Los futbolistas de la mar

Imagen del colegio Barquín y el famoso equipo que ganó el partido./Jesús Garay
Imagen del colegio Barquín y el famoso equipo que ganó el partido. / Jesús Garay

La Liga Castreña de Fútbol era de nueve jugadores y los partidos suscitaban tanto interés como ahora el choque entre dos grandes

JAVIER GARAY

Corría el año de 1955 y se estaba dando unos de los encuentros de la Liga Castreña de Fútbol en el campo de los padres o Colegio Barquín. Yo, pequeñajo, me encontraba cerca de las líneas que delimitaban el campo de fútbol, donde se agolpaba la gente, molestando a veces a los jugadores en el saque de banda. Un chupinazo de punterón salió como un meteoro hacia donde yo me encontraba y como un proyectil me golpeó la barriga. Pocos minutos antes había comido en mi casa de la calle de la mar. Entonces, teníamos esa libertad de correr la calle desde los cuatro añitos.

Por esa época, los animales de dos patas no estaban a hacerla como ahora, tenían tanto miedo al castigo que incluso algunos, para ocultar su condición gay, llegaban a casarse por temor a represalias en la España franquista, en que el castigo era largo, duro y costoso. Bien que no recuerdo nada del pelotazo, solo que abrí los ojos y me encontré rodeado de gente y con la ropa humada de mis vómitos. Me dejaron sentado junto al frontón y allí escuche los gritos de gloria y los cánticos marineros, pues el equipo del Marina había ganado a los de la Avenida, uno de los equipos punteros. A los de la Marina los llamaban los sardinas, con tono despectivo, y a los de la Avenida, los gatos, pues eran muy felinos jugando.

La canción más o menos era así, pues son letras que se te quedan pegadas para siempre; «el equipo la sardina, run, run, run; se ha zampado a la Avenida, run, run, run; no ha hecho falta poner plato, run, run, run pues hemos zampado al gato, run, run, run». En esta liga de nueve jugadores había varios equipos, no los recuerdo a todos, pero estaba el Brazomar, la Avenida, el San Francisco, los Curillas, la Marina, un equipo de Urdiales, que daba patadas el aire al confundir el balón con las nubes y unos equipos más que se me pierden. Los partidos suscitaban tanto interés como ahora el choque entre dos grandes. El Colegio Barquín se llenaba completamente y los sacerdotes disfrutaban de lo lindo viendo a aquellos hombres asalvajados darle a un balón casi de hierro, mientras proferían graves ofensas a los contrarios.

Un chupinazo salió como un meteoro hacia donde mi y como un proyectil me dio en la barriga.

También recuerdo que casi terminado el partido, a Chiller, que era el portero, le estrellaron un balón en la cara y sangraba tan abundantemente por la nariz que faltando aún varios minutos por acabar y ganando la Marina por tres goles a cero, se decidió parar el partido con victoria para los marineros. Justo cuando me marchaba con mi amigo Miguel Ángel Cortizo, me llamó la señora de la fotografía, que creo es Helguera o Villanueva, no sé o tal vez los dos. Me dio una peseta y me invitó a fotografiarme con ellos para recuerdo de tan memorable victoria. Tengo buena memoria de ese día y siempre guardé el recuerdo de la fotografía.

Pasaron los años y cuando me dediqué a esto de escribir y a coleccionar fotos, recordé ese pasaje de un 1955 y me lancé a buscar la fotografía, pues quería ver a todos y reconocerme entre ellos. No hace muchos años llego la esperada fotografía en la que pude reconocerme, con la cara recortada y de perfil a la izquierda de la imagen. En la foto esta; Bisagra y su hija mayor, Marce, en brazos de ¿Julio Zaballa? el Sucio, Chiller, Urculo, Conejillo, Tueros, Matías el del Juzgado. Al fondo observa sonriente Federico Brasaola y un servidor mirando de perfil a mi héroe Chiller.