Naves, ballena y mar llana

El escudo de Castro Urdiales hace referencia al mundo de la caza al que se dedicaron los castreños en tiempos pasados

El puerto de Castro Urdiales en 1880./F. Fernando Hierro
El puerto de Castro Urdiales en 1880. / F. Fernando Hierro
JAVIER GARAYCastro Urdiales

La ballena en las armas de la villa no es un adorno heráldico de pretensiones injustificadas pues, entre las glorias de Castro, se distingue fuera de toda duda que en tiempos no tan remotos como pudiera creerse, formaba la ballena, parte del mundo de la pesca a la que los castreños se dedicaban con Reales Ordenanzas y delicados privilegios.

Esta es nuestra identidad, la que nos da la divisa puesta por la historia en nuestras armas: naves, ballena y mar llana. La caza de la ballena protagonizó un gran ejercicio marítimo y a la vez económico para las arcas de la cofradía de pescadores, para la Villa y, principalmente, para la construcción, sostenimiento y culto de nuestra catedral de Santa María. Alfonso VIII, impulsó el crecimiento de los puertos de la mar para dar caza a la ballena, adiestrar a los pescadores en tareas oceánicas y ser conocidos posteriormente como ‘señores de la mar’.

En Castro Urdiales se daban cita las naves balleneras del Cantábrico, para el «remate» -quien fuese el mejor postor se quedaba con la caza de las ballenas, bien las cercanas a puerto o las alejadas de la costa y dentro de las aguas castreñas- de la caza de ballenas. Esto consistía en conceder la exclusiva de la caza de la ballena en nuestro puerto.

Se hacía por la justicia y regimiento de la villa en la forma ordinaria de la «candela» -una subasta al fuego de una vela prendida, que comenzaba la subasta al encenderse y terminaba cuando se consumía- y por voz de pregonero, adjudicándose al mejor postor. Del arriendo se otorgaba la correspondiente escritura en la que la Villa era representada por el Procurador General del Cabildo de Navegantes y Mareantes del Santo Andrés.

En nombre de este cabildo y como delegado especial del Ayuntamiento, figuraban condiciones especiales para el «remate»: la de pagar una cantidad dada por cada ballena de 18 codos arriba que se cazase; la de pagar también por cada ballena, cuyo precio excediese de 100 ducados, la suma prefijada que había que distribuirse por terceras partes entre la Villa, el Cabildo de San Andrés y la Iglesia de Santa María y la de dar a las chalupas de Castro que concurriesen a la caza con tal de que acudieran bien armadas y provistas de correspondiente permiso.

Se dio caza a la ballena y se adiestró a los pescadores, conocidos como ‘señores de la mar’

La tercera parte de la utilidad obtenida, bien fuesen muchas o pocas las chalupas presentadas; y la de valerse, precisamente, de las calderas que tenía la fábrica de Santa María para freír y beneficiar la grasa -también llamada saín o aceite de ballena- pagando al cabildo parroquial la limosna de dos reales por cada barrica de esta sustancia que se obtuviese .

Aún se puede rescatar, en el bien ordenado archivo castreño, documentación para hacer un estudio entretenido de lo que fue en Castro la caza de la ballena.

También en el Archivo Histórico Provincial -leg.1706 -1554- se encuentra un legajo referente a esta práctica y a nuestro puerto ballenero: «Juan de la Rúa de Abaxo, López García, Juan Valmaseda, de Castro Urdiales dan poder a Gonzalo Landaverde de Bilbao para cobrar de Sancho Landaste, de Bilbao, los maravedíes que se le debían de la cuarta parte de 200 ducados que se nos debían, de una nao francesa que se vendió y Sancho compró, armadores que tenían parte en la armada que fizo con una nuestra nao que afletamos a Andrés de Armenche vecino de Motrico para la pesquería de las ballenas de Terranova».

El Archivo Histórico Provincial posee numerosos legajos sobre la caza de la ballena en Castro Urdiales que son realmente interesantísimos y algunos dados a conocer por Rafael González Echegaray en su libro Balleneros Cántabros.

El leg. 1722 del año 1640 habla de que: «Andrés de la Sierra, procurador del Cabildo de San Andrés y en nombre de su Villa, dan para la armazón del año que viene 1641, que es una costera que comenzara a correr el 4 de Octubre de 1640 y acabará por el año de 1641. Se toma a Muñategui, Bernoriquez, y Gorostiza para la armazón de las ballenas con estas condiciones: A Muñategui, Bernoriquez y Gorostiza, armadores de la pesquería de las ballenas de este dicho puerto, traerán 3 chalupas esquifadas con ocho hombres para cada una y sus talayeros y armas suficientes para matar las ballenas que parecieren a la vista del puerto de esta Villa y pagar al Cabildo, a la Villa y a Santa María lo acostumbrado».

A pesar de que el pasado ballenero ya no forma parte de la vida en la Villa, hoy en día existen varias voces en uso de nuestro pasado ballenero.

Un ejemplo es el «lardo», que es el gordo, la piel de la ballena, el tocino que se cocía en trozos, en grandes tinajas y del que salía el saín. Otro de los conceptos es el propio «saín», que es el aceite sacado del los lardos de la ballena cuando se cocía.

Por su parte, el «tosturrión» son los menudos, las fritangas de los deshechos de la ballena que todos se repartían, como una especie de premio; y el «tustus» es la carne que se aprovechaba de la cabeza de la ballena. Son palabras, historias y costumbres que conforman la identidad de esta villa marinera.

 

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