Los boteros rastreros

Pedro Garay palmeando las redes en el año 1974. :/Jesús Garay
Pedro Garay palmeando las redes en el año 1974. : / Jesús Garay

Una de las razones por las que esta popular figura de la mar disfrutaba de pocos días de pesca eran aquellos trompones de botes que solo remarlos ya causaba pavor

javier garay .
JAVIER GARAY .Castro Urdiales

El botero hoy desaparecido como tal fue un pescador que se dedicaba a la pesca artesanal con pequeñas embarcaciones familiares, muy cerca de la costa y casi siempre elaborando él sus aparejos de pesca, incluso tejía las velas, las relingaba y entaringaba. Constituyeron una gran clase pesquera en el puerto y generaron junto a sus costumbres y pescas una serie de celos, envidias y discrepancias que los marginaron al papel de boteros rastreros, en clara alusión a su extrema pobreza por el escaso aporte económico a la Cofradía y a ese apartheid a los que le sometía la clase de bajura, que eran quienes tripulaban las lanchas mayores y se hacían a otras pescas tales como el besugo, la sardina o el bonito. La razón era que el botero disfrutaba pocos días de pesca con aquellos trompones de botes que solo remarlos causaba pavor. Alejarse de la costa era una osadía ya que eran botes de remo sin cubierta, incluso si tenían que echar la vela, se arriesgaban a capotar o zozobrar en cristiano. Pescaban poco y pocas veces, eran muy vigilados por la guardia de mar ya que no podían calar los aparejos cerca del puerto y eran acosados como auténticos piratas de la mar. Encima, hacían triquiñuelas con su escaso pescado para evadir impuestos. Por esto y otras muchísimas cosas eran realmente odiados, siendo la clase maldita del puerto.

Mis abuelos, padre y tíos fueron boteros y yo concretamente lo fui durante muchos años y tengo experiencias desagradables, aunque ya nos alejábamos más de la costa y practicábamos otras pescas muy necesarias para el mercado, ya que entonces no había casi pescaderías para surtir al público y el pescado de los boteros era comprado en la plaza para toda la comarca castreña. Esta etnia ancestral de pescadores artesanales pasaba sus experiencias de padres a hijos o hermanos. Eran, sobre todo, grupos familiares muy definidos y arraigados a sus pueblos y costumbres. Su vida mísera y sencilla se puede definir en esa frase tan mal sonante ya dicha que identifica completamente a los boteros y que los vaporistas o pescadores de bajura a veces despectivamente lanzaban: «botero rastrero», nos decían.

La embarcación más pequeña que siempre utilizó el pescador o botero en Castro Urdiales era un prototipo de embarcación de codaste que no tenía más de dos toneladas de arqueo y no llevaba más de dos o tres hombres y casi siempre de la familia, padres con hijos o hermanos. Se usaron -salvo modificaciones- hasta bien entrados los años sesenta del pasado siglo y los últimos boteros a remo fueron los Torres y Garay -registrados-. Se dedicaban sobre todo a sobrevivir por calas y ensenadas bien a las redes en verano y al anzuelo el resto del año a prácticas como el rochel y la pesca de cantil a pulso. Según el registro de Inscripción de Embarcaciones en Castro Urdiales 1873 dice asi de un bote de la época: «Bote de pesca San José de dos toneladas de la propiedad de Eustaquio Llamosas según atestiguaron Domingo Ansa, Mariano Portillo y Jacinto Ruiz todos de esta vecindad».

Los boteros crearon una gran clase pesquera en el puerto, generando celos, envidias y discrepancias

Embarcabas y entrabas en un mundo totalmente diferente al de bajura. Al bote, bajabas el farol, la cofa, tangarte remos, potala, estacha, velas y toda la clase de aparejos. Filásticas para los estrobos, las badanas para poner en la estropadura de los remos, ya que la isloba o tolete lo carcomía. Rebenque vergas tinas, baldes cubos raseros y porque se cuidaba muy mucho, ya que había mucha apropiación indebida no se dejaba nada al alcance de la mano, sobre todo los chichos que arrimaban el ascua a su sardina. Todo en el bote requería un arte.

El mismo botero era un gran marinero. De ellos dependía el día de pesca. Se acercaban a la atalaya para identificar la mar, el cielo y el horizonte y definir el día de pesca, si ir para el este, al oeste o quedarse en tierra. Eran los auténticos señores de la mar, eran los ancestrales, hombres de las cavernas que se atrevían con almadias al temeroso mar cántabro.

Esto lleva mucho contenido y el próximo número seguiremos porque el botero era el auténtico sabio de la mar. Él conocía las marcas, las corrientes, las mareas, los fenómenos atmosféricos, el comportamiento de la mar, de los peces y ponía orden y nombre a todas las cosas, creando un lenguaje propio como, por ejemplo: hoy los peces se reniegan con las aguas lertigas que tenemos o ábrete de la costa que hay murmujura. Esto es cuando hay olas fuertes y el rebote puede dañarlos. Hablaremos tambien de la bajura, que no por esto eran menos temerarios y menos sabios, pero era otro concepto de pesca y modos. La bajura casi siempre pescaba por la superficie y el botero en el fondo, por lo que se requería para una y otra pesca, barcos, aparejos, sistemas diferentes y otras experiencias entre pescadores porque no es lo mismo en casi ningún caso.

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