año 1885. / Jesús Garay

Los calderones o arguajes eran el azote del pescador en Castro, ya que les destrozaban a dentelladas los aparejos con pesca

javier garay .
JAVIER GARAY .Castro Urdiales

Estar a caballo entre dos grandes abras o ensenadas como son las de Bilbao o el Nervión y la de Laredo o el Asón hicieron de los castreños grandes marinos y mejores pescadores si tenemos en cuenta que Castro, al no tener abras, tenía que desplazarse a estos lugares para ejercer la pesca a remo y vela ante la hostilidad de sus lugareños, que dio motivo a gravísimos enfrentamientos. Las abras son ricas en pescado, sobre todo bocarte y sardina y es aquí donde juega un papel importante los animales del Cantábrico. Hasta no hace mucho tiempo y no muy lejos de la costa del Cántabro mar se podían ver cachalotes, ballenas y orcas, en Castro les decimos, moscotes o tacotas, por su gran aleta dorsal, toínos o delfines, marsopas o señoritas, arguajes, calderones y taurones. Casi todos estos mamíferos marinos depredaban de esa gran masa de pesca que se encontraba en las abras y en sus cercanías y como la pesca de sardina y bocarte se desplazaba a una u otra abra según estuviese la mar, pues desde la atalaya se podían ver cómo cabalgaban sobre la superficie marina los animales quizás más inteligentes del planeta en busca de su manjar diario.

Los calderones, taurones o arguajes en Castro eran el azote del pescador ya que una vez cerrado el cerco y la pesca apresada, se acercaban estos depredadores y a dentelladas, destrozaban a bocados, los aparejos con pesca, con gran perjuicio para el pescador. Se pusieron de acuerdo los pescadores para llevar carabinas a bordo, pero visto los sucesos entre puertos de gravísimas consecuencias, se prohibió llevar armas a bordo y en compensación se embarcaron cohetes. Los cohetes cuando se acercaban los arguajes a comer la red hacían huir a los mamíferos como alma que lleva el diablo, pero pronto volvían, eran muy osados. Un día de buen tiempo y mucha pesca rondaban los arguajes a los que huyeron con docenas de cohetes, tanto es así que cuando vieron que salían pies en polvorosa, en este caso cola, hacia el norte atemorizados por el estruendo de los disparos, lo festejaron tirando los que le quedaban a bordo y cual no fue su sorpresa que volvieron y destrozaron todas las redes y los pescadores sin un cohete a bordo. Estos sucesos se repetían y se vino a nuestra costa de Cantabria el destructor Recalde para cañonearlos, pues eran tantos que los pescadores temían salir a pescar y perder la red. Tambien los delfines y toínos nos acompañaban a todos los rumbos, pero estos eran pacíficos para nosotros, encima, cuando rodeaban un cardumen de pesca, bien sardina o bocarte, largábamos la red y les quitábamos la presa, compensación marina, diría yo.

El toino abundaba en nuestras aguas y tenía como enemigo común a la orca, de las que huía despavorido ante su presencia. Hemos visto como los delfines salían disparados ante el acoso de las orcas y en el barco de pesca castreño Peñón de Santa vieron cómo ya en el aire un delfín que huía fue partido en dos por un moscote y la mitad del cuerpo salió volando, ante el estupor de los pescadores. El delfín, mal que nos pese es uno de los animales más depredadores de la mar, pues se alimenta tanto de sardinas, como de anchoas, papardón o relanzón, como de caballa y verdel, de pequeños atunes, de aves y calamares y, a veces, con sus dentelladas hieren a las marsopas o señoritas por su delicadeza para comer y ahuyentarlas del festín. La marsopa no tiene pico como el delfín y es delicada y asustadiza, vaya como el conejo de la mar que decimos y sus movimientos son muy bellos. El moscote es el terror de los mares, es el animal de presa más inteligente y temido en el mundo marino. Es veloz y se enfrenta a las ballenas, sean del tamaño que sean. Su tacota o aleta dorsal, es para otros seres marinos, como la aleta de los tiburones para los bañistas. Ante su presencia, el mundo marino se queda en silencio. Yo nunca los diría que son la ballena asesina, qué disparate salido de las vitrinas hollywoodienses, pues la orca no es ni ballena ni asesina, ya que las criaturas de la mar necesitan de otros para supervivir en una cadena interminable, ¿o es que las ballenas y cachalotes? Luis Miguel Helguera Perales, patrón de pesca del Nao Santa María, estuvo contemplando desde su barco la agonía de una gran ballena rorcual durante horas y cómo las orcas devoraban al mamífero que, para desembarazarse de tan feroces enemigos, giraba continuamente su mole, sacando a veces a sus enemigos fuera del agua prendidos con sus fauces y girando al ritmo de la ballena como molino de Quijote. No soltaron su presa hasta que la rindieron, dejando un gran charco rojo sobre las agitadas aguas marinas. Los arguajes o calderones eran unos mamíferos marinos capaces de acercarse a la costa casi a varar para comer bogas y otros peces pequeños como mubles, corcones y mojarras, a los que acosaban hasta varar, de ahí que estos mamíferos en su ímpetu de ataque sean los mamíferos de la mar que más se varan en las costas de todo el mundo. Jesús Albo Gainza y Eduardo Villar andando a la pesca de remos juntos los vieron en su juventud, allá por los años cuarenta del pasado siglo, entrar a varar en Urdiales, dándose un buen atracón de bogas, tanto en la darsena, donde está ahora el Poli, como después en los riscos de los hierros o punta de Estebanot. No muchos, pero aún se pueden ver estos mamíferos en la mar, pero muy lejos del horizonte ya que rompimos su equilibrio y no por pesca masiva, si no por contaminación, este es otro tema que trataremos.